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Una de las voces más valientes del panorama intelectual global, Pankaj Mishra, dialogó en esta mañana de domingo con una de las voces más sensatas de la literatura actual, Juan Gabriel Vásquez, dentro del Festival organizado por EL PAÍS con motivo de su 50 aniversario. El título del diálogo era ¿Qué salió mal? y no invitaba precisamente al optimismo, aunque sí a la reflexión. EL PAÍS nació en un momento de esperanza, en un país cargado de futuro, y ha alcanzado el medio siglo en una época en la que resulta difícil mirar el panorama internacional sin sentir desasosiego (en el mejor de los casos).

La investigación de EL PAÍS sobre la huella de la pederastia en la Iglesia española es, como todas las grandes historias de este oficio, una mezcla de obsesión y de pensamiento a lo grande. Cuando la periodista Soledad Gallego-Díaz asumió la dirección de este periódico en 2018 pidió investigar los abusos. La premiada película Spotlight había puesto dos años antes el foco en el trabajo de The Boston Globe para destapar la dimensión del escándalo en la ciudad estadounidense. Otros trabajos periodísticos abordaron casos multitudinarios en Irlanda, Alemania o Francia. ¿Era España una excepción?

La nueva fiscal general del Estado, Teresa Peramato, completó el pasado jueves un proceso de renovación interna que ha provocado duras críticas por parte de quienes entienden que con esta ronda de nombramientos discrecionales ha purgado a los detractores de su predecesor inmediato, Álvaro García Ortiz. La Unión Progresista de Fiscales (UPF) ha reaccionado denunciando una campaña de "deslegitimación sistemática", alejada de lo que cree que deberían ser críticas formuladas “desde el rigor, el respeto y la lealtad institucional".
Es un músico popular en todo el sentido del término, pues es conocido y su música se hunde en aquello que nos suena familiar, que parece llegado con las primeras papillas. En consecuencia, hacerse mayor no puede sino favorecerlo; el tiempo otorga cátedra, las palabras suenan más sabias y las canciones se agigantan, pues el público ha tenido aún más tiempo para hacerlas suyas, vincularlas a su vida y convertirlas en catecismos de la vida de barrio. Tal que un Lazarillo de Tormes contemporáneo, sus canciones reflejan la pillería y el gracejo de quien necesita de ambas cosas para vivir, y sus frases, escritas con la poesía a veces tierna, a veces tunante, siempre con la chispa de la frase sencilla, van por la vida en zapatillas, tratándola con doméstica familiaridad. Kiko Veneno tiene 74 años, pero sus canciones no tienen edad. En una nueva gira pasó por Barcelona estrenando algunas nuevas que formarán parte de su próximo elepé, dejando clara su vitalidad, también su carácter y cantando esas grandes verdades de bolsillo que lo hacen único. Kiko Veneno es un reflejo de cómo éramos, la foto de unos tiempos que están capitulando, atropellada su humanidad por velocidades que no dejan ver.