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El Santander da un gran salto en su plan para implantar la inteligencia artificial (IA) en toda la entidad. El banco ha rubricado un acuerdo con el gigante tecnológico Nvidia para desplegarla. El pacto tiene una duración de tres años y entronca con las promesas de la presidenta del banco, Ana Botín, en la presentación del último plan estratégico, en el que proponía un modelo de entidad más rentable y con menos costes, gracias, entre otras cosas, al impacto de la IA.

Con la llegada del otoño y la bajada de las temperaturas, el dormitorio se convierte en el principal refugio de la casa. Meternos en la cama, acomodarnos con una almohada cómoda, encender la lámpara de la mesita de noche y arroparnos con las sábanas y el nórdico es uno de los mayores placeres de esta época del año.





Decenas de miles de jóvenes han tomado las calles en Francia, Bélgica, España, Portugal, Italia y Albania. Se suman así a la llamada revolución de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), que impulsó en los dos últimos años la caída del Gobierno de Bangladés, la dimisión del primer ministro de Nepal y la disolución del Gobierno de Madagascar. Ahora, en Europa, a las puertas de un superciclo electoral, en el que se decidirán los gobiernos de cuatro de los cinco países más poblados de la UE (Francia, Italia, España y Polonia), los jóvenes comparten un descontento generacional marcado por la sensación de que su futuro se vuelve cada vez más estrecho y precario.
Levantarse por la mañana con la sensación de que cuesta más pensar con claridad puede deberse a un mal descanso. No dormir lo suficiente, el calor extremo, el estrés o determinados cambios en los hábitos pueden afectar al rendimiento cognitivo y provocar falta de concentración, confusión, espesura o fatiga mental, entre otras. Pero ¿cuáles son las causas y por qué aparece? ¿Se puede medir? ¿Afecta a todos por igual? Y, sobre todo, ¿cómo se puede distinguir entre un cansancio normal y una niebla mental que conviene revisar? Sus causas son variadas y van más allá de dormir mal.
El pasado 12 de agosto se vivió un momento que el rock había dado por perdido. Ritchie Blackmore regresó a Deep Purple después de 33 años de ausencia y décadas de peleas con su gran enemigo, el vocalista Ian Gillan. El encuentro fue breve: apenas seis minutos y medio, los que duró la interpretación de Smoke On the Water, con el fraseo de guitarra más famoso del rock duro, obra de Blackmore. Ocurrió en la parada neoyorquina de la gira de 2026 de Deep Purple. “Histórico reencuentro”, tituló Rolling Stone.
Carlos Franganillo, Matías Prats, Iñaki Gabilondo, Ana Blanco, Pedro Piqueras, Olga Viza, María Escario, Manuel Campo Vidal y Paco Montesdeoca regresan este lunes a TVE. Lo hacen en una edición especial del TD2 titulada El Telediario de nuestras vidas, grabada en Torrespaña bajo la dirección de Carlos del Amor y presentada por la actual conductora del espacio nocturno, Pepa Bueno, y con la participación de Lorenzo Milá.
Odiar Madrid se ha convertido en un género literario. No uno cualquiera, sino uno de esos que aspiran a conferir prestigio y distinción a quien lo ejerce. Como el haiku o las novelas gordas. Renegar de la capital de España, despreciar su atmósfera o denunciar la hostilidad de sus gentes (así, en plural, como harían Yolanda Díaz o Julio Iglesias) ha pasado a ser una pose pretendidamente chic y cultivada. Odiar Madrid es salirse de la masa ejerciendo de masa, es reivindicarse viajero contra los turistas o defender la civilización frente a la barbarie. Odiar Madrid es elegir lubina cuando crees que todos piden chuletón.
El anuncio del PSOE, Frente Amplio y otras fuerzas de izquierda territorial, diez minutos antes de la medianoche de este viernes, sobre su candidatura única al Senado actúa todavía como bálsamo para los sectores de izquierda frustrados por el fracaso de la coalición con Podemos. Una operación de más de seis meses concluyó con un acuerdo para ir en listas conjuntas en la cámara Alta en 43 provincias, al límite del cierre legal de la comunicación de las coaliciones; quedan fuera Cataluña y Canarias, salvo la circunscripción de La Gomera. El temor los ha unido.