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“¡Puede haber personas atrapadas en el fuego!”, vocifera el jefe de los bomberos, entre el calor y con hidroaviones volando por un espacio natural protegido de Nea Makri (Grecia). Hay que avanzar con cuidado y velocidad entre la selva de pinos, desplegar las mangueras y atender a un compañero herido. Varios brigadistas empapan la zona mientras otros lo trasladan en camilla. El coronel teniente Vasileios Bikas, el máximo responsable del servicio griego de bomberos, se acerca y juzga: “Está bien… solo necesita una cerveza”. Risas. Así concluye el simulacro en el que bomberos rumanos han practicado cómo reaccionar ante incendios como los gravísimos que sacuden cada verano al sur de Europa.





Diez pétreos soldados cristianos (miles christi) habían conseguido sobrevivir durante casi cinco siglos a todo tipo de vicisitudes en lo más alto de la Universidad Sancti Spiritus de Oñati (Gipuzkoa). Aguantaron impertérritos durante todo ese tiempo los embates de las guerras, cambios de régimen, inclemencias climatológicas... Pero un rayo acabó hace un año con uno de estos “soldados de la fe, la verdad y la revelación”, según la creencia del siglo XVI. En medio de una tormenta, el 11 de julio de 2025, uno de estos guerreros de Dios quedó fulminado. La lanza del guerrero hizo de pararrayos y la escultura se desplomó hasta el suelo, donde quedó hecha añicos. Este desgraciado imprevisto precipitó el inicio de las obras de rehabilitación del histórico edificio universitario, considerado el mejor exponente del arte civil renacentista del País Vasco y declarado monumento artístico nacional en 1931. Los trabajos de rehabilitación de la vieja universidad están a punto de terminar. Ahora presenta una imagen completamente renovada que permite revivir el esplendor que tuvo en su origen. Un minucioso trabajo de cantería artesanal ha conseguido resucitar al soldado caído: la defensa de esta joya arquitectónica está garantizada.


En la calle del Hierro, en Arganzuela, los albañiles trabajaron en agosto hasta que se ponía el sol. Durante todo el verano se escucharon las sierras, los taladros y los martillos con las persianas bajadas, tratando de esquivar las miradas cabreadas de los vecinos. Terminadas las puertas de acceso a la calle, tocaba rematar el interior para tratar de desmontar cuanto antes aulas y pizarras.

La idea de Raymond Williams segons la qual la política és una atmosfera abans que un tema serveix per entrar en una novel·la que, paradoxalment, gairebé no parla de política malgrat que n’estigui travessada de cap a cap. Tots tres surten per l’Ozama, recuperada per Club Editor, és una de les novel·les catalanes d’exili més singulars. Publicada el 1946, quan la derrota republicana encara era una ferida oberta, Riera Llorca va evitar tant l’èpica dels vençuts com la nostàlgia sentimental per construir una ficció sobre què passa quan l’exili deixa de ser una espera i es converteix en una manera de viure.

El agotamiento se refleja en el rostro de Israa Yasin mientras lava a mano la ropa de sus cuatro hijos en una gran palangana de plástico en una vieja tienda de campaña en Al Mawasi, al sur de Gaza. El más pequeño, Abdul Rahman, de seis años, no deja de preguntar, enfadado: “¿Dónde está mi ropa del colegio?“. El nuevo curso comenzará el próximo 19 de septiembre, pero el pequeño no irá a la escuela. “Mis hijos estaban muy ilusionados”, cuenta Yasin, conteniendo las lágrimas, “sobre todo el pequeño, que va a empezar la escuela por primera vez en su vida. Quiere ropa y zapatos nuevos, cuadernos y bolígrafos; cosas que ha oído a sus hermanos mayores comentar que compran cada año. Pero este año es imposible”. En Gaza, 658.000 niños como Abdul se han visto privados de la educación debido a la devastación y a la miseria que han dejado los ataques y el bloqueo de Israel, según datos de Unicef.

La noche empieza así: “¡Viva el divorcio! / ¡Vivan mis manos / que aún no han cosido ni un calcetín!”. Es el estribillo del cuplé La diputada, interpretado inicialmente por Amalia Molina en 1932, que reflejaba los vientos de modernidad y el estallido del feminismo en España. Y después: “Se dice si va sola / ¡qué desgraciada es! / Se dice qué coqueta / si con un hombre va. / Si ven a dos mujeres / también se dice que…”, letra de otro cuplé que estrenó Concha Piquer en 1933, aunque tanto este como el anterior podrían haber sido escritos ayer mismo.


La protagonista de Broma era joven cuando su padre murió. De aquel día Julia recuerda el olor y el ruido que hacían los pulmones como otros recordamos una vibración ligera del labio inferior. Pesa mucho, el instante en que por fin se acaba el cuerpo de un padre enfermo, aunque Lucía Marín (Granada, 1985) sabrá mostrarlo rápido y casi aleatorio cuando por fin nos lleve de la mano a aquella habitación de hospital: “Y entonces mi padre aprovechó para morirse”. Es perfecto, porque en realidad solo es otro instante rápido y aleatorio más. Suficiente para partir en dos los recuerdos de una vida. Por eso, la novela alterna capítulos en primera persona que evocan la relación entre padre e hija (antes de la muerte, am) con otros que narran en tercera la historia de la familia que ella intenta construir junto a su pareja (después, dm).

Ni el más cándido de los seguidores de Oasis, un grupo que se movió demasiadas veces en el caos y la bronca, hubiese apostado a que los británicos cerrasen su documental con una canción tan suave, tan bella y a la vez tan poco rockera como What the World Needs Now (Is Love), compuesta por los maestros Burt Bacharach y Hal David. Algo más rudo tendría más sentido atendiendo a la carrera del grupo. Pero después de ver las dos horas de Don’t Look Back In Anger, que así se titula la película, se entiende este naíf canto al amor que han elegido Noel y Liam Gallagher como resumen de su vuelta al directo después de 16 años lanzándose feas (y algunas muy graciosas, todo hay que decirlo) tarascadas verbales. También les encajará la pieza de Bacharach a los que asistieron a sus conciertos de regreso en 2025, porque se abrazaron, lloraron, consumieron litros de cerveza, se pusieron la gorra de pescador de Liam y se encontraron en las gradas o el césped con aquel colega de la universidad que perdieron de vista en 1997. Lo que necesita el mundo ahora es amor, como dice la canción de Bacharach y David, y los antiguos malencarados hermanos también andan en ese propósito.
Si entre los lectores de esta crítica cinematográfica hay alguna aspirante a profesora de Educación Primaria, que se controle la tentación de acudir a una sala a ver la película porque con toda probabilidad abandonará la carrera al día siguiente. Bad Apples es dinamita pura para las vocaciones. Una película ácida, transgresora, creativa, valiente, incómoda y crítica. Y duele. Entre sus risas, que las tiene, pues se trata de una comedia negra, el primer trabajo de producción y ambientación británicos del sueco Jonathan Etzler es un golpe en la nuez a un sistema que parece derrumbarse de arriba abajo por cualquiera de sus vertientes. Así que hay palos para todos: profesores, padres, directivos, pedagogos, inspectores, gobernantes y hasta para los críos. Las manzanas podridas del título somos todos, aunque quizá unas más que otras.
Dirección: Jonathan Etzler.
Intérpretes: Saoirse Ronan, Eddie Waller, Nia Brown, Jacob Anderson.
Género: comedia. Reino Unido, 2025.
Duración: 99 minutos.
Estreno: 11 de septiembre.