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Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación –íntima y pública al mismo tiempo– con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Ahora, cuatro años más tarde, retoman esa misma serie, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EE UU, México y Canadá.
A 200 metros del estadio de Atlanta, atravesando la plaza internacional de Georgia -en cuyo centro se erige una estatua de bronce dedicada a los atletas, herencia de los Juegos Olímpicos celebrados en esta ciudad en 1996-, los televisores del restaurante del Centro de Convenciones de Georgia sintonizaban canales deportivos. Faltaban dos horas para el inicio de un duelo que despertaba atención desde Buenos Aires hasta Londres, pasando por Katmandú y Manila, pero las pantallas no emitían la previa del Argentina-Inglaterra sino el resumen de un partido de béisbol de la liga estadounidense.
Leo Messi, que con apenas 20 años todavía no sabía lo que era levantar un Mundial ni convertirse en el futbolista que marcaría la historia, sostenía con cierta timidez un bebé de seis meses que chapoteaba dentro de una bañera. Un patito de goma entre ambos arrancó las sonrisas de los presentes y deshizo la tensión que suele imponer una cámara. Nadie prestó demasiada atención a aquella fotografía, parte del calendario solidario de Sport de 2008, hasta hace dos años. Casi dos décadas después, la escena adquiere un significado imposible de prever: este domingo, el joven futbolista que bañaba al niño y aquel bebé se enfrentarán en la final del Mundial entre Argentina y España. Messi y Lamine Yamal. El vigente campeón que ha dominado el fútbol frente al futbolista llamado a liderar la siguiente generación. “He crecido un poquito, y Leo también. Ojalá sí que pueda enfrentarme a él en una final, ya que no se pudo en la Finalissima”, bromeó Lamine Yamal a Dazn recientemente sobre la fotografía. “Lamine era muy simpático. Se ganó a Messi en dos sonrisas”, recordada hace dos años a EL PAÍS Joan Monfort, fotógrafo de la escena. Una imagen, tan inocente como fortuita, que invita a hablar de legado y sucesores, y que este domingo tendrá un capítulo más.