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El Athletic Club vive uno de los tramos más complicados de los últimos años. La situación clasificatoria en la Liga es tan clara como preocupante: el equipo rojiblanco se encuentra a solo tres puntos de los puestos de descenso después de haber sumado únicamente un punto de los últimos quince posibles en Liga. Una racha que ha encendido todas las alarmas en Bilbao y que confirma que el problema va mucho más allá de una mala serie de resultados. La crisis se refleja, sobre todo, en un juego que ha perdido fluidez, contundencia y personalidad.
Florian Zeller (París, 46 años) lleva casi 30 años triunfando en lo que hace, pero no deja de sentirse un principiante. Empezó escribiendo novelas en los años 2000 y no tardó en ganar el Premio Interallié, uno de los seis grandes reconocimientos literarios en Francia. Luego dio el salto al teatro escribiendo comedias para la Comédie-Française y, poco más tarde, cambió radicalmente de registro para abordar distintas formas de trauma familiar con El padre, La madre y El hijo, una de las trilogías más representadas del teatro contemporáneo, que consolidó su estatus como uno de los dramaturgos más celebrados de su generación. “Cada paso que he dado en mi carrera me ha hecho ser nuevo en algo otra vez. Me gusta no saberlo todo y exponerme a lo desconocido”, cuenta.

Lo primero que aclara el periodista y realizador audiovisual argentino Hernán Siseles, de 44 años, es que lo suyo no fue una idea sino una acción. No lo podría explicar como un plan ni como un negocio. Fue un movimiento, metafórico y físico, casi intuitivo, de un piano, un piano vertical (o de pared) Otto Meister que después de 20 años de permanecer en el salón de su casa en el barrio porteño de Chacarita fue trasladado a 300 metros de allí, a un bar donde una amiga había empezado a hacer actividades culturales. Movimiento inicial, entonces, y luego: expectativa, observación. ¿Qué pasaba con eso? ¿Qué decía la gente?
Un dibujo con los retratos de los cuatro aviadores españoles junto al hidroavión y las carabelas de Colón convocaba a los cariocas, con llamativa precisión, un día de principios de 1926: “El Plus Ultra debe llegar a Río entre las cinco y las seis de la tarde. Crece por todas partes el interés por el audaz raid”. Cuando la aeronave asomó sobre la bahía de Guanabara el 4 de febrero con uno de los motores averiado, eran tantos los barcos reunidos para presenciar el espectáculo que el Plus Ultra tuvo enormes dificultades para amerizar, según el relato recopilado por el historiador Rostand Medeiros. Ya en tierra, una multitud aguardaba excitada.
Salvando las distancias, el presidente de la Fed, Jerome Powell, está a un paso de convertirse en una especie de Atticus Finch financiero, el protagonista de Matar a un ruiseñor, el clásico de Harper Lee, que describe al personaje como referente moral y un modelo de integridad. Powell está resistiendo imperturbable la campaña de acoso de Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, para tomar el control del organismo. Ha recibido insultos, amenazas e incluso una citación judicial por una investigación penal. El mandatario republicano quiere que los tipos de interés estén más bajos para dinamizar la economía. La reunión de la Fed de este miércoles se antoja más interesante por los asuntos ajenos a la institución que por las decisiones de política monetaria.
La pretendida fortaleza americana que propugna Donald Trump, con extrañas imágenes artificiales y declaraciones altisonantes, tiene un reverso de debilidad en los mercados financieros. Más allá de una Bolsa donde la fiebre tecnológica sigue campando a sus anchas, el mantra de las finanzas es no exponer la cartera a los caprichos de la Casa Blanca. El frenético mes de enero que ha deparado Donald Trump y la tormenta financiera en Japón han traído más inestabilidad y exacerbado las expectativas de un dólar débil: el ataque frontal a la Reserva Federal de Estados Unidos con la investigación sobre su presidente Jerome Powell, la fractura con Europa a cuenta de Groenlandia y la rápida subida de los tipos a largo plazo en Japón han llevado la moneda a cambiarse a 1,195 dólares por euro, el nivel más bajo desde el año 2021, tras bajar el 2,7% en una semana. Y el mercado espera más.
Los Bridgerton, la serie de Netflix inspirada en las novelas de Julia Quinn, vuelve este 29 de enero con una cuarta temporada. Un nuevo romance emerge entre el hermano más bohemio de la familia, Benedict Bridgerton (Luke Thompson) y Sophie Beckett (Yerin Ha). Esta ficción se popularizó por las apasionadas historias de amor, la música pop adaptada a la época, los escándalos, el lujo y escenarios emblemáticos de la alta sociedad de Inglaterra durante el periodo de la Regencia ―a principios del siglo XIX, entre 1811 y 1820―. Y como toda serie de éxito, son muchos quienes se animan a visitar los lugares en los que se ha grabado.

En 1928, el diario New York Times le dedicó una página entera a uno de los cambios más revolucionarios vividos en materia de calzado en los últimos años. El artículo en cuestión, se hacía eco de cómo en París las casas de costura habían provocado que el satén y el crepé de China desbancara al omnipresente cuero metálico y los brocados en las hormas de salón.























El pleno que celebra el Tribunal Constitucional esta semana tiene particular importancia en relación con la recta final de sus resoluciones sobre la ley de amnistía y su aplicación. Los magistrados han decidido en primer lugar no levantar la suspensión de la orden de detención que sigue vigente en España contra el expresidente catalán Carles Puigdemont. El líder del procés no consigue, en suma, que se le permita regresar ya a España. Pero se trata de una decisión que no prejuzga nada sobre lo que vaya a suceder cuando se resuelva el recurso más relevante, el que presentó Puigdemont contra la interpretación que hizo el Tribunal Supremo para no aplicar la citada norma al delito de malversación.
Teherán es una de las series más potentes que pueden verse actualmente y lo es por varios motivos. En primer lugar, porque nos habla de un conflicto, el de Irán e Israel, visto desde una perspectiva poco frecuente: el de los entresijos de los servicios secretos de ambos países y lo hace sin recurrir a las mixtificaciones tan habituales en los tiempos que vivimos. Verla es confirmar la crueldad de las guerras. Claro que eso lo dijo mucho mejor Albert Camus: “La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan, no hay esperanza”, frase que, lamentablemente, podría ser la perfecta definición del autosatisfecho zafio que ocupa el despacho oval.