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En 2019, un fuerte temporal marítimo desenterró un pecio del siglo IV d. C. a solo 65 metros de distancia de la playa de Ses Fontanelles (Mallorca). Así, a dos metros de profundidad, se hicieron visibles los restos de una embarcación de 12 metros de eslora y cinco de manga que transportaba en dos niveles 320 ánforas perfectamente conservadas. Seis años han tardado los arqueólogos en descubrir quiénes fletaron aquel barco que naufragó próximo a la costa balear, qué productos transportaba, de dónde partió y hasta cuánta gente participó en el etiquetado de los envases. El estudio Epigrafía anfórica del pecio tardorromano de Ses Fontanelles (Mallorca) califica el hallazgo de “extraordinario, pues nunca hasta ahora se había encontrado un pecio con el material in situ en un estado óptimo de conservación que ofreciera la posibilidad de estudiar el cargamento anfórico engranando múltiples piezas, que normalmente nos llegan fragmentadas y dispersas en los yacimientos subacuáticos”.



Mientras la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, sigue poniendo sacos terreros para intentar que la marea de indignación sobre cómo se trata la invasión de Gaza en el certamen no le inunde las salas de cine, las proyecciones de la 76ª edición del festival prosiguen. El certamen alemán siempre ha sido el festival de cine más politizado, pero el terremoto del año pasado ha mantenido su onda expansiva en 2026, provocando la sensación de que existen víctimas de primera clase (ucranianos e iraníes) y de segunda (gazatíes). Tuttle ha hablado mucho más de política que de comisariado fílmico.
Los límites entre la vida y el espectáculo resultan cada vez más borrosos. También en el propio negocio del audiovisual: recordemos cómo la reciente gira de promoción de Wicked: Parte II se convirtió, casi desde el primer día, en un show paralelo a la propia película, tal y como se concibe en los tiempos de la Web 3.0. Es decir, en una gran mina de memes, vídeos virales y artículos de prensa digital alrededor de la relación entre las protagonistas, Cynthia Erivo y Ariana Grande. El tono oscilaba entre la burla y la suspicacia, lo que no ocurría por primera vez: ya en 2024, con el estreno de la primera parte del musical, el comportamiento de ambas actrices se había leído como ridículo o patológico. Cierto es que, en sus apariciones públicas, las dos parecían instaladas en un estado de hipersensibilidad emocional que resultaría agotador para cualquier psique humana. Y que la pulsión protectora de Erivo sobre Grande generó algunas situaciones desconcertantes, como cuando la primera asía y besaba el brazo de la segunda después de que un entrevistador lo agitase con excesivo entusiasmo.
El cine brasileño disfrutó en los años sesenta de esa cosita tan vistosa pero también efímera llamada moda. Y recuerdo haberme sentido impresionado (todavía era sensible a las críticas de cine y al nacimiento continuo de cinematografías exóticas que iban a revolucionarlo todo) por Dios y el diablo en la tierra del sol. Por si acaso, no he vuelto a verla, admitiendo su exotismo y su militancia. También recuerdo haberme aburrido notablemente con otras. Y después, en los años setenta, ese país sufrió una dictadura, tan asquerosa y salvaje como todas ellas, y consecuentemente también prohibió el cine que intentara hablar del estado de las cosas. Pero no pudieron anular la maravillosa música que se creaba en ese país. Ahí estarán para siempre las canciones de Caetano Veloso, Vinicius de Moraes, Chico Buarque, Antônio Carlos Jobim.
Dirección: Kleber Mendonça Filho.
Intérpretes: Wagner Moura, Tánia Maria, Hermila Guedes Kaiony Venâncio, Udo Kier.
Género: drama. Brasil, 2025.
Duración: 161 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
