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“Este firma con dos apellidos”, se escucha gritar en la Redacción. “En web sale automático, pero en papel hay que ponerlo”. Ese que signa con los dos apellidos es Joan Serra Carné, opinador de EL PAÍS Catalunya. Recuerdo que me lo dijo cuando firmó su primer artículo en el diario. Y me lo recordó en semanas sucesivas, cada vez que me olvidaba. Pero, al final, todos aprendimos que Joan Serra, periodista de SER Catalunya, siempre firma con sus dos apellidos: Serra Carné. Nunca le pregunté por qué hasta esta semana. “Antes siempre firmaba con un apellido, el primero, pero cuando se puso enfermo mi padre pensé que una forma bonita de homenajear a mi madre por cómo lo estaba cuidando era firmar también con el segundo apellido. Y desde entonces lo he hecho así. Porque quería dedicárselo a mi madre por todo aquel proceso, que resultó tan duro. Esta es la historia, no tiene más profundidad, pero es un detalle para visibilizar todo lo que ha hecho mi madre”. Serra Carné no es el único que usa su apellido para homenajear.

Mi sobrina de trece años se vuelve loca cada vez que nos cruzamos por la calle con una tienda de bubble tea. Se agarra del cuello con las manos, retuerce su torso como una anguila y me mira con cara de llevar diez días de travesía por el Sahara sin ingerir ni una sola gota de agua. “¡Me muero de sed!, ¡por favor!, ¡necesiiiitooooo…!”. Esa bebida de origen taiwanés que mezcla perlas de tapioca con leche, frutas, jarabes y té, adquiere unas tonalidades lisérgicas que me recuerdan a las setas venenosas que afloran alrededor de los árboles con colores llamativos. Mientras que, para mí –un señor nacido en el 1900– beberme un líquido rosa con bolitas negras es un peligro que alerta de una muerte inminente, mi sobrina piensa que se trata de un brebaje divertido y un consumo de fantasía.



Estados Unidos ha golpeado a Irán donde más le duele. Este viernes, Donald Trump ha anunciado el bombardeo de objetivos militares en la isla de Jarg, la principal terminal petrolera del país y por la que pasa el 90% de sus exportaciones de crudo, en un paso como represalia por las medidas de Teherán para bloquear el estratégico estrecho de Ormuz y que representa una escalada de su guerra contra ese país. El mandatario ha precisado que los proyectiles han evitado tocar las instalaciones petroleras. Las fuerzas estadounidenses habían evitado en las primeras dos semanas de guerra golpear un punto vital de la economía iraní y del sector energético mundial.