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Una estatua de la Justicia reina, como si fuera una declaración de principios, en la habitación verde de Teherán donde Narges Mohammadi (Zanjan, 54 años) comparece para una videollamada con este diario. Todo un acto de coraje, toda vez que una condena de al menos 18 años de prisión aguarda aún a la activista galardonada en 2023 con el Nobel de la Paz por su lucha por los derechos humanos y de las mujeres en Irán. La libertad de Mohammadi es una pausa; una suspensión de su condena que obtuvo en mayo tras sufrir dos infartos en la cárcel. Esta activista ha sido detenida 14 veces y juzgada en 10 ocasiones; la han condenado en total a 44 años de prisión y 154 latigazos y ha pasado 161 días en aislamiento. Ha pagado otro precio: desde 2015 no abraza a sus mellizos de 19 años, Ali y Kiana, exiliados con su padre en París. Mohammadi acaba de publicar en España unas memorias que escribió en la cárcel. La autobiografía Una mujer nunca deja de luchar: Mi lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos en Irán (Finestres Ensayos / Folch i Folch, en español y catalán, respectivamente) es el retrato de una mujer libre que, por serlo en Irán, lleva décadas entrando y saliendo de prisión.

Las alarmas han dado un respiro y Nastia (que prefiere no dar su apellido) logra llevar a Polina, su hija de nueve años, a su clase de Tenis. Poco antes de las cuatro de la tarde del pasado miércoles madre e hija dejan atrás el complejo de apartamentos donde viven desde julio en el lado izquierdo del río Dniéper, que divide a Kiev. Aprovechan que todavía hace buen tiempo para dar un paseo por este sector que está lejos de haber quedado inmune a los ataques rusos, como lo demuestran los tablones que cubren docenas de ventanas rotas y las fachadas quemadas de algunos edificios, hasta llegar a la cancha de tierra batida donde la esperan otros cinco menores y el instructor.






Valeria Racu (Chisináu, Moldavia, 31 años) es una de las principales voces de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, la organización que defendió y acompañó a Maricarmen Abascal antes y después de ser desahuciada y que ha adquirido el protagonismo en las protestas por la vivienda que recorren el país. La indignación social por la salida forzosa de su hogar motivó unas movilizaciones masivas al grito de “huelga general”. La convocatoria se acabó concretando el 7 de octubre, el mismo día en que falleció Maricarmen, con el respaldo de los principales sindicatos del país. Racu, que atendió a EL PAÍS este jueves en el Ateneo La Maliciosa de Madrid, llama a los trabajadores a parar el 11 de noviembre: “Cuando las inquilinas nos organizamos, el rentismo tiembla”.


Las apps de citas llegaron hace más de una década para poner patas arriba el amor. Pero ese escenario que presuponía la extinción del cortejo analógico parece lejos de cumplirse. Algunas apps, sin embargo, quedarán grabadas en el imaginario colectivo. En este ecosistema, pocas figuras han tenido tanta relevancia como Whitney Wolfe Herd (Salt Lake City, 37 años), cofundadora de Tinder, y fundadora y CEO de Bumble, que acaba de ser vendida tras perder alrededor del 90% de su valor.
El presidente vuelve a ser candidato. Y se le nota. Habla con soltura, esquiva dardos, se planta con una sonrisa. Pedro Sánchez, a quien, tras la condena de su hermano y la crisis de Ceuta, se le veía debilitado, da la impresión de haber renacido con el 29-N, sus sextas elecciones generales. “Estos comicios se pueden resumir en una idea muy sencilla: o avanza el pasado o avanza España”, afirma.