El fantasma de mi mujer, la nueva película de María Ripoll, es una comedia loca de enredos de cama e infidelidades que parte de buenas ideas pero no logra ir más allá de sus intenciones. Sin un colchón perfecto, propio de las grandes películas de este género, es difícil soportar el peso que implica la comedia disparatada. El reto es dar con el tono, ese intangible capaz de provocar carcajadas con la mezcla de gags excesivos y chistes rijosos.
Dirección: María Ripoll.
Intérpretes: Javier Rey, Loreto Mauleón, María Hervás, Macarena Gómez, Marcos Cáceres.
Género: comedia. España, 2026.
Duración: 95 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Entre las cinco candidatas al Oscar a la mejor película de animación siempre se han colado títulos ajenos al puro entretenimiento, al cine de multisalas y palomitas, al espectáculo de masas que, con más o menos arte (normalmente, con bastante o mucho arte), arrasa en taquilla. Pero en los últimos años, junto a las inevitables Disney, Pixar y DreamWorks, grandes productoras animadas estadounidenses quizá lejos de su mejor forma, los nominados foráneos con un mundo y un estilo más adulto y complejo, además de creativo, se han hecho aún más constantes.
Dirección: Maylis Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang.
Género: drama de animación. Francia, 2025.
Duración: 77 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Del Nuevo Hollywood de finales de los años sesenta y setenta solemos recordar algunos de sus grandes hitos en sus diversas vertientes, de El graduado a Tiburón pasando por El padrino. Pero, en los 14 años que básicamente duró el mejor periodo histórico del cine estadounidense (y mundial), hubo un enorme número de títulos, mucho menos conocidos para el gran público y quizá más desequilibrados, que en cambio enarbolaron la bandera de la autenticidad, la cercanía, la energía y la madurez a través de relatos protagonizados por gente vulgar y corriente, y dirigidos por cineastas que solían llevar su cámara y ejercitar su mirada como si te estuvieran apuntando a la cabeza con una pistola a centímetros de distancia.
Dirección: Bradley Cooper.
Intérpretes: Will Arnett, Laura Dern, Andra Day, Ciarán Hinds, Bradley Cooper.
Género: drama. EE UU, 2025.
Duración: 124 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Hija de un profesor de Filosofía y de una profesora de Francés, Andrea Fuentes Fache (Valls, Tarragona, 42 años) es cuatrilingüe, dulce y tremendamente curiosa. Pero no tiene un segundo libre. La cita es en el lugar que mejor conoce del mundo: el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, en Barcelona. Allí entrenó durante lustros con su hermana, Tina, y allí acude a diario, en bicicleta, para preparar a la selección española de natación artística. Llega sonriente y cauta tras terminar su sesión de terapia. Ha aceptado hablar durante dos horas, pero pide permiso para recoger unos paquetes antes de que cierre la oficina. Es el cumpleaños de su marido, el gimnasta Víctor Cano, al que también conoció en este centro. El suyo está al caer. A sus hijos, Kilian y Sira, les ha pedido de regalo media hora de tiempo libre.

El entrenamiento se ha alargado un poco más de la cuenta y Will Clyburn (Detroit, Estados Unidos; 35 años) sale escopeteado al vestuario para saludar a su familia por teléfono. Son dos minutos que le recargan de energía, pues no las tenía todas consigo con lo de hacer fotos y entrevista. Pero una vez puesto en faena, habla, ríe y razona, repantigado en una silla del Palau, cómodo con la grabadora y su discurso. Nada le altera como tampoco lo hace en la pista, preparado ahora para afrontar la Copa del Rey y los cuartos de este viernes contra el UCAM Murcia (21.00, Dazn).

En el baloncesto, como en la guerra, no siempre gana el más fuerte. A veces vence quien mejor entiende el ritmo del combate. Paolo Galbiati, entrenador del Baskonia, habla del juego en esos términos: anticipación, lectura del momento, control emocional. En su mesilla conviven dos referencias que ayudan a explicar su manera de entender el deporte: Kobe Bryant y El arte de la guerra. Una mentalidad obsesiva y una filosofía estratégica. Disciplina y adaptación.