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Sables por las esquinas, maquetas de barcos, telescopios, una estatua de Tintín tocada con un casco de la guerra de los Balcanes, un busto de Napoleón, un cuadrito de Richelieu, una foto de Conrad, una carta de Patrick O’Brian, una flor del campo de la batalla de Waterloo. Imagine la biblioteca de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) y ahora elévelo al cubo. La imagen se aproximará a lo que el visitante encuentra en el centro de operaciones del ex corresponsal de guerra, novelista, articulista y polemista. Tres plantas forradas con miles de libros con cuidadas encuadernaciones y salpicados de recuerdos de una vida vivida intensamente.





Álvaro Rivas García cumple 31 años el próximo 26 de febrero, el mismo día que se cumplen 31 años de la muerte de su madre, la periodista Sara García Calle. Sara murió de una embolia pulmonar horas después de la cesárea que le practicaron en un hospital madrileño para traer al mundo a su primer bebé. Tenía 27 años, trabajaba en EL PAÍS y su muerte dejó viudo al padre del niño, el también periodista Álvaro Rivas, y desolados a todos sus compañeros y amigos. Tres décadas después, el hijo de Sara y Álvaro es una celebridad. Cantante y letrista del grupo Alcalá Norte, el título de su canción La vida cañón se ha convertido en una frase hecha para referirse a la supuesta buena vida. Hablamos en el bar, frente por frente del centro comercial homónimo del grupo, donde sus integrantes se reunían de jovencitos a ver pasar la vida. Uno de esos garitos de barrio, barrio, con menú del día, pinchos en la barra y jubilados echando la mañana donde, en un cuarto de hora, oímos llamar “hijo de puta”, sucesivamente, a Pedro Sánchez y a Isabel Díaz Ayuso, en plano mudo en la tele. Decidimos irnos a un sitio más tranquilo. Es la hora del vermú, pero Rivas pide un vaso de agua.

A Álvaro Rivas García (Madrid, 30 años), hijo de periodistas, y huérfano de madre desde su nacimiento, nunca le tentó el periodismo. A pesar de ello, sus canciones al frente del micrófono y de las letras del grupo Alcalá Norte, tienen algo de crónica personal y generacional. Después del éxito de crítica y público de su primer disco, La vida cañón, y de una crisis de salud que casi le cuesta la vida, este año verá la luz su segundo disco, cuyo primer adelanto, El hombre planeta se estrenará en marzo.

Hay un bar en el madrileño barrio de Valdezarza donde un grupo de parroquianos jubilados se reúne habitualmente para tomar algo y charlar. Suelen tratar, exclusivamente, la actualidad política. Y suelen adoptar los mismos roles que los tertulianos de la tele: el liberal a la madrileña, el socialdemócrata progresista, el conservador de toda la vida, el comunista barrial. Es un bar cualquiera en un sitio cualquiera, pero probablemente el fenómeno se repita en infinidad de bares, también frente a máquinas de café en oficinas, en pasillos entre aulas, en descansos del andamio. E incluso dentro de nuestras cabezas. Si algún día, según la leyenda, fue posible cruzar la península saltando de árbol en árbol sin pisar el suelo, hoy probablemente sea posible cruzar la jornada saltando de tertulia en tertulia, de opinión en opinión, sin tocar el suelo de los hechos. Y eso acaba calando.




Cuatro partidos representativos de la izquierda española que no se identifica con el PSOE escenificaron ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid una propuesta de unidad electoral que, todavía sin nombre, programa o liderazgo claros, aspira a maximizar el impacto electoral de los votos en este espacio político. El mitin conjunto de Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Comunes y Más Madrid se presentó bajo el lema “Un paso al frente” y reclamó la unidad de las fuerzas de izquierda para contrarrestar una mayoría de PP y Vox que las encuestas dan por segura.