Son las nueve en punto de la mañana en Los Ángeles, California. Judeline, Lara Fernández Castrelo en el DNI, se acaba de levantar y está despeluchada y con cara de sueño. Por eso, aunque la rutilante foto que ilustra esta entrevista se hizo en Madrid, en vísperas de su viaje, prefiere no activar la cámara en la llamada telefónica que hemos acordado a esa hora y que inicia ella misma como un clavo. La cantante, gaditana de Barbate, se marchó hace una semana a Los Ángeles sin billete de vuelta y pasa los días probando en el estudio sus nuevas canciones mientras, en la misma ciudad, los Javis y parte del reparto de La bola negra, promocionan a destajo la película en su carrera a los Oscar. La versión de Judeline del clásico pasodoble Soldadito español para la banda sonora del filme se ha convertido en una de sus señas más reconocibles. Eso, junto a que la canción BbYWOW, en colaboración con Karol G. y Rusowsky, la convirtieron en septiembre en la cantante española más reproducida de la historia en Spotify, pueden hacer parecer mayor de lo que es a una chica que solo tiene 23 años. Por algún sitio hay que romper el hielo.

Lara Fernández Castrelo eligió de jovencita llamarse Judeline, en recuerdo de Hey, Jude, la canción de los Beatles. De más jovencita, se entiende, porque Lara (Barbate, Cádiz) acaba de cumplir 23 años, aunque algunos no alcanzan sus hitos en toda una vida. Ella misma ha contado que salió de una depresión severa, causada por el acoso y el aislamiento escolar que sufrió de niña, gracias a la música. Hoy, quiere comerse el mundo.
El lugar de trabajo de Isabel Díaz Ayuso se ha convertido en motivo de especulación, como le ha ocurrido antes con las relaciones personales o la supuesta ambición por entrar algún día por la puerta de La Moncloa. La presidenta de Madrid es seguramente la política española más expuesta a la opinión pública por su ejercicio diario de acaparar la atención. No hay charco al que no se lance, ningún tema que le resulte ajeno. Sus explosivas declaraciones contra sus rivales impactan como golpes secos. Un lector medio informado puede desayunar, almorzar y cenar Ayuso. Sin embargo, adivinar en qué espacio opera a día de hoy no resulta sencillo.

“No estamos pidiendo que se prohíba a los adultos comer en un McDonald’s. Preguntamos si es adecuado instalar una macrohamburguesería de estas características frente a un colegio con 2.200 alumnos”. Esta es la queja que un grupo de vecinos del centro de San Sebastián y padres de alumnos del Colegio Aldapeta María han planteado contra la próxima apertura de un establecimiento de la citada multinacional de comida rápida a escasos metros del mayor centro educativo de Gipuzkoa. “Entre todos tenemos que hacer algo para impedirlo. Está en juego la salud de nuestros menores”, afirma Ramón, vecino de la calle Lizarra, donde se ubicará el citado restaurante.

Es una reunión de coordinación de equipos, como cualquier otra en una empresa en España. De repente, alguien encarga 10 kilos de melocotones “que queden bonitos en cámara” y otros preguntan si las algarrobas se pondrán pochas en el armario antes de emitir su reportaje. Por muy atípico que suene, algo así pasa cada semana en la reunión de atrezzo de Aquí la Tierra. Y quizás esa particularidad es por la que se ha erigido en el segundo programa más visto de TVE, uno que desde su estreno hace más de 12 años casi ha doblado su audiencia media.






El clamor es global. De Bangladés a la Plaza de la Bastilla, de Nueva Delhi y Madagascar a la Puerta del Sol y las calles de Tirana y Belgrado. Cuesta imaginarse sociedades y realidades económicas y políticas tan distantes, y reivindicaciones más dispares. Pero lo que comparten las manifestaciones de los últimos meses en estos países —algunos con economías precarias y dirigentes autoritarios y otros ricos y con democracias consolidadas— es algo muy real. Quienes protestan nacieron todos entre finales del siglo XX y los primeros años del actual. Son los jóvenes que crecieron con la crisis financiera de 2008 y la pandemia. Los que aprendieron a ser ciudadanos en un entorno digital. Los que llegan a la edad adulta en plena explosión de la inteligencia artificial con las oportunidades y amenazas que plantea. Lo que estos jóvenes reclaman tiene particularidades locales: la corrupción y el nepotismo de los gobernantes, el encarecimiento de la vida y el coste de la vivienda, la pérdida de oportunidades educativas o la precariedad laboral. Pero reflejan un malestar común. Las instituciones y los gobiernos se han revelado incapaces de responder a sus demandas y, para muchos de ellos, el futuro ha dejado de ser una promesa. Es una amenaza.