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Estaba destinado a convertirse en uno de los mejores guitarristas de la historia, pero de chaval Brian May no tenía dinero para comprarse una guitarra. Fue así como construyó, con 16 años y junto a su padre, la Red Special. Con ella compuso algunos de los temas más memorables de la historia del rock: We Will Rock You, Who Wants to Live Forever?, I Want it All o The Show Must Go On. Queen revolucionó la música. Freddie Mercury era un rockero con el repertorio vocal de un tenor. May hacía algo similar con su guitarra: a veces sonaba contundente y rasgada, otras conseguía los efectos de un violín o un chelo.
El minuto 71 del Real Madrid-RB Leipzig del miércoles dejó una de esas escenas a las que quizá haya que regresar en el futuro para reconocer en ella un punto de giro. José Mourinho retiró a Vinicius, despedido por el Bernabéu con una buena pitada, e introdujo a Yan Diomande, recibido con la alegría que procuran las nuevas esperanzas. El brasileño se iba sin haber intentado un solo regate. Su sustituto dio una asistencia y embocó el 4-1, una volea deslumbrante que culminaba su adaptación a la élite justo a tiempo para el clásico de esta noche en el que faltará Vinicius, sancionado.
Se suponía que un verano tenía que descansar y al otro, disfrutar. No fue el caso para Fermín López en ninguno de los dos. En el verano de 2025, la Federación lo había liberado de disputar el Europeo sub-21 tras formar parte de la expedición de la absoluta que cayó en la final de la Nations League contra Portugal. En 2026 iba a jugar su primer Mundial, en Estados Unidos, México y Canadá. Ni tuvo un verano tranquilo en 2025 ni disfrutó en 2026 de la segunda estrella de la Roja.
Este sábado, 24 de octubre, termina la estancia de la Familia Real en Asturias con motivo de los Premios Princesa de Asturias. La cita es en Llanes para la entrega de la distinción Pueblo Ejemplar de Asturias 2026, aunque este año el galardón no ha recaído en el municipio en sí, sino en una institución con siglos de historia: la Cofradía de Pescadores de Santa Ana. Sobre las 12.30 —con media hora de retraso sobre la hora oficial prevista—, los reyes Felipe VI y Letizia, acompañados de la princesa Leonor y la infanta Sofía —como viene ocurriendo desde el año 2019—, han llegado al municipio asturiano, donde han sido recibidos por gaiteros, decenas de curiosos y por las autoridades —entre ellos el alcalde, el ministro Luis Planas o el presidente del Principado— y miembros de esta cofradía vinculada al mar desde la Edad Media. Antes de empezar su recorrido intramuros, los cuatro se han detenido unos minutos a saludar y tomarse selfis con las decenas de vecinos que les esperaban.

A comienzos de la década de 1980, Interviú mandó a Pilar Eyre a cubrir un acto de los Reyes en Barcelona. La periodista nunca había tratado con el monarca y su consorte y estaba un poco nerviosa. Antes del encuentro, una experta en protocolo del palacio le explicó cómo debía comportarse. Tenía que hacer una genuflexión ante el jefe del Estado y su esposa, no debía tocarles ni mirarles fijamente a los ojos y, sobre todo, no podía comentar ninguna incidencia en su crónica. Eyre hizo exactamente lo contrario. No se agachó, les dio la mano, los miró a la cara y en la pieza que publicó al día siguiente en la revista reveló que Juan Carlos I había pedido un whisky en pleno besamanos.


