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Hace años que las quejas por el servicio de Rodalies han ido en aumento. La última crisis, que empezó el pasado mes de enero, puso en evidencia la falta de renovación de la infraestructura y la baja confianza de la gente en ese transporte. El Govern tiene en marcha el plan Rodalies 2026-2030: cuatro años de obras en todas las líneas para cerrar esa la brecha entre la población y la infraestructura. Pero la realidad es que, para muchos, Rodalies tardará años en volver a ser una opción. En los últimos años, la red de proximidad había ido desangrándose: según Renfe, desde 2018 hasta 2024, Rodalies perdió 42.798 pasajeros en los días laborables, quedándose en 358.186 usuarios diarios. Durante los primeros días de la crisis, según la Generalitat, el volumen de pasajeros se redujo hasta un 30%. Estos son algunos de los testimonios de pasajeros que han decidido abandonar el servicio.
Ruben Blades (Panamá, 77 años) asegura que tiene una prioridad vital: “Saber administrar el tiempo”. A estas alturas de la existencia, dice, le quedan muchas cosas por hacer y la mayoría están fuera de la música. “A mí hay cosas que me interesan mucho y que la gente lo desconoce. Por ejemplo, la arqueología. Ahora, en Panamá han encontrado una tumba precolombina trabajada en oro y que es superior a las hechas por los mayas o los aztecas. Eso me sugiere que Panamá fue un gran centro religioso y es muy interesante conocerlo”, explica este músico, emblema de la salsa y uno de los grandes pioneros de la música latina del siglo XX.

Volodímir Zelenski ha vuelto a plantar cara a Donald Trump. No ha sido un duelo con el alto voltaje que protagonizaron ante las cámaras en febrero de 2025, cuando el presidente ucranio mantuvo la ya famosa discusión en la Casa Blanca con su homólogo estadounidense. Zelenski se prodigó desde entonces en elogios hacia Trump, para reconducir las relaciones con un teórico aliado clave que muestra más proximidad con Rusia; hasta hoy. El líder ucranio y Marco Rubio, el secretario de Estado de Trump, se acusaron mutuamente la semana pasada de mentir. Zelenski añadió que Washington les plantea condiciones injustas para terminar la guerra.
Javi Guerra (Gilet, Valencia; 22 años) ha vivido todas las emociones del fútbol en unas pocas temporadas. El centrocampista ya ha tenido tiempo para conocer la volatilidad de una afición como la del Valencia. Una hinchada que un día te encumbra y al siguiente te pisotea. Ahora está en alza y el espigado futbolista se agiganta con la ayuda de Guido y Ugrinic, el eje de este nuevo Valencia que deja atrás las miserias del descenso y se permite, incluso, ilusionarse con volver a Europa. Este domingo (16.15, Dazn) recibe al Celta. Guerra, que ya planea unas vacaciones en familia en Ibiza, habla con mucha cautela, con los brazos cruzados, a modo de escudo, pero acabará relajándose y estirando las piernas cuando la conversación deja el barro del fútbol para adentrarse en asuntos más mundanos, como la manera tan particular que tiene de dejar los zapatos en el vestuario o los paseos por el monte con Thor, el Rottweiler de la casa familiar del pueblo donde sigue viviendo con sus padres y su hermano, Antonio.



Después de perder la semana pasada ante el Barcelona por 2-6 en el Alfredo di Stéfano en la ida de los cuartos de final de la Champions, lo primero que hizo el entrenador del Real Madrid al comparecer en rueda de prensa fue disculparse. “Pedir perdón a la afición, porque yo creo que no se merecen el partido que hemos jugado. Hemos estado muy, muy, muy lejos de la versión que queríamos”, admitió Pau Quesada. El técnico cogió las riendas del banquillo el pasado verano para tratar de impulsar un proyecto que desde que nació en 2020 había encadenado una decepción tras otra. Las vitrinas del club, en cambio, continuarán vacías tras la sexta temporada de vida y el cara a cara con el Barça, el equipo de referencia en el fútbol español y europeo, es cada vez más pavoroso para la entidad: 24 derrotas y un solo triunfo, con 92 goles encajados y tan solo 12 anotados contra las azulgranas. “Se ha visto a un Madrid que no queríamos, justamente del que queríamos huir, pero nos hemos vuelto a encontrar con ese Madrid que queremos cambiar”, añadió el preparador valenciano ocho días antes de caer otra vez más frente a las catalanas. El jueves, en la vuelta de la eliminatoria, el marcador en el Camp Nou fue incluso mayor: 6-0 delante de 60.067 espectadores, el récord de asistencia en el estadio desde que este reabrió en noviembre.