¿Por qué el nombre de Jeffrey Epstein desestabiliza democracias europeas pero no el poder estadounidense? La respuesta puede ser institucional. Aquí, los implicados no controlan ya el aparato que los investiga. En EE UU, quienes deben ser investigados son el núcleo del sistema que debería hacerlo. Los archivos los publica el Departamento de Justicia, cuya cúpula es nombrada por el presidente. Desclasificar no es solo un acto de transparencia, sino de poder. El Ejecutivo decide qué se publica, cuándo y en qué contexto. La transparencia selectiva es una forma sofisticada de control: muestra lo que hiere a otros y esconde lo que te daña. El caso de Alexander Acosta lo ilustra bien. Como fiscal federal de Florida, supervisó en 2008 el acuerdo para que Epstein evitara cargos federales por tráfico sexual de menores, cuando el FBI había identificado a muchas víctimas. Años después, lo nombraron secretario de Empleo. La secuencia no prueba una conspiración, pero revela un patrón institucional: quien protege al poder es recompensado con poder.
“En plan, a veces tus padres te dicen que llevas muchas horas en el móvil, te echan la peta literal, pero luego te das cuenta de que, bueno, es por tu bien”, dice Carla, madrileña de 15 años, en un resumen impecable de uno de los grandes debates de hoy entre padres y adolescentes: ¿cuánto y cuándo puede un joven usar su teléfono? Pedro Sánchez anunció en enero que pronto prohibirán las redes sociales para menores de 16 años, como ya ha ocurrido en Australia. Desde hace años, se vincula a los jóvenes y su uso del móvil e internet con conceptos como adicciones, desinformación, acoso, pedofilia o pornografía.
Ana Fernández.
Alejandro Gallardo.
Una conquista lenta pero selectiva, una moda que no está llegando a todo el mundo, por contradictorio que parezca. El barre, esa disciplina a medio camino entre el ballet y el pilates, ha pasado en pocos años de ser un formato casi desconocido a tejer una red cada vez más visible de entusiastas. Estos se concentran en estudios boutique en la Comunidad de Madrid, pequeños gimnasios más o menos especializados donde la exclusividad se paga. En febrero de 2026 operan al menos 43 centros de este tipo o con oferta principal de esta práctica, según el recuento de locales que ha hecho este periódico. Chamberí, Salamanca y Chamartín forman el núcleo duro; Centro y Retiro actúan como satélites. El sur y el este, de momento, lo contemplan desde fuera. El barre está en auge, pero solo en el interior de la M-30.

1. Marie Descourtieux fue durante muchos años asistente de comunicación en Éditions Métailié. Dejó un perdurable legado en el sector gracias a su dedicación en cuerpo y alma al métier, en el que puso la fuerza de la disciplina adquirida en su formación como bailarina y un extraordinario don para la comprensión de los libros como la gran lectora que es. Hace unos años, dejó el mundo editorial y se hizo cargo del Prix Virginia en el campo de la fotografía, hasta que recientemente pudo asentarse en el espacio de sus sueños. Adquirió una mansión en ruinas en el sur de Francia, la reconstruyó alrededor del horno, la pieza central del edificio, y actualmente dirige un refugio para artistas visuales. Con el nombre de Le Four à Pain, es un proyecto cultural de extraordinaria relevancia. Estoy al tanto de esta gloriosa empresa gracias a que mantenemos correspondencia. La última vez que intercambiamos mensajes, Marie Descourtieux concluía el suyo con una conmovedora declaración, considerando los grandes desafíos ante los que la vida la ha colocado: “Aquí me siento en paz, feliz de vivir en la naturaleza al ritmo de la nieve que cae y de los corderitos que nacen”.
Al fin alguien ha parado los pies a Trump. Y ha sido quien podía hacerlo, el Tribunal Supremo, árbitro e intérprete de la Constitución, sus nueve jueces vitalicios, seis conservadores y tres de ellos nombrados por el propio presidente. La sentencia contra los aranceles, mal llamados recíprocos, y hechos públicos en un acto solemne y pomposo anunciado como el Día de la Liberación el 2 de abril de 2025, hiere de muerte una pieza central de la política exterior trumpista, utilizada a discreción como arma de castigo y extorsión por su diplomacia agresiva, en vez de como herramienta contra los desequilibrios en la balanza comercial o las medidas agresivas en el comercio exterior, tal como es su función.


