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La ilusión de miles de migrantes que han ido recibiendo la admisión a trámite de su solicitud de regularización pasa ahora por unos momentos de inquietud, porque no acaban de recibir el número de la Seguridad Social que posibilita la firma de un contrato formal de trabajo. Son miles los expedientes en suspenso que acumulan ya los abogados sin haber recibido más comunicaciones. Cada mañana, Katerine, Adonái o Joel tienen como primera tarea mirar el buzón. ”Y nada”, ríe al teléfono la cubana Katerine Aguilar, que espera el número que le permitirá colocarse en una pizzería de su pueblo en Barcelona, Vilanova i la Geltrú. Mientras, siguen desempeñándose en lo que pueden, la limpieza, la construcción: “Nos vamos defendiendo con lo que va apareciendo”, dice optimista.
La ministra de Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger, advertía ya en septiembre del boicot a Eurovisión que se fraguaba entre varios países, entre ellos España, por la participación de Israel. La jefa de la diplomacia del país anfitrión trataba de disuadir a los críticos y les recordaba que el certamen “no es un instrumento para imponer sanciones”. Pero fue precisamente Austria quien recurrió por primera vez al boicot cuando en 1969 decidió no mandar a ningún representante a Madrid. Ese año, España albergaba el evento tras la victoria de Massiel en Londres con el La la la. Viena rechazó participar para no contribuir al blanqueamiento que el régimen franquista buscaba en Europa mientras en España decretaba el estado de excepción y suspendía la escasa libertad de prensa aprobada con la ley Fraga.
La opinión pública, a veces, es una perfecta picadora de carne humana: carente de consciencia, en ocasiones, y sin atisbo de empatía, en otras. La consecuencia directa de las profesiones artísticas (con relevancia pública) es convertirse en alguien cercano para miles de desconocidos y prestarse, involuntariamente, a que los puntos de vista ajenos se manifiesten en formato de sentencias para ser difundidos en las redes sociales a la velocidad de la luz. Tanto las críticas constructivas (positivas o negativas) como el linchamiento público contribuyen a la arquitectura de la reputación.
Cuando leyó Ceniza en la boca, de Brenda Navarro, Diego Luna (Toluca, 46 años) sintió una resonancia especial. “En aquel momento mi hijo tenía 14 años, se acercaba a la edad de la protagonista, y pensé que ahí había una película con un punto de vista sobre la inmigración. Vivimos tiempos difíciles en mi país, porque compartimos frontera con un vecino muy poderoso y más en estos días complicados. La novela me atravesó”, cuenta el actor y director en Cannes, donde su Ceniza en la boca, su quinto largometraje como director, se proyecta como Sesión Especial y ha recibido muy buenas críticas. En España se estrenará el 9 de octubre.

“Cuando un cerebro no da para más, ocurren aberraciones como estas“, resume un seguidor de la Gargopedia, un espacio de divulgación en red creado por la historiadora del arte Dolores Herrero, la mayor especialista en gárgolas y quimeras de España. Otros lectores piden dimisiones, alguno exige ver ”la cara” de quien decidió y aprobó tamaño desaguisado. Los comentarios se encadenan a la vista de una de las estampas más repetidas en la prensa gallega en las últimas semanas: un surtidor en forma de varón desnudo que hasta hace unos meses (y desde el siglo XVI) enseñaba, agachado, sus genitales mientras dejaba brotar el agua pluvial por su ano. Era el juego simbólico o burlesco de un cantero del Renacimiento, pero ahora está, según describe la gente, “empalado”, ”colonoscopizado”, “sodomizado” por una larga cañería de cobre instalada durante la millonaria restauración del parador que impulsa Turespaña (Ministerio de Industria y Turismo).
Tras pasar por la puerta del tiempo de la Real Academia de la Historia, en la calle León de Madrid, un ujier sale de la portería. Abre la puerta del ascensor, la cierra y avisa al ujier de la tercera planta, que se encarga de abrir la puerta. El pasillo está vigilado por retratos decimonónicos de antiguos académicos. El profesor Juan Francisco Fuentes (Barcelona, 1955) espera en una sala elegante, sobre la mesa un vaso con el escudo de la RAH. Hoy Fuentes es uno de los principales contemporaneistas y fue merecedor del último Premio Nacional de Historia por Bienvenido, Mister Chaplin.

Llevo desde ayer con una cancioncilla martilleándome el pensamiento. Y todo por culpa de un señor del que no sé casi nada: Florentino Pérez. El presidente pidió “que pregunte esa niña, que los demás sois muy feos”, y yo viajé hasta la calle en la que saltaba a la comba de pequeña y ya no he podido dejar de cantar: “Al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero”. Ya entonces me parecía una letra inquietante, tal vez porque mi madre venía alertándome sobre el peligro de aceptar caramelos o dinero de desconocidos, más cuando el ofrecimiento es por ser “bonita”. Vamos, que yo veo ahí un pedófilo de manual. Aunque también podría tratarse de un simple paternalista. Menos mal que la afectada le responde al barquero con todas las letras diciéndole que se meta por donde le quepa su viaje gratis (“yo no soy bonita, ni lo quiero ser, yo pago dinero, como una mujer”).

Hoy se cumplen 15 años de una de las mayores movilizaciones ciudadanas a las que hemos asistido en nuestros casi 50 años de democracia. Pero su importancia no fue el número de asistentes, que también. Las manifestaciones contra la guerra de Irak en 2003 o contra la banda terrorista ETA han podido ser mucho más numerosas. En realidad, su relevancia está en que tras esa fecha, nuestro sistema político mutó. Desde entonces, hemos asistido a la primera repetición electoral —que no fue la última—, a la primera moción de censura con éxito, al primer Gobierno de coalición a nivel federal y vamos camino de la primera legislatura sin unos Presupuestos en cuatro años. Han surgido —y desaparecido— nuevas formaciones políticas.
España deberá poner en marcha el próximo 12 de agosto un dispositivo de seguridad ciudadana inédito que será clave para gestionar los millones de desplazamientos, en muy pocas horas y en 31 provincias a la vez, de residentes y visitantes que busquen los mejores lugares para ver el eclipse de Sol total. Pero a menos de tres meses del gran evento astronómico, el choque de competencias entre los distintos niveles de gobierno involucrados está lastrando los preparativos.

El próximo 12 de agosto, cuando millones de locales y turistas vayan a disfrutar de un plácido atardecer de verano, en media España se hará de noche aún en pleno día, al filo de las 20.30 y durante un tiempo máximo de 110 segundos. Y quien quiera asegurarse la posibilidad de ver el fenómeno en las mejores condiciones, podrá dirigirse a los más de 500 miradores oficiales que habrá en las 31 provincias en las que el eclipse de Sol será total. EL PAÍS ha elaborado el primer mapa exhaustivo de esos lugares seguros, recopilando más de 130 puntos proporcionados por las administraciones locales, provinciales y autonómicas. En las próximas semanas, se irán incorporando muchos más sitios a este mapa, que ganará nuevas funciones, como la posibilidad de comprobar la ubicación precisa de cada punto.