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Uno de los discos de Michael Jackson, el último que publicó en vida, se titula Invincible. Aun cuando se trata de un apelativo de lo más idóneo para el Rey del Pop, hay otro que, a juzgar por la alta estima que hoy sigue provocando su imagen, parece todavía más apropiado: incancelable. Si invencible fue en lo artístico, más asombroso resulta que haya sido, en lo moral y lo público, inmune a la cultura de la cancelación; una criatura que, habiendo atravesado tempestades que a otros habrían arruinado sin remedio, permanece erguida en la memoria colectiva como si el vendaval apenas hubiera rozado su figura.

Entre las diversas cosas que he querido ser y no me ha dado la vida para ello está bailarín de danza clásica. Me parecía más fácil que actor porque no había que memorizar texto y la verdad es que algunos maestros de lo corporal como Pawel Rouba o su mujer Irene consideraban que tenía aptitudes e incluso un salto de elevación más que notable. Ahora ya no, y ni digamos cómo me quedan las mallas. En su momento hice mucha barra, lo que me permitía intimar con las bailarinas que, con las sirenas y las amazonas, han sido siempre mi perdición. Una vez hasta participé en una master class con Lindsay Kemp que nos recalcó que se baila con los ojos y no con las piernas. Vale, pero a ver quién hace un double tour en l’air solo con la mirada.
El año es 1998. La ciudad, Valladolid. Nines es un ama de casa que, tras quedar su marido en coma, pasa a encargarse del negocio familiar, un ruinoso videoclub de barrio. Asediada por las deudas, nota que solo una zona del local mantiene cierta actividad: la dedicada al cine para adultos. Así que esta mujer, conservadora y mojigata, dejará sus prejuicios a un lado y optará por potenciar esa sección que, tras varias carambolas, terminará convirtiéndose en foco de una auténtica revolución sexual entre las mujeres del barrio.




Me propuse con acierto no ver más programas de Jordi Évole, después de una entrevista con una dama, imagino que aconsejado férreamente por su cadena, que representaba para mí lo del nada nadea, pero hasta límites repulsivos. Una tal Montero, que se autoproclama sin vergüenza como la persona más poderosa de todo esto. Pero Évole es un fulano muy bueno inventándose un género, logrando complicidad no solo con el que tiene enfrente sino con la mayoría de la gente. Y constato que en su última época se acerca en plan colegueo absoluto a gente famosa que nacieron en su entorno, vecinal y solidario. Viva la cultura de barrio cuando hemos logrado el protagonismo.
El 7-1 contra el Barça a principios de octubre del año pasado fue un golpe duro para el Bayern de Múnich. La primera reunión tras el encuentro fue muy tensa. “Quizá fui un poco ingenuo, pero si volviéramos a jugar mañana este partido, ajustaríamos algunas cosas, pero seguiríamos con la misma idea: somos el Bayern”, le dijo el técnico José Barcala (Meaño, Galicia; 44 años) a su equipo. Tras aquel duelo, el club alemán no ha vuelto a perder, y ya ha levantado la Supercopa y la liga. También el Barça, su rival hoy (18.15, Disney+ y TV3) en la ida de las semifinales de la Champions en el Allianz Arena (Arsenal-Lyon es el otro duelo).
El fútbol es un producto de consumo más y el Mundial, su marca más célebre. Una cuestión de orgullo nacional dirimida en un campo de 100 por 70 con un balón de por medio. Resume y exhibe las novedades que el fútbol incorporó en los últimos cuatro años. En esta ocasión con más velocidad que nunca. Su condición de objetivo máximo y de contenido televisivo lo convierten en un lugar de encuentro de jugadores de todos los tiempos.
La tecnología forma parte de nuestro día a día. De nuestra rutina. De nuestra vida. El problema llega cuando se hace un mal uso o se abusa de los dispositivos, ya sea la televisión, una tableta o el móvil. Con el fin de dar a conocer qué lleva a la adicción, el psicólogo infantojuvenil Rafa Guerrero (Madrid, 45 años) publica este próximo 29 de abril Adictos a las pantallas (Cúpula, 2026). El libro huye de demonizar la tecnología y pretende explicar cómo aprender a usarla mejor para que ella “no nos use a nosotros”. “No trato de parchear el problema de la adicción, sino que doy pautas a los padres sobre cómo averiguar qué lleva a un chaval a estar enganchado y qué no están viendo ellos”, explica por teléfono el también divulgador, que cuenta con más de medio millón de seguidores en Instagram.

Cuando en 2007 se estrenó la serie juvenil Patito Feo, muchas niñas querían ser como Antonella: la chica más popular, bonita, talentosa y líder de Las Divinas. Brenda Asnicar (Buenos Aires, 34 años) interpretó a este personaje icónico con el que aún comparte esa personalidad coqueta y energética: se pasea por la redacción de EL PAÍS con ilusión, saludando y haciéndose fotos con su móvil en cualquier rincón para recordar el momento. En la telenovela argentina era también la archienemiga de Patito: la chica alegre, noble y talentosa de Las Populares, víctima de bullying por su aspecto físico. Patito era Laura Esquivel (Buenos Aires, 31 años), quien también con mucha emoción se pasea por el periódico, grabando con su cámara digital escenas para hacer un detrás de cámaras del Amigas del Corazón World Tour, gira en la que reinterpretan los éxitos musicales del programa de Disney Channel que se emitió en más de 50 países en Latinoamérica, Europa y Asia.


EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es