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“El sueño sigue siendo nuestro sistema más sofisticado de reparación. Negárselo al organismo es como pedirle a un motor que funcione sin apagarlo jamás: puede hacerlo un tiempo, pero acabará fallando”, escribe Alfredo Rodríguez-Muñoz (Madrid, 46 años), catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid. Lo hace en las páginas de su libro Dormir para vivir (Kailas, 2026), un ensayo divulgativo en el que el experto en sueño, bienestar y salud laboral reivindica el sueño y el descanso. Señala que la cultura actual empuja a la hiperconexión y la hiperproductividad y decir que uno está cansado ―a modo de distopía del agotamiento― se ha convertido en una especie de símbolo de estatus, de “nueva medalla” que lucir en el pecho con orgullo.

Abdul Hamid Elaila, su esposa Samira y su hijo Wesam recibieron protección internacional de España el 1 de octubre de 2024, cuando se cumplía un año de guerra en su Gaza natal. El hermano mayor de Abdul estudió Ciencias Políticas en España en 1973 y se nacionalizó español. Además, Abdul y Samira tienen un hijo que reside en Sevilla desde hace años. Ese vínculo con España les permitió obtener asilo por extensión familiar. La legislación española permite extender la protección internacional a los familiares directos de quienes ya han obtenido asilo o protección subsidiaria, con el objetivo de mantener la unidad familiar. De este modo, pueden acceder a la misma protección sin tener que acreditar por separado los requisitos que la justificaron. Pero Abdul nunca llegó a salir de Gaza y murió allí el pasado 13 de abril. Su esposa aún está en el enclave.
Por más corrupción que haya en un país europeo, sus ciudadanos la siguen penalizando. De norte a sur, de este a oeste, los comportamientos negativos de los políticos se pagan caros en la percepción que tienen de ellos los ciudadanos. Y eso incluye las faltas que en principio parecen más veniales, como soltar una mentira en una rueda de prensa, aunque siempre se castigan más las que se perciben peores: beneficiar a un familiar aprovechándose del cargo y aceptar sobornos. Pero con un matiz: si el político es de la misma ideología que su votante, este le castigará menos. Y si el votante es joven , penalizará menos al político que un votante mayor.
El estudio forma parte del proyecto de investigación europeo sobre actitudes políticas y comportamiento ciudadano en la UE “Hacia una nueva era de la democracia representativa”, que incluye un experimento con 13.000 ciudadanos de 10 países de la UE (Alemania, Austria, República Checa, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Italia y Polonia) a razón de 1.300 encuestados por cada país. En el experimento los autores hicieron análisis conjunto experimental, una técnica de investigación muy utilizada en ciencias sociales y ciencia política para estudiar cómo las personas adoptan decisiones cuando deben elegir entre varias opciones con diferentes características. Así, en lugar de preguntar directamente qué opinan de la corrupción, los investigadores optaron por un experimento más cercano a las decisiones reales de los votantes: mostraron a los participantes distintos perfiles ficticios de políticos —con diferentes ideologías, aparentes orígenes étnicos distintos y comportamientos— y les pidieron que eligieran entre ellos. Analizando miles de esas elecciones, es posible medir con bastante precisión qué atributos pesan más en el juicio de los ciudadanos. . se presentaban a los participantes perfiles hipotéticos de políticos con distintas características —atributos personales como sexo u origen étnico, orientación ideológica y posibles comportamientos indebidos— y se les pedía que eligieran entre ellos y que los evaluaran. A partir de esas decisiones, el estudio observa qué político prefieren los ciudadanos cuando comparan entre varios, cuánto les gusta cada uno y hasta qué punto sienten que ese político los representa.
Los autores sostienen que, combinando estas tres medidas, puede captarse de forma bastante completa el impacto de esos comportamientos en dos dimensiones clave: el apoyo político —si los ciudadanos respaldan o elegirían a ese político— y la confianza política, es decir, si lo consideran digno de confianza y representación.
Clara Peya (Palafrugell, 1986) parla amb determinació i intensitat i la seva música sona com un xiuxiueig. Dos extrems d’una personalitat que no amaga gairebé res i que afronta la vida sense voler-se enganyar. Prolífica fins a uns extrems inaudits, ha publicat Nuca, un àlbum sobre la necessitat de carregar amb la soledat buscant empaties. Mentre ho explica, Pilarín, la gosseta que ha succeït Cornelia, un mascle mort fa un parell de setmanes, borda irritada. No sap que Clara Peya és Premi Nacional de Cultura per la seva trajectòria i compromís social, però se l’estima igual. La seva mestressa, amb 40 anys acabats de fer, afronta la segona meitat de la seva vida pensant en ella mateixa i en els altres.

La primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Laia Bonet, explicó el lunes -en una entrevista a EL PAÍS- que el plan del ejecutivo es crear estaciones de autocares interurbanos en plaza Espanya, Sagrera y la Diagonal con un claro objetivo: que el número de autobuses interurbanos que llegan al centro de Barcelona se reduzca “drásticamente”. Las declaraciones de Bonet, efectuadas en plena crisis de Rodalies, han sentado como un jarro de agua fría al sector que teme ser expulsado del centro de la ciudad. Por otro lado, los vecinos de calles como ronda Universitat convertida, desde hace décadas, en una estación de autobuses encubierta, se muestran incrédulos ante la enésima ocasión que se anuncia la acumulación de autobuses en las aceras de la ciudad.
A punto de cumplir 61 años, Pere Casacuberta ha regresado a Nueva York. Visita Manhattan y una ardilla alegra su paseo por el Central Park. Igual que cuando estuvo en 1984. Ya mayor, ahora con un teléfono móvil en mano, repite la rutina de aquel juvenil que cruzó el charco por vez primera en su vida con la ilusión de pisar la meta que más le fascinaba de América. Aunque echa de menos las Torres Gemelas, el viaje resulta tan emocionante como entonces, porque ya tenía dicho y era sabido desde hace años que nada le gustaría más que volver a Nueva York.
Cuando el 19 de diciembre del 2025, Luis Andrés Monterroso López, de 29 años, pisó por primera vez en tres años el suelo guatemalteco, estaba muy enfadado. Vestido con un mono gris y pantuflas azul oscuro, el uniforme de los migrantes detenidos en Estados Unidos, hablaba con su madre por teléfono, sentado en el exterior de la sede de la Fuerza Aérea de Guatemala, donde aterrizan los vuelos de los deportados. “Ni a los animales los tratan así. Vine amarrado de pies y manos”, le contaba, indignado.

El Gobierno firmó en septiembre de 2024 el último gran acuerdo en el que participan a la vez las patronales y los sindicatos. En los jardines de La Moncloa se selló el compromiso para, entre otras medidas, habilitar una herramienta para anticipar la jubilación en las actividades con más bajas y siniestralidad a cambio de un incremento de cotizaciones. La concreción de la medida llegó más tarde de lo previsto, pero el decreto fue finalmente aprobado por el Consejo de Ministros en mayo de 2025. Y la comisión que ha de estudiar cada solicitud también se formó más tarde de lo que prometía ese decreto, pero se compuso finalmente en octubre del año pasado. Ahora, más de seis meses después, el Ejecutivo vuelve a llegar tarde: con los plazos que marcaba el Boletín Oficial del Estado, la Seguridad Social ya debería haber respondido a las peticiones de la construcción y del transporte, pero aún no lo ha hecho. Estos dos sectores son los que más siniestralidad sufren en la economía española. En 2025 acumularon 164 y 93 muertes en jornada respectivamente, el 44% del total aunque juntos solo emplean al 13% de los ocupados.
En Francia le llaman el rey del piano, y Sofiane Pamart (Hellemmes, 1990) ha hecho suficientes méritos para merecer la corona. El músico, formado desde los siete años en el conservatorio de la ciudad norteña de Lille, ha logrado una pequeña proeza: convertir un instrumento asociado al virtuosismo clásico y al recogimiento solitario en un fenómeno de masas abierto a los códigos del rap, la moda y la cultura pop. De joven admiraba tanto a Chopin, Ravel o Debussy como a mitos del hip hop como MC Solaar. Durante años fue el pianista de cabecera de los raperos franceses, colaborador de figuras como SCH, Médine, Scylla o Josman, a quienes aportó armonías más ricas y un cariz neoclásico poco habitual en ese universo. “Mi música está a medio camino entre el minimalismo de Philip Glass y ciertos mecanismos del rap”, concedía Pamart hace unas semanas, sentado en un hotel pegado a la lujosa Place Vendôme de París.

David Graeber, brillante antropólogo y activista estadounidense, además de dejarnos importantes obras, nos dejó demasiado pronto. Falleció en 2020, a los 59 años, en plenitud intelectual. Los lectores recordarán, pues dieron mucho que hablar, El amanecer de todo. Una nueva historia de la humanidad (escrito junto a David Wengrow), En deuda: Una historia alternativa de la economía o Trabajos de mierda: Una teoría. Gracias al buen hacer de su viuda y colaboradora Nika Dubrovsky, se publica ahora, de forma póstuma, esta colección de ensayos breves. La mayoría se habían publicado ya de manera dispersa; en este volumen se reúnen y ordenan. En todos ellos (como en todos sus libros), queda claro que Graeber fue un gran antropólogo, lo que no le impidió ser, a la vez, anarquista. Se puede ser intelectualmente honesto y, al mismo tiempo, reconocer que uno siempre habla desde un lugar de lo más situado. En su caso, desde dos de sus convicciones más fuertes (que, para él, son el meollo del anarquismo): “Los seres humanos son capaces de comportarse de manera razonable sin necesidad de que alguien les obligue a ello” y “el poder corrompe”. No es preciso que los lectores simpaticen con el anarquismo o con estas ideas-brújula para poder disfrutar de todo lo que Graeber, como científico social, tiene que decir.
