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Europa está siendo atacada militarmente por Rusia, económicamente por China y políticamente por Estados Unidos. Pero los mayores líos están en casa, con un arreón formidable de protestas callejeras que tiene patas arriba al continente más grande y más pequeño, más antiguo y más nuevo, más unido y más dividido del mundo. Y con un superaño electoral por delante (España, Polonia, Italia y la guinda, Francia, junto con varios países más), que examinará cómo digiere ese malestar la vieja democracia liberal. Los jóvenes expresan su frustración en manifestaciones masivas. Los ciudadanos reclaman seguridad, servicios públicos, un refuerzo del poder adquisitivo y cada vez más control de la inmigración. La política no termina de atender esas demandas, y tanto en Bruselas como en los gobiernos nacionales el centro se desmorona. La pujanza de la extrema derecha parece irresistible. La Gran Recesión sacó ese fantasma del armario ropero de la historia: los ultras pasaron entonces de la anécdota a la categoría, pero solo en un puñado de países y con apoyos titubeantes. Aquella crisis nunca se fue del todo: ha dejado algo parecido a una Gran Insatisfacción entre los jóvenes, y una suerte de angustia socioeconómica en todos los demás. La extrema derecha se ha ido asentando en ese lecho fértil para sus propuestas: los ultras alcanzan ya apoyos del 30%, en algunos países incluso más. Y a día de hoy esa marea extremista convive con otro viejo conocido de Europa, las protestas callejeras, a veces incluso violentas, protagonizadas por jóvenes en media docena de países.
“La gente me tiene harto. Janja [mi esposa] se levanta todos los días con un ‘va, hazte un selfi”. A punto de cumplir 81 años, Luiz Inácio Lula da Silva nunca había tenido celular y no terminaba de entender a la generación que vive con el dedo pegado a la pantalla. Pero su rival, Flávio Bolsonaro, llevaba meses hablando a Brasil con el teléfono en la mano y acababa de derrotarlo en la primera vuelta de las elecciones. El presidente le vio las orejas al lobo y apenas tres días después dio un paso simbólico pero decisivo para su victoria. “No me gusta. Pero hoy decidí hacerlo”, anunció el pasado 7 de octubre.
Todo el mundo quiere acostarse con Nathan Fielder. Así ha titulado la CNN un artículo donde el periodista David Mack reflexiona sobre el extraño sex appeal del documentalista, en boca de todos tras el estreno de You Can See Everything (Puedes verlo todo), el documental que codirige (junto a Lance Oppenheim) sobre Elizabeth Holmes, la fundadora de Theranos. Se prevé que la película llegue a los cines españoles el 25 de diciembre, pero en Estados Unidos ha sido tan grande su éxito y repercusión que ya se habla de que podría ser el primer documental nominado al Oscar a mejor película, o incluso el primero ganador. Pero la gente no solo está hablando de su calidad.
Desde el año 2016, fecha de la primera elección de Trump, Estados Unidos ha sido testigo del desarrollo de una nueva ideología radical en internet. Ella está formada por los “reaccionarios” o “neorreaccionarios”, que se denominan a sí mismos “la Ilustración oscura”. Las posiciones políticas que defienden son antiguas e hipermodernas a la vez: destruir la democracia, dirigir el Estado como una empresa, etcétera, que han ido desplazándose desde el extremo derecho hacia el centro de la derecha política (la ventana de Overton). Gracias al apoyo de unos cuantos multimillonarios de Silicon Valley y a la segunda victoria de Trump están en disposición de convertir a EE UU en el laboratorio de su proyecto. Esto es lo que se juega en las elecciones de medio término del próximo martes.

