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Los últimos beneficiarios de la clemencia de Donald Trump fueron cinco jugadores retirados de fútbol americano. Condenados por delitos de narcotráfico y perjurio, ingresaron el 12 de febrero en el abarrotado club de los indultados por el presidente de Estados Unidos tras su regreso a la Casa Blanca. En esa lista ya había milmillonarios de las criptomonedas, políticos republicanos, estrellas de la telerrealidad y hasta el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por complicidad en el contrabando de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos.
El consejo que acabó llevándose los titulares fue el del viernes, el extraordinario para aprobar las medidas frente a la guerra, que estuvo bloqueado más de dos horas por un plante de Sumar. Pero el que tuvo más carga política fue el del martes. Como estaba previsto, Carlos Cuerpo hizo un análisis de la situación económica y las consecuencias de la guerra. Y fue muy suave. Vino a decir que serían leves si la guerra es corta. No puso ningún dramatismo. Cuerpo es un técnico que ha dado el salto a la política, habla pausado, y evita hacer aspavientos. Después habló Yolanda Díaz, en tono más político, y pidió ponerle “alma” al mensaje hacia los ciudadanos que sufren las consecuencias. Y ahí Sánchez, que cerró el debate, lanzó, según varios de los presentes, unos de los discursos con más contenido político de fondo de los que le han escuchado sus ministros en estos casi ocho años.
Tras un alegato por “la unión”, “la paz” y “la libertad” del pueblo español, Santiago Abascal cerró su discurso con dos vivas, cada uno acompañado de un golpe de cabeza.
Hace seis años, un grupo especializado de guardias civiles analizaba los mensajes intercambiados el 20 de abril de 2020 entre dos personas a las que se investigaba por narcotráfico y a los que los agentes habían tenido acceso. Uno de los interlocutores era Kilian López, cuya empresa, Andgar internacional, con sede en Barcelona, iba a servir supuestamente como tapadera para desembarcar en Algeciras cocaína procedente de Brasil disimulada en un cargamento de café. Uno de sus mensajes decía: “Ahora hemos hecho una operación de dos millones y se han quedado 400 ellos y 400 yo. Han pegado un pepinazo que no veas”. Los dos hombres se comunicaban a través de Encrochat, un sistema de mensajería encriptado utilizado, entre otros, por delincuentes que intervino la Gendarmería francesa en junio de ese año y cuya información trasladó a los Estados de donde eran los usuarios. Los especialistas de la Guardia Civil sospecharon al leer la frase. Y empezaron a tirar de un hilo que acabó en una madeja de corrupción con epicentro en la Diputación de Almería, feudo todoporderoso del PP en Andalucía, y cuyos hilos movían “ellos”: el que entonces era su presidente, Javier Aureliano García; su delegado de la Presidencia, Fernando Giménez; y el de Fomento, Medio Ambiente y Agua, Óscar Liria. El “pepinazo”: un contrato de mascarillas con otra empresa de López -Azor corporate-, firmado el 8 de abril de 2020 de abril, por 2.036.186,24 de euros, de los que la UCO estima que “ellos” cobraron comisiones de entre 200.000 y 400.000 euros.

Que Shakira encuentre un hueco en su agenda no es tarea fácil. Sentarse a hablar con la cantante colombiana, de 49 años, lleva meses de negociaciones. Desde hace un año, y le quedan meses por delante, está inmersa en una gira global que la ha llevado por medio planeta con un centenar de conciertos, hasta recaudar 420 millones de dólares (el tour más taquillero, aseguran, de la historia de un artista en español). Durante la entrevista cara a cara se muestra parlanchina, risueña, contenta. Su equipo marca como condición para la cita que la conversación gire en torno a esta etapa profesional y a sus tres décadas de carrera.




