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Resulta vomitivo escuchar de tanto en tanto a alguno de los aduladores de Trump seguir postulándolo para el Nobel de la Paz. A estas alturas es evidente que enriquecer a su familia y a su corte íntima es la única de las finalidades de su estrategia de vaivén constante. Es complicado de precisar si el juego en Bolsa forma parte de la actividad lucrativa de los que le rodean, amparados en informaciones tan disruptivas que balancean los activos a golpe de titular chocante. La falsa crisis de Groenlandia sirvió para distraer de la terrible desestabilización de los Estados demócratas en su propio país. Pero el sábado a la tarde, de nuevo, otro manifestante fue asesinado a quemarropa en la calle de Minneapolis. Queda por ver la propia grabación de la víctima, que blandía su móvil en alto creyéndose protegido por la ley que defiende el derecho de manifestación. Pobre iluso, las tropas enmascaradas de Trump, que actúan como una guardia fascista, tienen una misión que cumplen a rajatabla: amedrentar a cualquier que aún esté dispuesto a salir a la calle a protestar contra la pérdida de libertades civiles que se está acometiendo en su país. Se llamaba Alex Pretti y es el último asesinado en este brutal retroceso democrático que viven los Estados Unidos. El miedo se ha apoderado de las calles. Misión cumplida.
Estados Unidos, el primer responsable histórico del cambio climático, consuma este 27 de enero su salida de la lucha climática internacional. A partir de este martes ya no forma parte del Acuerdo de París, el pacto firmado en 2015 en la capital francesa que marca la hoja de ruta contra el calentamiento global.

Podemos llamarlo devolución, restitución o reunificación, como hace Grecia para reclamar los mármoles dispersos de su Partenón saqueado, pero estamos hablando de lo mismo: la creciente demanda de reintegrar piezas robadas cuando nuestros imperios conquistaban el mundo. A Europa fueron a parar joyas icónicas como el busto de Nefertiti, el penacho de Moctezuma o los restos de un príncipe etíope. Y las miradas sobre el asunto van cambiando. Es lo que reflejan Catharine Titi y Katia Fach Gómez, ambas profesoras y juristas, en su interesantísimo libro Arte secuestrado (Península). La primera, nacida en Tesalónica (Grecia) hace 46 años, trabaja en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia. La segunda, zaragozana de 51 años, es profesora titular en la Universidad de Zaragoza.

En el Madrid de la crisis de la vivienda y la turistificación, un cambio: hasta 3.053 viviendas turísticas fueron dadas de baja del correspondiente registro en 2025, según información enviada por el gobierno a la Asamblea. No es un dato cualquiera. Está en el corazón de otra estadística: Madrid lideró el descenso de este tipo de usos en toda España entre noviembre de 2024 y mayo de 2025, según los últimos datos publicados por el INE, basados en los de las principales plataformas de alquiler, y que todavía no permiten comparar periodos asimilables y homogéneos en esta actividad estacional (de mayo a mayo, por ejemplo). Consecuencia: Madrid presume de que el número de viviendas de uso turístico registradas es ya equiparable al de 2018, con 9.749. Como si hubiera reventado una burbuja. Pero claro, el problema real es otro: las viviendas turísticas no registradas. Las ilegales. Las que con su actividad restan opciones en el mercado del alquiler, y lo encarecen. En julio, apenas un 10% de pisos turísticos estaban inscritos en el censo obligatorio. Y este enero, Exceltur, que une a 29 grandes compañías del sector turístico, calculaba que “solo en Madrid hay más de 16.000″ pisos turísticos que no tienen licencia.

Jaume Claret Muxart (Sant Cugat del Vallès, 27 anys) diu que té tres famílies: “Hi ha la de naixement, la del programa educatiu a les escoles Cinema en curs i la de l’Elías Querejeta Zine Eskola (EQZE)”. De conversa superdotada i carregada de referents, net de pintors d’avantguarda i fill d’arquitecte i professora d’educació física, aquest cineasta havia de ser ballarí, però es va enamorar del cinema quan va veure les interioritats d’un rodatge amb 14 anys. Així que es va fer crític de cinema en blogs i publicacions especialitzades per cobrir festivals, esquivar la universitat i convertir-se en programador jove del gremi i col·laborador de Cinema en curs, el pioner programa pedagògic que ha apropat les formes de fer cinema a desenes d’escoles i instituts. Amb 19 anys va ser quan va decidir anar-se’n a estudiar a Donosti a l’EQZE, un centre que no forma quadres tècnics ni té professors tradicionals i amb un model que s’adreça als qui busquen realitzar un projecte de llargmetratge.

