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Cuando me enteré de la existencia del programa Famous Last Words, en Netflix, me imaginé de inmediato a Begoña Aranguren como el meme de Pilar Rubio con una denuncia en la mano frente a una comisaría. Me explico. El pasado 3 de octubre Netflix publicó la primera entrega de un nuevo formato: un programa de entrevistas, en el que Brad Falchuk —a quien muchos tendrán más presente por ser el marido de Gwyneth Paltrow que por ejercer de productor y guionista junto a Ryan Murphy en gran cantidad de sus series— mantiene una charla con alguien célebre bajo el compromiso de que esta no se emitirá hasta después de la muerte del entrevistado. En aquel primer programa, entrevistada: Jane Goodall.
¿Qué hace un influencer de salud hablando del caso Epstein? ¿Por qué un promotor de la comida real nos dice que hay que “salir de Matrix”? ¿Cuál es el punto de encuentro de la cultura de la salud y el bienestar con el mundo de las conspiraciones? Los autores del libro Conspiritualidad engloban en este término una mezcla que, explican, no es azarosa.

En la casa de Francisco Blanco, la voz de Alexa es la que interrumpe el silencio. “No tengo muy claro cómo puedo ayudarte con eso”, contesta este robot inteligente a la pregunta que le hace su dueño, que enseguida repite la misma consulta a Siri. A sus 80 años, vive rodeado de estas tecnologías de voz en la casa que compró junto a su esposa años atrás. Decorada por ella, hoy parece congelada en el tiempo, si no fuera por el olor y el brillo de la limpieza recién hecha. Estuvieron casados 42 años, pero ella falleció hace ya 13. Su soledad, sin embargo, no empezó con la viudez: “He sido un niño solo”, dice, taxativo. “Nací ciego, hijo único, y mis padres no estaban preparados”. Como él, la mitad de las personas con discapacidad en España dicen sentirse solas, según el Barómetro de la soledad no deseada en España 2024. En el conjunto de la población, son dos de cada 10 los que comparten este sentimiento y en los que el Gobierno ha pensado al diseñar la estrategia estatal para prevenir y combatir la soledad no deseada que el Consejo de Ministros prevé aprobar este martes.


Los móviles generan adicción entre los jóvenes. Lo dicen los psicólogos, que cada vez tratan a más pacientes menores con cuadros complejos relacionados con su vida digital. Y lo reconocen algunas de las mayores plataformas del mundo, que se enfrentan a una cascada de demandas en EE UU por diseñar sus productos para que atrapen a los usuarios. La declaración la semana pasada de Mark Zuckerberg, dueño y director ejecutivo de Meta (empresa matriz de Facebook, Instagram o WhatsApp), muestra que el asunto es serio: es la primera vez que el magnate pisa un tribunal, y lo hace en un juicio que pretende dirimir si sus redes sociales son o no adictivas.

Cerca del kilómetro cero de Madrid, Pablo Alborán (Málaga, 36 años) se baja de la furgoneta negra, con el móvil todavía en la oreja, y se quita las gafas de sol. “Hacía años que no venía por aquí”, dice al cruzar la puerta del Ateneo. El artista inicia gira mundial [que empieza este 28 de febrero en Chile] y disfruta feliz de esta etapa. La vida le ha dado una segunda oportunidad tras la reciente enfermedad de un familiar, que le obligó a abandonar por un tiempo los escenarios. Así que ve el mundo con ojos nuevos. Se saca el móvil del bolsillo y fotografía todo a su alrededor para compartirlo con sus casi ocho millones de seguidores en Instagram: el retrato de Lorca, la lámpara o la barra de La cacharrería. La sala en la que Valle Inclán, Unamuno o Azaña tenían tertulias acaloradas y en la que se produce esta conversación en torno a un café.


El pasado verano se hizo viral en Tik Tok un clip que mostraba a una joven argentina que deseaba reformar la estética del salón de su piso alquilado. ¿Su objetivo? Pintar las paredes como si tuvieran un aspecto desgastado por la humedad. A un ritmo frenético, y alternando planos de la vivienda con bailes y selfies, la autora narra cómo ejecutó este lavado de cara tras consultar a ChatGPT las técnicas para lograrlo. Entre las cosas que tuvo que hacer destacan varias rondas de pintura (para luego hacer jirones), un enduido plástico (una pasta blanca y espesa) o sacar las propias capas que ya poseía la pared con una espátula. Al llegar a este paso, la protagonista no cabe en si de la emoción: “Encontré oro en polvo… Capas y capas de colores de otros años. ¡Me hizo muy feliz!”.



El discurso sobre el estado de la Unión, tradición anual de la política de Washington que consiste en que la ciudad pare y escuche de boca del presidente las prioridades por venir de su Administración, es siempre también el discurso sobre el estado de otras cosas. En este caso, cuando Donald Trump se dirija este martes a las 21.00 (hora local, seis más en la España peninsular) a una audiencia conjunta de la Cámara de Representantes y del Senado, será un examen al estado de su relación con el Congreso, al que, tras la sentencia del Supremo que tumbó el pasado viernes buena parte de sus aranceles, necesita para imponer el gravamen global del 10% (luego 15%) con el que piensa sortear el varapalo del alto tribunal.
Durante años, Banco Santander fue un gigante con una identidad difícil de fijar: presencia global, rentabilidades desiguales y una cotización que no siempre reflejaba su escala. Hoy, con la acción cerca de máximos históricos, el grupo proyecta una imagen más definida: resultados récord, disciplina de capital y un rediseño geográfico que refuerza el peso estratégico de Estados Unidos en su perfil futuro.

Quien conozca a Cristina Monge por sus libros, charlas, tertulias o artículos (también en EL PAÍS) sabe de sobra que es una firme convencida de la teoría win-win: todos podemos ganar en la gestión de los grandes retos que afrontamos. La politóloga y socióloga nacida en Zaragoza hace 51 años acaba de recibir el premio Paidós con el ensayo Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables.

Aunque mantener y potenciar las facultades mentales no sea el motivo que induce a los abuelos a cuidar de sus nietos, tampoco les viene nada mal ese posible y ventajoso añadido. La neurociencia ya ha demostrado que cualquier actividad física o mental regular ayuda a mantener dichas facultades cuando nos hacemos mayores, pero, quien sabe si la particular y específica actividad de los abuelos puede superar en beneficios a otras actividades de los mayores no siempre tan agradables como compartir la vida con los pequeños o los más jóvenes.