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Dice Carlos Alcaraz (6-3 y 6-4 a Cameron Norrie, en 1h 33m) que no es el momento de beber el Dropshot (Dejada), el cóctel oficial del Masters 1000 de Indian Wells. No todavía. Tal vez la noche del domingo, ya verá. “Aún no lo he probado, pero cuando termine el torneo probablemente lo haga para comprobar cómo sabe. Pero aún no... De momento elijo hacer las dejadas”, bromea después de lograr el pase a las semifinales el tenista de El Palmar, quien preguntado por esa especialidad que a él tanto domina, la de acariciar la pelota y dejarla muerta justo al sobrepasar la red, también escoge: “Diría que Moutet tiene el mejor toque, aunque el de Djokovic es maravilloso. Y el de Dimitrov, también”.
Aryna Sabalenka y Elena Rybakina, las dos tenistas más fuertes del momento, disputarán este sábado (19.00, Tennis Channel) la final de Indian Wells (categoría WTA 1000) tan solo mes y medio después del choque entre ambas en el desenlace de Australia.
Entonces venció la segunda, de perfil silencioso pero cada vez más intimidatoria. De hecho, con esta última victoria frente a Elina Svitolina (7-5 y 6-4), la kazaja (26 años) enlaza 12 victorias contra rivales del top-10. Gran desafío otra vez, por tanto, para la número uno del circuito.
Rybakina estrenará el lunes el segundo puesto mundial, el mejor ranking de su carrera, y el 31 de enero ya superó a Sabalenka. Antes lo había hecho en la final de la Copa de Maestras de Riad, en noviembre. No obstante, la de Minsk domina la rivalidad, aunque de forma muy ajustada: 8-7.
Sabalenka resolvió con autoridad el cruce con Linda Noskova (6-3 y 6-4), del mismo modo que Rybakina controló la igualdad del primer set y dosificó bien la renta en la continuación. Será la tercera final para la primera, aún sin gloria, y la segunda para la kazaja, superior a ella en la de 2023.
Por otra parte, anoche finalizó la participación de Paula Badosa en el WTA 125 de Austin. La española, de 28 años, perdió ante la canadiense Bianca Andreescu (6-2, 3-6 y 6-3, tras 2h 06m) y se quedó sin el billete para la final. Ascenderá del puesto 106 al 100.
Las Fallas llegan este 2026 precedidas de tiempo desapacible y un calendario en el que los días grandes de la fiesta caen entre semana. No obstante, València espera miles de visitantes desde este viernes, aprovechando el fin de semana y una tregua meteorológica que ha hecho salir el sol y permitir a los maestros artesanos y a las comisiones falleras alzar con grúas monumentos a 30 metros del suelo. La capital y decenas de municipios más con tradición fallera de la Comunidad Valenciana serán un año escenario de unas fiestas en las que arte, pólvora, música y fuego se entremezclan para despedir el invierno y dar las bienvenida a la primavera. La cantidad de eventos y actividades se multiplica durante estos días, así que dejamos aquí algunas claves para poder disfrutar mejor de unas fiestas que son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde 2016.

La crisis de acceso a la vivienda se intensifica, creando dificultades para buena parte de la ciudadanía, particularmente para los jóvenes y los hogares más vulnerables. Se trata de uno de los grandes desafíos del momento actual, y por ello EL PAÍS lleva años siguiéndolo de cerca, con una cobertura que mezcla mirada local con global, y que involucra a numerosos periodistas para tratar de ofrecer una visión lo más completa posible sobre la materia. Siguiendo ese compromiso, el periódico ha rediseñado su espacio dedicado a la vivienda. El objetivo es que los lectores puedan encontrar más fácilmente las informaciones y que tengan un punto de referencia donde hallar las claves para comprender la situación. También para encontrar respuestas a sus inquietudes de todo tipo. En esa línea, EL PAÍS lanza un consultorio sobre vivienda en colaboración con Legálitas.
Cuando las sirenas resuenan por todo Dubái, Meron trata de no pensar en marcharse. Siente miedo de los misiles, pero esta empleada del hogar etíope sabe perfectamente por qué se queda: su sueldo paga la matrícula escolar de su hija y pone comida en la mesa para toda su familia en Adís Abeba. Para ella, abandonar el Golfo debido a la lluvia de misiles iraní en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel no es una opción.