Son 400.000 trabajadores, estudiantes, profesionales, autónomos. Son los que día a día, año tras año, sufren la crueldad creciente de Rodalies, las cercanías catalanas, pero solo de nombre. Sufren la desgracia azarosa. Y la sistemática acumulación de errores y fallos de los poderes públicos. Centrales (más) y autonómicos (algo menos); conservadores (muchos más), progresistas (algo menos). Pero hay taza para todos.
Vuelve a ser 2011. Pero es un 2011 ligeramente distinto. Uno en el que la sociedad mundial ha abrazado la Paridad Mental. ¿Que en qué consiste la Paridad Mental? En que nadie pueda ser considerado tonto y, por supuesto, ninguno de sus sinónimos. Así, en las escuelas no importa que des respuestas absurdas a cualquier pregunta sencilla, porque “es otra forma de verlo, ¡por supuesto!”, y ningún tipo de mérito te hará merecedor del puesto de trabajo que deseas porque “durante mucho tiempo se ha discriminado a los que no saben nada” y ellos “lo merecen igual que tú”. El porvenir en 2011 es entrar en un hospital para una operación sencilla y, con suerte, salir con vida. Y que a nadie se le juzgue por casi haberte matado porque ese alguien —el doctor o la doctora— tiene derecho a no ser considerado un inepto.
En los cuentos reunidos en dos libros deslumbrantes, Una edad difícil (2005) y La glándula de Ícaro (2013), con un manejo admirable del horror, del humor, de la monstruosidad y de vodevilescos detalles de la vida cotidiana, Anna Starobinets (Moscú, 1978) evidenciaba saber bien que para convencer de lo increíble nada mejor que expresarse de un modo informativo y neutro. Ahora, con la dilatada epopeya coral novelada en El Vado de los Zorros, realiza un paso más allá, sobrecogedor y eléctrico, bárbaro y sublime, y da consistencia a una amalgama de tramas argumentales tan disímiles y aun opuestas entre sí que, en una primera instancia, dudaríamos que hubiese una mano suficientemente firme para ensamblarlas todas con harmonía en un organismo narrativo seguro y eficaz.

Hace cuatro décadas André Rieu fundó la Orquesta Johann Strauss con un único objetivo: hacer feliz a la gente. Desde entonces, el violinista y director neerlandés se dedica a llenar estadios por el mundo y a ofrecer al público todo lo que en las salas de concierto convencionales se consideraría hortera o de mal gusto. La fórmula, basada en la estética del exceso, la edulcoración sin límites y un repertorio tan ecléctico como fácil de digerir, aparece recogida en el ensayo La nueva era del kitsch (Anagrama, 2025), donde el sociólogo Gilles Lipovetsky y el crítico de cine Jean Serroy analizan este y otros fenómenos culturales de la modernidad.

Cada cierto tiempo, a Netflix le gusta escenificar su poderío. Lo hace en grandes puestas en escena ante los medios en las que recopila y adelanta sus próximos estrenos. Son eventos que sirven para mostrar músculo, reivindicarse y empezar a crear expectación de cara al futuro. El jueves pasado en Madrid tuvo lugar su última gran presentación con contenido español, que reunió a un buen puñado de rostros de sus series y películas más destacadas previstas para los próximos meses. Por el escenario pasaron Luis Tosar, Tristán Ulloa, Mario Casas, Maribel Verdú, Carmen Machi o Karra Elejalde, entre otros muchos. Sin embargo, llamó la atención la escasez de contenido novedoso en esta ocasión, quizá consecuencia del frenazo generalizado a nivel internacional en la producción televisiva por parte de las plataformas.
