Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia

La eslovena Marta Kos (Slovenj Gradec, 60 años) pertenece a esa generación de dirigentes centroeuropeos cuya biografía puede describir también la transformación de Europa. Nacida en la antigua Yugoslavia, se formó como periodista y pasó por la diplomacia y la política eslovena antes de desembarcar en Bruselas como responsable de la ampliación de la Unión Europea, un proceso que marca el futuro del continente en plena redefinición histórica.

Se respira una sensación de bienestar en las oficinas de Primavera Sound en Barcelona. Desde una séptima planta, las paredes de vidrio lucen vistas al mar y luz natural. En el parque del Fòrum, que se ve desde las ventanas, se celebra la edición principal del festival que en 2019 fue el primero de gran escala en presentar un cartel con paridad de género y que, tras 25 años de historia, hoy se replica en ocho ciudades de Europa y América Latina.

“Cuando me pongo delante de alguien, me pongo a preguntar. No puedo evitarlo”. Espídico como es, Juan Cruz asaetea al fotógrafo con preguntas de todo tipo. También al entrevistador, que por una vez no es él mismo. Maestro de periodistas y amigo de todo el mundo, Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 77 años) compila en Inolvidables (Galaxia Gutenberg) algunas de las más importantes entrevistas de su larga carrera. Desde la primera que hizo en su isla natal a los 13 años, a algunos de los nombres mayores de la cultura de las últimas décadas: de María Zambrano a Günter Grass, pasando por Mario Vargas Llosa o Cristina Fernández Cubas, todos han comparecido delante de la grabadora del periodista. ¿Se atreve a dar una cifra tentativa de cuántas ha hecho en su vida? Se atreve: “3.000″.


Al principio no di mucho crédito a lo que oí de unos exploradores que aseguraban haber resuelto el misterio del oasis perdido de Zerzura. Lo atribuí a un intento de desprestigiar al aventurero conde Lászlo Almásy, que había dejado resuelto el tema en los años treinta, y en consecuencia, dado que es uno de mis héroes favoritos, me lo tomé como algo personal. Más aún por la sospechosa coincidencia con la aparición de mi nuevo libro, en cuyas páginas iniciales rindo sentido tributo al explorador húngaro que inspiró El paciente inglés. A lo mejor era un complot para hundirnos a los dos.


Aunque no rebaja a ninguno de sus monstruos —espectáculo mediático, multitudes, emporios del lujo, polémicas geopolíticas—, la 61ª Bienal de Venecia celebra con obstinación didáctica uno de los postulados más rentables de la filosofía kantiana: la ilusión de que el juicio estético, sin ser estrictamente conocimiento, funciona como si lo fuera. No corrige el mercado —nada lo hace—, pero moviliza algo más eficaz: la idea de una comunidad global que se reconoce en lo que siente. En este marco, el arte ya no funciona como mera producción simbólica, sino como una tecnología de consenso blando, el espacio donde es posible coincidir sin necesidad de votar.
“Paso demasiado tiempo en mi propia cabeza”, le dijo Aldous Harding a Jude Rogers en una entrevista para The Guardian en 2019. Ciertamente, la música de esta cantautora evoca esa suerte de estado mental, porque casi siempre suena como si estuviera intentando contarnos las conversaciones que mantiene consigo misma mientras el mundo gira y ella gira alrededor del mundo. Su quinto álbum, Train on the Island, también es así y, al igual que sus predecesores, se divide entre las canciones arregladas de manera más corriente y otras mantenidas por los sonidos justos. Pero incluso cuando Harding suena más tradicional, o cercana, o como lo queramos llamar, continúa sumergida en una dimensión que solamente ella conoce. Imbuida por los paisajes de su Nueva Zelanda natal, de Harding se ha dicho que es una “fantasmagórica cantautora de folk gótico rural”. La acumulación retórica no le quita razón a la frase.

Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. No está claro si la frase es de Fredric Jameson o Mark Fisher, pero parece una de las verdades más evidentes de nuestro tiempo porque refleja bien una sensación extendida: la ausencia de imaginación política. Todas las propuestas se mueven en torno al mismo sistema inevitable. Con diferente estilo, todo el mundo juega al mismo juego basado en la prevalencia de la propiedad privada individual y los mercados globales desregulados. ¿Cómo será el futuro? No lo sabemos, pero capitalista.
Todos quieren a Rashford en el Barcelona. Lo que no quieren, sin embargo, es el coste de su traspaso.