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En muchas regiones del norte de África y de África occidental, el cambio climático ya no se percibe como un escenario lejano, sino como una fuerza constante que reorganiza la vida. La escasez de agua, la degradación de los suelos y los fenómenos extremos no solo transforman los ecosistemas, sino que también alteran las formas de habitar el territorio, vivir y desplazarse.

Intento entrar a primera hora del lunes 7 de septiembre en mi cuenta de Caixabank a través del móvil y me aparece un aviso que dice: “No tiene conexión”. Como la aplicación me está hablando a mí, y por edad ya merezco que me traten de usted, pienso lógicamente que quien no tiene conexión soy yo, que se ha estropeado mi red doméstica, o la del teléfono, o la del barrio, qué sé yo. Pero pruebo con otro banco, y con elpais.com, y envío mensajes, y reviso el correo… Todo funciona. O sea, que sí tengo conexión.

Pregunta. Soy propietario de una vivienda alquilada en una zona no tensionada de la Comunidad de Madrid. El contrato se firmó el 9 de mayo de 2022 y, por tanto vence, en 2027. Los inquilinos pagan puntualmente y la relación es buena y fluida. El precio del alquiler está alrededor de un 20% por debajo del precio de mercado. La consulta es si renuevo el contrato por periodos anuales aplicando el IPC, si renuevo el contrato aplicando un nuevo precio pactado o si, por el contrario y ante la incertidumbre legal, lo más conveniente es comunicar al inquilino que el contrato vence y no voy a renovarlo. En este caso la utilizaría como mi vivienda habitual. A. del Amo.

Muchos países de Latinoamérica cuentan con cocinas interesantes, pero si hay una primera potencia gastronómica en la zona, es México (en dura competencia con Perú en las últimas décadas, todo hay que decirlo). La habilidad de los mexicanos para hacer platos tan memorables como adictivos es reconocida en todo el planeta, y resulta difícil aburrirse con el festival de sabores ácidos, dulces y picantes propio de su cocina.




“Tiene un nombre elegante, pero en realidad no es más que un rallador rectangular, largo y fino: es barato, ligero y multiusos, lo que lo convierte en uno de mis utensilios de cocina favoritos”, asegura José Andrés, prestigioso cocinero español, en una de las newsletters que envía a sus seguidores.



Menos bares y más entrenamiento. Es una de las tendencias que hay detrás del crecimiento imparable que están viviendo los gimnasios en España, donde hoy conviven 5.806 centros, frente a los 4.200 que había antes de la pandemia. Tienen 8,3 millones de usuarios y siete millones de abonados tras un aumento del 8,7% en el último año, según el informe elaborado por la Fundación España Activa y Deloitte. La llegada en tromba de la gente joven (de 16 a 25 años) a los clubes, que han convertido en su lugar de reunión por excelencia, ha propiciado que el sector viva uno de los mejores momentos de su historia. “Los gimnasios están creciendo mucho porque los jóvenes se han incorporado de manera muy llamativa, además van en grupo y cambian sus planes de ocio por el entrenamiento”, resume Alberto García Chápuli, director general de FNEID, la patronal que agrupa a los empresarios de instalaciones deportivas.

87%. Es la proporción de españoles que practica ejercicio físico de forma habitual, lo que supera la media europea, que es del 64%. Entre la generación Z el porcentaje sube hasta el 93% y es el mayor de todos.
38 euros. Esta cantidad representa el ingreso medio mensual por abonado de los gimnasios.
31%. Solo ese porcentaje de los 5.806 clubes que exiten en España está en manos de cadenas, mientras que el 69% son operadores individuales.
65%. Pese al dato anterior, más de seis de cada diez usuarios practican ejercicio en clubes de las cadenas.
51%. Se trata del porcentaje del total de centros de fitness que se localizan en tres comunidades autónomas: Madrid (18,5%), Cataluña (18,1%) y Andalucía (15,3%). Y que refleja la gran concentración del negocio.
Le interesa, ha dicho, de qué forma existimos en la mente de los demás. Qué somos, también, cuando solo somos una idea. Quizá por eso, su narrativa pasa, siempre, por la mente de alguien. Un alguien que, obsesivamente, trata de encontrar una salida. O de situarse en el mundo. ¿Es el amor algún tipo de brújula? ¿Orienta, cada vez de forma distinta, al yo? Claire-Louise Bennett (Wiltshire, Reino Unido) cree que debería hacerlo, pero también cree que cada vez le dejamos que lo haga menos. Las aplicaciones no son de ninguna ayuda, dice. En su última novela, la intensa, laberíntica y poderosamente interior, Besos, chao (Malas Tierras), se pregunta de qué manera el amor te coloca ante un espejo y te muestra aquello que jamás admitirías que también eres. Y a algo así solo puede llegarse, como diría Anaïs Nin, a partir del misterio de aquello que te atrae del otro cuando nada está pactado de antemano. En su casa de Galway, Irlanda, Bennett —autora también de La caja 19 (Malas Tierras) y Estanque (Eterna Cadencia)— descuelga la videollamada. Está sentada ante una mesa enorme. Está cubierta de cuadernos, y esferas de cristal. Tiene cerca, dice, incluso un pingüino de vidrio. Y la taza de la que sorbe de vez en cuando contiene aún parte del té Yogi Choco que se hizo hace un rato.
Parte de la revolución española de los setenta y ochenta ocurrió alrededor de las cocinas de formica y las de algunos restaurantes. Entre el borboteo de la nueva olla exprés y el olor a sofrito de toda la vida, España pasó en pocas décadas de la escasez a la abundancia, del bocata de jamón o el pan con vino y azúcar a la llegada masiva de la bollería industrial; todo aliñado con novedades como el túrmix, los Tupperware o el microondas.








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Hace bastantes años probé por primera vez un champú sólido. Nunca había oído hablar de ellos hasta que una amiga me lo regaló, entre otras cosas, por mi cumpleaños. Recuerdo que era una pastilla de color azul celeste con algo por el medio que, a mi parecer, eran algas. Sin embargo, puede que por aquel entonces lo estuviese utilizando mal, pero lo cierto es que no me gustó en absoluto. Notaba el pelo áspero y sentía que no limpiaba bien.