Hay una peña de treintañeros andaluces en Madrid que se llama La Gata, en honor a la rapera fallecida Gata Cattana. La mayoría son profesionales expulsados por el mercado laboral que tienen a sus padres, hermanos, parejas y amigos en Andalucía y que nacieron ya con la certeza de que la alta velocidad era el cordón umbilical con su tierra. En enero pasado, cuando el accidente de Adamuz truncó sus rutinas de forma dramática, articularon un mecanismo para compartir coches en trayectos de ida y vuelta que, casi como un acto reflejo, reactivaron de forma eficaz este miércoles ante la nueva tragedia ferroviaria en el mismo corredor. Decenas y decenas de mensajes brotaron en el chat con teléfonos, horarios y destinos para ayudarse. Pertenecen a una generación arrollada emocionalmente por la distopía de la pandemia, la devastación de los incendios e inundaciones, la erupción de un volcán y el choque de trenes, dos en un año.
El discreto ingeniero checo Ondrej Surý, de 49 años, tiene 273 seguidores en la red social Mastodon y esta semana estaba de vacaciones en Italia. Tiene también un perfil en la plataforma Patreon en el que 490 personas le dan 1.539 euros mensuales. Allí se describe con estas palabras complejas: “Soy el principal empaquetador de PHP para Debian y de otros paquetes”. Bajo esos oscuros conceptos de software se esconde un trabajo voluntario que la semana pasada salvó millones de webs en todo el mundo.

Aleix Teixidor tiene 27 años y es médico residente en el Hospital Clínic de Barcelona. Desde hace un par de años, cada mañana, emprende un viaje de más de 30 kilómetros entre Mataró y la capital catalana a bordo de un autobús de línea que circula por la autopista C-32. El viaje no es largo. En el peor de los casos dura 40 minutos. Los peor es, sin dunda, conseguir un asiento. Teixidor se ha resignado a ir –“casi cada mañana”- sentado en el suelo del vehículo, apoyado contra una de las paredes, donde incluso consigue quedarse dormido. “No es normal que la gente vaya de pie por una autopista a más de 80 kilómetros por hora”, denunciaba el jueves. Ese día, solo habían pasado cuatro después del accidente de autobús de Fogars de Montclús (Barcelona) que dejó 87 heridos. Muchas de aquellas víctimas viajaban de pie en el autocar. Al día siguiente de la tragedia, la consejera de Interior, Nuria Parlon, abrió la puerta a prohibir que los pasajeros vayan de pie en los autobuses interurbanos. Pese a la reflexión de Parlon, viajar de pie en autobús interurbano atravesando a toda velocidad autopistas, es habitual en los trayectos del Maresme o del Vallès. Esta anomalía tiene, sobre todo, un responsable: las reiteradas crisis de Rodalies. La mala situación ferroviaria ha empujado a miles de usuarios del tren a buscar alternativas por carretera agravando la saturación de los autobuses




Hay libros que transportan al lector hasta lugares que apenas conoce y que, sin embargo, terminan hablándole de cuestiones que le resultan muy cercanas. La guerra, la desigualdad, el colonialismo, la defensa del territorio o la lucha por encontrar una vida digna atraviesan estas páginas, escritas desde Armenia, Nigeria, Sudán, Mozambique y Bolivia. Cinco geografías muy diferentes que comparten la necesidad de contar sus propias historias y de hacerlo desde palabras que se resisten a los relatos simplificadores.


Kerstin Hottner, responsable de materias primas de Vontobel, reconoce que si a principios de año le hubieran dicho que el estrecho de Ormuz iba a estar ocho meses prácticamente bloqueado, habría esperado un precio del petróleo en los 200 dólares y que el shock energético que ha sufrido el mundo este año podría haber sido aún mucho peor. Esta experta alemana no espera grandes mejoras en el corto plazo. Alerta del reducido nivel de reservas de gas con que Europa encara el invierno, del precio elevado que mantendrá el diésel por culpa de unos fletes disparatados y de un petróleo que podría encarecerse aún más en cualquier momento. Sobre todo si Trump decide volver a la carga contra Irán.
Deutsche Boerse ha tocado máximo histórico, es una de las compañías del Euro Stoxx que más sube en el año (43%) y tiene potencial para prolongar el rally: el 65% de las recomendaciones son de compra y el 30% de mantener, según Bloomberg. Su escalada comenzó en octubre de 2023 (gana el 115% desde entonces), pero el último tramo de 2026 está siendo especialmente favorable para la cotización, que ya ha alcanzado una capitalización superior a los 58.500 millones de euros.