La noticia dio la vuelta al mundo en minutos. La inteligencia artificial (IA) había conseguido por primera vez una medalla en la prestigiosa Olimpiada Internacional de Matemática (IMO, por sus siglas en inglés), un concurso en que los 600 chavales más brillantes del mundo se enfrentan a seis problemas que han sido diseñados en secreto durante un año, y que deben resolver con solo lápiz, papel y su cerebro. Es mucho más que un concurso. Es el lugar en el que se maceran las mentes matemáticas que después solucionarán problemas imposibles y dirigirán las compañías tecnológicas que gobiernan el mundo. La noticia de la medalla que ganó la IA fue publicada por miles de medios y elegida como uno de los mayores avances científicos del año por la revista Science. Y aquí es cuando la narración comienza a complicarse. Porque la noticia es mentira.
Cuatro décadas de trayectoria avalan a Suzanne Vega (Nueva York, Estados Unidos, 66 años), aunque sorprende ver que solo ha publicado 10 álbumes en estos 40 años. “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, afirma desde la habitación de un hotel en Francia. En la pantalla se la ve afable, con una camiseta de listas horizontales, su inconfundible flequillo rubio y unas gafas de pasta. El coronavirus es el tema que más sacará durante la charla: para explicar que su ciudad, Nueva York, ha cambiado a peor desde entonces; que llevó fatal los conciertos online durante el confinamiento y que ahora ya no firma discos después de cada actuación porque fue así como se contagió del virus dos veces. “Ahora lo hago antes”, afirma una artista a la que sigue encantando actuar en vivo. “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”.
Hace 20 años, todas las tardes después de la escuela en Latinoamérica o los fines de semana en España, los chicos sintonizaban Disney Channel para seguir la historia de Miley Stewart, una adolescente con una vida normal y una carrera oculta como estrella pop. Fueron miles quienes crecieron a su lado, de 2006 a 2011, con decenas de conciertos y éxitos musicales, merchandising con su rostro y dos películas de éxito en taquilla. La actriz detrás de ese personaje, Miley Cyrus (Tennessee, 33 años), se convirtió en la principal estrella Disney, símbolo de una industria hoy extinta, que tuvo su época dorada en las primeras décadas de este siglo.
El primer recuerdo que guardo de mi llegada a este mundo es el del sonido denso y profundo de un bombardeo unido al de una plegaria que salía de la oscuridad de aquel refugio antiaéreo implorando piedad al Dios de los Ejércitos. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, líbranos, Señor, de todo mal, rezaba una voz dolorida de mujer. Era hacia el final de la Guerra Civil. Tenía yo poco más de dos años e imagino que en algún bulbo del cerebro esos sonidos de las bombas y las plegarias quedaron para siempre unidos con el rumor del oleaje del mar y del sol radiante de una incipiente primavera, sensaciones que llevo siempre aparejadas. Puede que este hecho haya dañado mi subconsciente, de forma que ahora cuando contemplo las imágenes de tanta crueldad y miseria en los telediarios me parece todo tan natural como inexorable. Desde entonces pienso que van siempre unidos la muerte y la vida, el bien y el mal, la naturaleza y la historia, el heroísmo y la villanía, los hombres matándose y los pájaros cantando, los niños muriendo y las flores perfumando el aire, las ratas felices saliendo de las alcantarillas a tomar el sol entre los escombros y la brisa moviendo los álamos, el mundo a punto de partirse en cuatro pedazos y los amantes besándose, la gente llenando los bares y los profetas son saber nada del mañana. Pero en medio de tanta confusión nadie ha podido impedir que llegara la primavera a este hemisferio donde un ser diabólico de orejas puntiagudas ha enamorado al errático amo del imperio que se divierte soltando hierros por todas partes. Se equivoca quien piense que hasta aquí nunca llegarán los misiles; de hecho, aunque caigan muy lejos, los misiles estallan en el cerebro de cada ciudadano con esa carga de odio y miedo que destruye los pilares en que se sustentaban los viejos ideales y certezas, de modo que si alguien quiere estar a salvo deberá buscarse su propio refugio antiaéreo. Por mi parte me voy a refugiar bajo la primavera recién llegada.
Esta guerra se empantana. Debía ser un paseo militar. Cosa de cuatro días. Llevamos tres semanas. ¿El objetivo? Antes de la agresión, Donald Trump convocó a los iraníes a rebelarse contra los ayatolás. Sin éxito. Así que inutilizó a Jameneí I (y parte de su corte), un remedo del modelo venezolano.