El niño que nunca dejó de soñar creció con un tebeo en las manos y unas zapatillas pequeñas en los pies. Andrés Jiménez devoraba los cómics que su abuelo vendía en un quiosco en la localidad sevillana de Carmona. Mortadelo y Filemón, Pulgarcito, Spiderman, La Masa, y a veces algún Tintín y Astérix, “que eran más caritos y había menos”. No los abría mucho, para que luego pudieran venderse, pero lo suficiente para que su imaginación volara entre esas páginas llenas de dibujos. Así creció en él una pasión por la caricatura y la ilustración que le ha acompañado siempre, hasta que aquel niño se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto español. Una carrera que le llevó a jugar contra Michael Jordan y que hoy, a los 63 años, Jiménez revive con sus propios bocetos en Jimix. Mi loca historia del básquet (ediciones Valnera), con prólogo de Pau Gasol y que sale a la venta este próximo jueves.

Tras la Semana Santa, llega el último trimestre de la temporada televisiva, uno de los tramos fundamentales del curso para los canales tradicionales. Algunas de las principales apuestas del año llegarán a las parrillas en las próximas semanas para tratar de impulsar los datos con los que las cadenas cerrarán sus temporadas en junio. Además, este es un trimestre clave para la inversión publicitaria, de ahí el esfuerzo de los grupos de comunicación por atraer al espectador.



Domingo 5 de abril. La nave Orion, con los cuatro astronautas de la misión Artemis 2 a bordo, está en el tramo final de su viaje hacia la Luna. En la madrugada de este domingo (hora peninsular española) ha realizado su segunda corrección de trayectoria, 24 horas después de la primera. Se trata de correcciones menores tras la maniobra de propulsión que completó el módulo de servicio el viernes.

Los Simpson, la serie de animación creada por Matt Groening en 1989 y que transita ya su temporada número 37, ha predicho el futuro hasta 55 veces. En 1993 vagamente anticiparon la pandemia por coronavirus que tendría lugar en 2020. En 2000, predijeron que Donald Trump sería presidente de EE UU. También adivinaron el caso de corrupción que sacudió la FIFA en 2015 meses antes de que estallara, adelantaron la llegada de los relojes inteligentes, la fusión entre Disney y Fox y el Premio Nobel de Economía para el finlandés Bengt R. Holmström. Pero lo que no adivinaron los responsables de este producto audiovisual que se estrenó en España en 1991 y que vivió su gran apogeo en Antena 3 a partir de 1994, cuando de lunes a viernes a las dos de la tarde su emisión convocaba un ritual de hermanamiento intergeneracional frente al televisor, es que en 2026 un profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Getafe que se había valido de infinidad de sus argumentos para conectar el conocimiento que aspiraba a transmitir a sus alumnos con el saber popular debería dejar de usarlos en clase. “Antes podía hacer esas bromas y conexiones porque todo el mundo veía Los Simpson y era un referente compartido por todos. Ahora el problema no es solo que los alumnos no entienden las bromas porque no han visto la serie, sino que no soy capaz de buscar un referente que hayan visto todos. Tienen nichos muy segmentados, burbujas muy aisladas, que hace que los jóvenes sean hoy muy heterogéneos entre sí y, además, que el diálogo que hay entre generaciones en términos de marcos compartidos sea más bajo que el que había en el pasado. Los jóvenes antes se rebelaban contra un marco, ahora lo que directamente hacen es no compartir el marco, es decir, estar en otro”, afirma Pablo Simón, autor de libros como Entender la política: Una guía para novatos, comentarista en TVE o La Sexta y ese profesor que ya no puede valerse de Lisa Simpson para explicarles nada a sus alumnos. Nació en 1985, es milenial, acaso la generación que más parece estar padeciendo la brecha generacional que se ha abierto en este país en los últimos años y cuyos síntomas van mucho más allá de si los veinteañeros ya no saben quién es Milhouse. Atraviesa el mercado laboral, el de la vivienda, las políticas públicas. Se ha ensanchado de tal forma que amenaza incluso con imponerse a los debates de clase, género o raza como eje de tensión.















Éric Sadin (París, 1973) se levanta y da vueltas por el salón de su apartamento parisiense cuando algún argumento le apasiona. Su propia voz le anima a hacerlo. Ha desarrollado un pensamiento crítico, plagado de titulares y bellos análisis sobre el futuro que cabalgan el pensamiento filosófico y social del último siglo para llegar a una conclusión lacerante en una decena de libros. Nos hemos vueltos idiotas y vamos camino de serlo todavía más. Lejos de estar amenazados por una inteligencia suprema que nos aterrorizará, como aquel Skynet de Terminator —“es un pensamiento de adolescente retrasado”, matiza todavía de pie—, estamos sometidos por nuestra propia pereza, que terminará entregando las armas —intelectuales y creativas— a la inteligencia artificial generativa.