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Tras la Semana Santa, llega el último trimestre de la temporada televisiva, uno de los tramos fundamentales del curso para los canales tradicionales. Algunas de las principales apuestas del año llegarán a las parrillas en las próximas semanas para tratar de impulsar los datos con los que las cadenas cerrarán sus temporadas en junio. Además, este es un trimestre clave para la inversión publicitaria, de ahí el esfuerzo de los grupos de comunicación por atraer al espectador.



Domingo 5 de abril. La nave Orion, con los cuatro astronautas de la misión Artemis 2 a bordo, está en el tramo final de su viaje hacia la Luna. En la madrugada de este domingo (hora peninsular española) ha realizado su segunda corrección de trayectoria, 24 horas después de la primera. Se trata de correcciones menores tras la maniobra de propulsión que completó el módulo de servicio el viernes.

Los Simpson, la serie de animación creada por Matt Groening en 1989 y que transita ya su temporada número 37, ha predicho el futuro hasta 55 veces. En 1993 vagamente anticiparon la pandemia por coronavirus que tendría lugar en 2020. En 2000, predijeron que Donald Trump sería presidente de EE UU. También adivinaron el caso de corrupción que sacudió la FIFA en 2015 meses antes de que estallara, adelantaron la llegada de los relojes inteligentes, la fusión entre Disney y Fox y el Premio Nobel de Economía para el finlandés Bengt R. Holmström. Pero lo que no adivinaron los responsables de este producto audiovisual que se estrenó en España en 1991 y que vivió su gran apogeo en Antena 3 a partir de 1994, cuando de lunes a viernes a las dos de la tarde su emisión convocaba un ritual de hermanamiento intergeneracional frente al televisor, es que en 2026 un profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Getafe que se había valido de infinidad de sus argumentos para conectar el conocimiento que aspiraba a transmitir a sus alumnos con el saber popular debería dejar de usarlos en clase. “Antes podía hacer esas bromas y conexiones porque todo el mundo veía Los Simpson y era un referente compartido por todos. Ahora el problema no es solo que los alumnos no entienden las bromas porque no han visto la serie, sino que no soy capaz de buscar un referente que hayan visto todos. Tienen nichos muy segmentados, burbujas muy aisladas, que hace que los jóvenes sean hoy muy heterogéneos entre sí y, además, que el diálogo que hay entre generaciones en términos de marcos compartidos sea más bajo que el que había en el pasado. Los jóvenes antes se rebelaban contra un marco, ahora lo que directamente hacen es no compartir el marco, es decir, estar en otro”, afirma Pablo Simón, autor de libros como Entender la política: Una guía para novatos, comentarista en TVE o La Sexta y ese profesor que ya no puede valerse de Lisa Simpson para explicarles nada a sus alumnos. Nació en 1985, es milenial, acaso la generación que más parece estar padeciendo la brecha generacional que se ha abierto en este país en los últimos años y cuyos síntomas van mucho más allá de si los veinteañeros ya no saben quién es Milhouse. Atraviesa el mercado laboral, el de la vivienda, las políticas públicas. Se ha ensanchado de tal forma que amenaza incluso con imponerse a los debates de clase, género o raza como eje de tensión.















