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La Generalitat Valenciana rechaza la creación de un Servicio Valenciano de Meteorología, una agencia propia que colabore directamente con la Agencia Española de Meteorología (Aemet) y otras instituciones, similar a las que funcionan en otras autonomías como Euskadi (Euskalmet), Galicia (MeteoGalicia) o Cataluña (Meteocat). El Gobierno, presidido por Juanfran Pérez Llorca, del PP, no considera necesaria la puesta en marcha de este nuevo servicio que planteó el pasado enero el grupo parlamentario de Compromís por medio de una Proposición de Ley.

Para Maximilian Kasy (Viena, 43 años), la pregunta verdaderamente importante, y aterradora, sobre inteligencia artificial es: ¿quién la controla? Catedrático de Economía en la Universidad de Oxford, este matemático y experto en técnicas de aprendizaje automático acaba de publicar The Means of Prediction: How AI Really Works and Who Benefits (Los medios de predicción: cómo funciona realmente la IA y quién se beneficia), editado por la Universidad de Chicago, un libro en el que sostiene que los conflictos fundamentales de la IA no surgen de la lucha entre humanos y máquinas, sino entre los que controlan esta tecnología y todos los demás.

Ocho galerías españolas y tres latinoamericanas —la mayor presencia de habla hispana hasta la fecha— han acudido a TEFAF, la feria internacional de arte y antigüedades más famosa de su clase, que abre su 39 edición al público este sábado en la ciudad neerlandesa de Maastricht. Con 277 marchantes de 24 países, TEFAF suma este año una cifra récord de más de 670 obras de mujeres artistas y diseñadoras, y se consolida como punto de encuentro para los museos que buscan completar sus catálogos. En un mercado cambiante, la feria mantiene su tradicional pieza sorpresa, en esta ocasión, un Salvator Mundi, del taller de Leonardo da Vinci. Entre los grandes maestros españoles hay un Velázquez, el Retrato de don Sebastián García de la Huerta.



Después de ver en televisión que venden cursos para sobrevivir a una hecatombe, decidí que, entre saber abrir un cerrojo y beber agua de una piscina sin morirme, prefiero casarme con un desconocido, así que opté por ver Casados a primera vista, en Telecinco. Espóiler: no lo intenten en sus casas, ni lo uno ni lo otro.
La palabra amor suena bien en todos los idiomas, porque nombra un sentimiento esencial ligado a nuestra idea de felicidad. Pero el amor no es un regalo de los dioses, por más que se le represente como un caprichoso Cupido, sino un misterio insondable, un propósito de largo alcance que exige grandes esfuerzos. Un impulso complejo que el filósofo británico John Armstrong analiza en casi todas sus vertientes en su libro Los requisitos del amor. Una filosofía de la intimidad, salpicado con ejemplos de la literatura universal, de la pintura, la música y hasta la ciencia y la política. Armstrong se confiesa, con todo, un perdedor en la batalla por conquistar el amor duradero, lo que no le impide estudiar su fisonomía al detalle.

Regresan los tipos duros. Al menos, al terreno de la política y no solo a los partidos más de derechas, de los que (caballos, chuletones y simbología guerrera mediante) nunca se marcharon. Desde hace algunos años ganan presencia en espacios de izquierdas, y lo suyo no es tanto un desplazamiento ideológico como una estrategia comunicativa. Hoy muchos líderes y referentes progresistas buscan proyectar una imagen disciplinada y agresiva mediante una estética que no se desvía un milímetro de aquella masculinidad más ortodoxa o tradicional que hasta hace poco era cuestionada.
Dos ciudadanos franceses secuestrados en el Sahel están a punto de ser liberados tras varios días de cautiverio. Antes de dejarlos ir, los terroristas les piden un favor: ¿pueden evaluar su experiencia? Uno de ellos, algo avergonzado, apunta que le hubiera gustado tener un colchón solo para él. La escena ficcional y caricaturesca de la serie francesa Bajo control (2023) condensa un rasgo de la actualidad: hoy, prácticamente cualquier experiencia puede ser reseñable.
La mecha la prendió una publicación en redes sociales. A comienzos del mes de febrero, Jason Ignacio White, exjefe de fermentación del restaurante Noma de Copenhague, compartió en su perfil de Instagram un comentario en el que explicaba una situación que presenció mientras trabajaba en el multipremiado establecimiento danés. Según White, una estudiante en prácticas se quemó la cara con vapor al abrir el horno y, en lugar de prestarle ayuda inmediatamente, parte del personal de Noma se rio de ella. A este testimonio le siguió una avalancha de historias de abuso sufridas por estudiantes y trabajadores del restaurante, protagonizadas, en su mayoría, por su jefe de cocina y propietario, René Redzepi (hay varios testimonios que apuntan a otros miembros de Noma que ocuparon puestos de responsabilidad y que también exhibieron comportamientos abusivos hacia el personal).

Hace calor en el pabellón de Matadero Madrid donde la pintora Nieves González (Huelva, 29 años) expuso sus obras la semana pasada, en el marco de la feria de arte contemporáneo CAN Art Fair. Pero la onubense no duda en posar delante de ellas ataviada con un voluminoso plumífero azul eléctrico. La elección de la prenda no es casual, remite directamente a un símbolo recurrente en sus cuadros: el plumas a todo color como artefacto capaz de dinamitar la imagen que tenemos arraigada de las santas barrocas. Cuatro siglos después, González revisita este arquetipo y las presenta como mujeres dueñas de sus destinos. “El plumas es un paralelismo con las ropas de Zurbarán, esos volúmenes barrocos de la nobleza y la realeza, tan exuberantes”, explica. “También hace referencia a los materiales de hoy en día, no solo a nivel visual, sino simbólico, porque el plástico nos representa muchísimo, también como sociedad”.