“España es un país putero”, dice la guionista y productora Isabel Peña. No es una opinión, es una afirmación con los datos por delante de la ONU: España es el primer país de Europa y el tercero del mundo (por detrás de Puerto Rico y Tailandia) en consumo de prostitución. Más del 80% de las mujeres prostituidas en España lo hacen de manera forzada, como corroboran los informes policiales. Y, de hecho, la trata de mujeres con fines de explotación sexual no fue delito en nuestro país hasta 2010. “Lo intuíamos… Quiero decir: España es un país en el que muchas comidas de trabajo acaban en un prostíbulo. Sentíamos que había algo que no se había contado y que nosotros no conocíamos, una pregunta que tenía potencial de ser investigada: ¿qué pasa aquí dentro?”, continúa Peña, colaboradora habitual de Rodrigo Sorogoyen (As bestas, El ser querido) que ahora se ha unido de nuevo a Eduardo Villanueva (tras Antidisturbios) para firmar la serie El castillo (Movistar Plus+). Para crearla partieron del libro de Mabel Lozano, El proxeneta, y continuaron con su propia investigación para centrar la historia en el cambio de siglo, en el momento de las aperturas de los macroclubs de carretera, ese momento de “España va bien” en el que los chulos empezaron a llamarse a sí mismos empresarios de la noche y a hacerse millonarios trayendo bajo engaño a muchas mujeres de Europa del Este o Latinoamérica, que vivían y (aún viven) esclavizadas, secuestradas y que eran las únicas damnificadas en las redadas.
Carmen de Juan (Another Artists Agency)
Hay portadas sobre temas de los que todos hablan; otras, de asuntos de los que nadie se atreve a discutir. También están aquellas que dan que hablar, las que tratan cuestiones sobre las que jamás pensaste que podrías tener una opinión y las que dan voz a alguien para que cuente lo que nadie ha contado. Las 219 portadas aquí recopiladas contienen todas estas categorías. Desde el primer número, que abordaba el tema del aborto cuando pocos se atrevían a hacerlo, hasta el relato de aquellas horas que Antonio Muñoz Molina compartió con Salman Rushdie, a quien el integrismo quería silenciar para siempre. También están las portadas publicadas en plena pandemia de la covid, que aportaban contenido a la conversación que todos queríamos tener. Y luego está Millás y su biografía de una mosca. Jamás pensamos que su vida nos llegaría a interesar tanto. Así es El País Semanal, la parte del periódico que es revista y la revista que más se asemeja a un periódico.
Quino Petit
Carlos Rosillo
Xavi Sancho, Borja Hermoso, Javier Rodríguez Marcos, Tereixa Constenla y Pablo Ordaz
Paloma Espino
Ernesto Orellana y Marta Carretero
Ruth Benito
Alejandro Gallardo
Toda portada es un salto al vacío, a ese espacio donde la revista se lo juega todo a un golpe, a conectar con el lector, a plasmar el espíritu del momento. No hay fórmulas para el éxito, aunque sí palancas. La emoción, el gusto y la oportunidad son tres de ellas. Su naturaleza difusa las vuelve esquivas, pero cuando se logra unirlas salta esa chispa en la que convergen la mirada del portadista y la del lector.

Un día, allá por mi breve y atormentado paso como redactora jefa de El País Semanal (entre 1981 y 1982), estando en el despacho de Juan Luis Cebrián para recibir, supongo, alguna reprimenda, el entonces director del periódico me dijo que debíamos sacar reportajes y contenidos más lujosos, que tenía que ser una revista aspiracional, que la gente la leyera imaginando que alguna vez podría llevar ese tipo de vida. Bajé la cabeza y asentí, cómo no hacerlo ante la jerarquía, pero regresé a la Redacción llena de dudas. Entendía a la perfección lo que Cebrián decía, pero ese era el modelo de un Elle, por ejemplo, y para mí El País Semanal siempre había sido algo muy distinto. Algo imposible de definir, de abarcar, de apresar y alicortar dentro de un modelo. Así que me temo que no hice mucho caso.

Que la primera portada de El País Semanal se dedicara a las mujeres que viajaban a Londres para interrumpir un embarazo no deseado me llena de orgullo. Es la constatación de que el periódico nació con la intención de escuchar el clamor de la calle. Este era un clamor extraño: todo el mundo sabía algo del viaje de las jóvenes españolas a Londres, pero nadie hablaba de ello abiertamente. Fue una emigración silenciosa, un éxodo de mujeres que solo confiaban su secreto a alguna buena amiga; pero en esa red eficaz en la que se suele mover lo clandestino, una chica de barrio siempre encontraba algún contacto que, de manera altruista, la ayudaba a emprender su viaje. Esta portada, la de la chica sin nombre que ha acabado siendo cualquiera de las que se vieron inmersas en aquella experiencia, me causa una indescriptible emoción.