En una suite de la última planta del hotel VP Plaza España Design, en Madrid, un grupo trabaja alrededor de una mesa, en silencio. Esperando está Manuel Turizo (Montería, 25 años), que tiene una jornada maratoniana por delante para promocionar su nuevo proyecto. El cantante colombiano recibe con gorra, que no se quita ni para la sesión de fotos ni para la entrevista. Se sienta en una silla y comienza la conversación con el Palacio Real, la catedral de La Almudena y la plaza España como telón de fondo, unas vistas de la capital que de vez en cuando le hacen desviar la mirada. “Me encanta estar aquí”, afirma el artista, que acaba de lanzar Apambichao junto a Maluma, la carta de presentación de su próximo disco que lleva el mismo nombre y se publicará el 9 de abril.


Hace falta una energía muy equilibrada para tratar con animales. Como la que desprende Dirce Fernández Do Santos, que trabaja con ellos desde hace décadas. Esta profesional del cuidado de mascotas, procedente de Timor Oriental, tuvo su primera peluquería canina hace 25 años en el Mercado Barceló de Madrid. Aún conserva algunos de sus clientes de entonces, a quienes se ha “traído” a Contigo Cuidados, en el Corte Inglés de Castellana, el centro de estética para perros y gatos en el que trabaja, y donde recibe a EL PAÍS una mañana de viernes de febrero.






En 1893, dos años antes de la invención del cine, la casa ya estaba allí. Entonces Oslo no era Oslo, sino Cristianía. La capital estaba en plena expansión y el barrio de Frogner se acaba de integrar en la ciudad. Allí se construyó esta casa y su estilo se convirtió en el retrato de toda una época. Con la estructura medieval y las cuidadas vidrieras, mezclaba el detallismo del art nouveau con la reivindicación romántica de la arquitectura vikinga. Bajo sus techos, vivieron distintas generaciones familiares, y hace dos años, cuando parecía que sus paredes lo habían visto todo, llegó el cine y la convirtió en parte de la historia de Noruega.
El primer remonte que se puso en funcionamiento en la península Ibérica fue el 28 de febrero de 1943 en la Cerdaña, en un paraje pirenaico llamado Font Canaleta, la antesala de la actual estación de esquí de La Molina. Un entorno montañoso y rural en el que sus pobladores vivían de los aserraderos, de la ganadería, de la agricultura y de la minería. A la zona fueron llegando a principios del siglo XX jóvenes catalanes de clase acomodada para deslizarse sobre las laderas de las montañas nevadas. A rebufo de ese divertimento, el sitio se fue desarrollando a base de una línea de telégrafo, un servicio médico, alojamientos y una línea de ferrocarril. El valle se convirtió en un reclamo turístico invernal.
La nutrición está de moda. Más que nunca, en la calle se habla de superalimentos, de real food, de dietas detox o de ayuno intermitente. La cultura del bienestar gana terreno y, aunque eso a priori puede ser favorable en términos de salud, la avalancha de información (y desinformación) nutricional que circula por las redes, con modas efímeras, gurús virales y dietas imposibles, corre el riesgo de distorsionar (y simplificar) la evidencia científica sobre una verdadera alimentación saludable.
Hungría lleva viviendo una situación paradójica en la última década. Los precios de la vivienda se triplicaron los dos últimos lustros; sin embargo, las transacciones de compra se han mantenido a un nivel alto durante todo ese tiempo, en torno a las 150.000 por año. En concreto, los precios inmobiliarios aumentaron un 275% entre el tercer trimestre de 2015 y el mismo periodo de 2025, según Eurostat. Se trata del mayor crecimiento dentro del bloque comunitario, por delante de Portugal (169%). Finlandia fue el único país donde los precios cayeron un 2%. En términos reales, el metro cuadrado supera en la actualidad los 3.800 euros en Budapest y en una ciudad de menor dimensión y universitaria, como Szeged, ronda los 2.500 euros en contraste con las localidades pequeñas, donde se alcanzan los 1.000 euros.