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El 27 de enero de 2025 todo cambió para el mercado de la inteligencia artificial. Por primera vez, el dominio de las tecnológicas estadounidenses, cuyo valor bursátil se había duplicado en dos años, se puso a prueba. Un desconocido laboratorio chino llamado DeepSeek irrumpió en las tiendas de aplicaciones con un lenguaje gratuito y tan potente como las versiones de pago de ChatGPT, que cuestan 20 euros al mes. El pánico se desató en las Bolsas y la aparente invulnerabilidad de la IA estadounidense quedó en entredicho. Nvidia borró unos 561.000 millones de euros de capitalización en una sola sesión, una pérdida nunca vista por ninguna cotizada en tan poco tiempo. Desde entonces, la racha alcista de la IA solo se ha visto sacudida por caídas puntuales, la más reciente entre los fabricantes de chips, y sin que la competencia china haya sido rival para la fiebre inversora por la tecnología estadounidense.
El Tribunal Supremo avaló en mayo el proyecto del parque eólico Bustelo (A Coruña), promovido por Greenalia y anulado por el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) en 2023. El fallo representa, según Manuel García, consejero delegado de la energética, “una respuesta clara a años de inseguridad”, además de “la confirmación de una línea jurisprudencial consolidada”.

Tres acontecimientos sobresalen en el skyline turístico gallego, como rascacielos especialmente altos: la posible declaración de la Ribeira Sacra como Patrimonio Mundial de la Unesco, que se resolverá a finales de este mes de julio; el eclipse total de Sol del 12 de agosto, para el que Galicia será un monumental mirador; y el Xacobeo 2027, que el año que viene redoblará las actividades de la siempre cargada agenda del Camino de Santiago.



Al escuchar hablar a Antonio González es difícil saber que nació en Murcia (1977). Su acento recuerda más a esos extranjeros que hablan un perfecto castellano, pero que en su día a día usan el inglés. No es de extrañar, teniendo en cuenta que lleva dos décadas viviendo en Emiratos Árabes Unidos. Llegó a Dubái para trabajar en Johnson & Johnson, pero en 2009 decidió dar un giro a su carrera y emprender en un negocio de hoteles. Dos años más tarde, se unió con Ahmad Hafez para fundar Sunset Hospitality Group. Ahora, la compañía tiene “115 establecimientos, con otros 55 en apertura”, que van desde bares y restaurantes a clubes de playa y hoteles. Está presente “en 25 países y cuenta con unos 7.000 empleados”.

Dicen que “a Santo André de Teixido vai de morto quen non foi de vivo”. ¿Y eso es malo? Respondamos gallegamente: depende. Si para ir allí, uno se reencarna en una babosa y se arrastra a cámara lenta por un camino abarrotado de peregrinos, corriendo el serio peligro de acabar espachurrado bajo una suela Vibram, no es bueno. En cambio, si se reencarna en una bolboreta, en una mariposa macaón o en una blanca esbelta –por citar dos especies habituales en el extremo norte de la Península–, y se va parando en cada flor a libar y copular, no está mal.
Los setos son al jardín lo que las paredes a la casa: estructuran y definen los espacios. Cuando se pasea por un parque, la vereda de los caminos se acompaña, en numerosas ocasiones, por un seto de mayor o menor altura, especialmente cuando el diseño opta por separar a los andariegos de quienes optan por asentarse en las praderas interiores, por ejemplo.
Chófer, asistenta, niñera… el personal de servicio de los Kennedy ha sido una fuente inagotable de testimonios sobre la intimidad de la familia más famosa de Estados Unidos. Pero la crónica de una testigo había permanecido en la sombra hasta que una escritora francesa dio con sus cartas hace unos años: Andrée Leufroy (1907-1999) trabajó durante 20 años al servicio de Rose Kennedy y Joseph P. Kennedy, y después de su hijo Ted, entre los años cincuenta y setenta. Estuvo presente en algunos de los momentos más tumultuosos de la política americana, desde el asesinato de Martin Luther King a la guerra de Vietnam y las violentas muertes de John F. y Bobby Kennedy. La vida de esta mujer anónima se ha convertido en un best seller en Francia, La cuisinière des Kennedy (La cocinera de los Kennedy, en español), pese a que hasta hace un par de años solo la conocían en su pueblo.

Hay cosas que están presentes en todo verano que se precie: el olor a protector solar, el gazpacho, las sobremesas eternas en la terraza... y esa vela de citronela que muchos colocamos cuidadosamente en el centro de la mesa con la esperanza de mantener a raya a los mosquitos. Nadie recuerda quién la compró ni cuándo apareció por primera vez, pero ahí sigue, año tras año, como un miembro más de la familia. Y, año tras año, alguien -lamentablemente, suelo ser yo- termina acribillado.





Inestabilidad internacional, crisis de suministro energético, presiones inflacionistas, falta de visibilidad sobre la política monetaria... Con este telón de fondo, cabría esperar una corrección bursátil. Sin embargo, la realidad ha ido por otro camino. Salvo episodios puntuales de volatilidad, con ventas masivas de acciones y deuda que evocaron el impacto de la andanada arancelaria anunciada por Donald Trump en abril de 2025, la renta variable se recupera con rapidez tras cada sobresalto y retoma la senda alcista. Los principales índices bursátiles han firmado su mejor primer semestre en seis años y, hasta la semana pasada, siguieron encadenando máximos históricos.
Una vez embotellado, el vino sigue vivo, afirma Ferran Centelles, exsumiller de elBulli, director de bebidas de elBullifoundation y responsable de los vinos españoles para Jancis Robinson. No duda en destacar que el vino de guarda es uno de los grandes tesoros que las bodegas conservan durante años. “Una de las mayores maravillas del vino es que es un producto metaestable: no es tan frágil como la leche, que se deteriora rápidamente, ni tan inmutable como un destilado, que apenas cambia una vez embotellado. Evoluciona”, explica en conversación con EL PAÍS. Con el paso de los años aparecen aromas terciarios, los taninos se afinan, la textura gana sedosidad y la complejidad aumenta.