Éric Sadin (París, 1973) se levanta y da vueltas por el salón de su apartamento parisiense cuando algún argumento le apasiona. Su propia voz le anima a hacerlo. Ha desarrollado un pensamiento crítico, plagado de titulares y bellos análisis sobre el futuro que cabalgan el pensamiento filosófico y social del último siglo para llegar a una conclusión lacerante en una decena de libros. Nos hemos vueltos idiotas y vamos camino de serlo todavía más. Lejos de estar amenazados por una inteligencia suprema que nos aterrorizará, como aquel Skynet de Terminator —“es un pensamiento de adolescente retrasado”, matiza todavía de pie—, estamos sometidos por nuestra propia pereza, que terminará entregando las armas —intelectuales y creativas— a la inteligencia artificial generativa.
Los padres de Paula Púa (Valencia, 33 años) tienen un pequeño hall of fame en el pasillo de casa. “Soy hija única, así entenderás muchas cosas”, dice mientras repasa una pared que empezó con artículos enmarcados de su etapa como periodista, siguió con algún tuit que le sirvió de trampolín y hoy acumula fotos de escenarios, platós de televisión y estudios de radio. En apenas siete años, Púa se ha convertido en una de las humoristas más reconocibles de su generación, en un ecosistema donde ya no basta con subirse al escenario. La comedia, como las redes, se ha vuelto cada vez más inmediata y más pendiente de quién mira que de quién actúa. “En el fondo”, añade, “todos somos hijos únicos”.
Cuando se está en las más altas esferas del poder, dar un paso atrás entraña sus dificultades. Decir adiós al acceso pleno y los mejores contactos requiere una cierta adaptación. Pero hay maestros que saben perfectamente cómo utilizar lo acumulado en el puesto de mando, entre ellos, los Obama. Casi 10 años después de marcharse de la Casa Blanca tras dos exitosos y ultramediáticos mandatos, Barack y Michelle Obama (de 64 y 61 años) han sabido conservar su popularidad e incluso elevarla, pero también pasar a ser dueños de un poderoso imperio mediático que convierte en oro todo lo que toca: acuerdos con plataformas de vídeo y audio —como Netflix—, libros, podcasts y, ahora, incluso teatro. Porque los Obama han llegado a Broadway.
Aparece en TikTok Drew Hallgrimson limpiando su apartamento de Vancouver con 360.800 seguidores observando cada movimiento. En uno de sus vídeos más populares, limpia hasta que el suelo “esté lo suficientemente limpio como para comer de él”, y luego procede a comer literalmente del piso. En Instagram acumula 441.000 seguidores. Los comentarios oscilan entre la admiración (“¿dónde encuentro un hombre así?”) y el asombro genuino ante la novedad del espectáculo.
En 1999, dos psicólogos sociales norteamericanos estudiaron y definieron por primera vez un sesgo cognitivo que fue bautizado con el nombre de ambos, Dunning-Kruger. Consiste en que, cuanto más tonta e incompetente es una persona, más satisfecha y segura está de sí misma y de sus (inexistentes) habilidades. Por el contrario, los individuos más inteligentes y preparados suelen ser los más inseguros y autocríticos. Es una maldita desgracia de trampa mental, porque fomenta que los más necios de entre los más bobos se eternicen en los cargos y prosperen. Y de todos es sabido que, como dijo el historiador italiano Carlo M. Cipolla en su delicioso ensayo Allegro ma non troppo, las leyes fundamentales de la estupidez humana, los tontos son mucho más dañinos y peligrosos que los malvados.

Las elecciones generales, se celebren cuando se celebren, tienen y han tenido dos estrategias fundamentales en lo que a los dos partidos mayoritarios se refiere. Por parte del PSOE, la estrategia principal ha sido la polarización que incluía la alternativa yo o el partido de extrema derecha Vox, con la esperanza de que su electorado se movilizara y le permitiera volver a obtener una mayoría parlamentaria inestable pero suficiente. En el caso del Partido Popular, la estrategia consistía en una polarización basada en crear un estado de opinión en el que el PSOE se presenta como un partido traidor. Se supone que esa definición provocaría cambios notables en un plazo breve en la izquierda en su conjunto.
Por qué se habla de sociedad subvencionada para referirse, en general, a las ayudas a los vulnerables o a algunas actividades imposibles de mantenerse tan solo con la lógica del mercado, cuando los importantes son otros mecanismos que, por su cantidad o su arbitrariedad, deprecian las rentas públicas. Gabelas, desamortizaciones, aranceles, subvenciones, excepciones, amnistías fiscales, inmatriculaciones, reconversiones industriales, rescates empresariales o financieros, inyecciones de capital público, cupos, recalificaciones, etcétera, y otros mecanismos “legales”.