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A España le espera la campeona del mundo, de América y del orgullo. Nadie se rebela como ella contra su propia muerte. Lo volvió a hacer en las semifinales, pero con una diferencia sustancial respecto a las penurias que sufrió con Cabo Verde, Egipto y Suiza: esta vez no sobrevivió a su precariedad, sino que desató una tormenta de fútbol que arrasó en la segunda parte a una selección inglesa muy cicatera.
Diez Estados miembros de la Unión Europea reclaman diluir el calendario y las condiciones de la próxima reforma del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS, sus siglas en inglés). El texto, firmado por Bulgaria, Chipre, Chequia, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Polonia, Rumania y Eslovaquia, eleva la presión sobre la Comisión Europea, que presentará el viernes su propuesta de revisión de ETS cuando la regulación —pese a los rigores cada vez más claros de la crisis climática— se ha convertido en un asunto enormemente divisivo en la UE y atacado por amplios sectores; también por la ultraderecha. Los diez países aluden a la competitividad y piden recalibrar el ritmo y el coste de la transición para un bloque de economías que combinan una base industrial pesada con una factura energética ya elevada. El Régimen de Comercio de Derechos de Emisión arrancó en 2005 e impone un sobrecoste a aquellas industrias que expulsan más CO₂, el principal gas de efecto invernadero.
No hay que creerse todo lo que se lee. Llueve en Vichy, pero del cielo cae agua tranquila, sin gas, y nadie desayuna vichyssoise detrás de las barreras en las que cercan a los ciclistas, como si fueran ganado estúpido, y son majos los espectadores pese a que Vichy siempre se asocia al mariscal fascista Pétain, quien proclamando siempre el patriotismo, último refugio de los sinvergüenzas, entregó su país a los nazis. El día siguiente al 14 de julio no se ve ni una bandera tricolor ni nadie, ni siquiera los ganadores, habla de fútbol. La atmósfera está teñida de la melancolía a la que conduce el fatalismo bajo un cielo gris. Huele a estiércol húmedo del vecino hipódromo, pero la dulzura de la voz de Sergio Higuita, poesía paisa de la colonia Castilla, es perfume, y dolor. Tiene solo 28 años, ganó la Volta a los 24 y habla del pasado sin nostalgia y del presente oscuro que ofrece el Tour a la clase trabajadora bajo la tiranía de Pogacar y sus secuaces, capitalismo salvaje estratificado en clases incomunicadas.

Vicente del Bosque aseguraba que le hubiese gustado reencarnarse en Sergio Busquets, mientras que Juan Román Riquelme, mítico futbolista del Villarreal y Boca Juniors, aseguraba que Busquets había “confundido al fútbol mundial”. “Es un 5 que juega como un 10″. El pivote criado en el Barcelona era un rara avis, admirado por el mundo del fútbol, pero ignorado en las ceremonias. Era, además, según explicaban en el Barça, un tipo que engañaba al GPS: “Si miras sus datos, no podría jugar”. Pero ocurrió algo paradójico. Cuando le preguntaron a Busquets quién sería su sucesor, señaló a Rodrigo Hernández: “Es verdad que es bastante similar a mí”.