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La familia de Marta Sanz y Luis Fernández, con sus hijos, parecía la de un matrimonio castellano bien avenido. Ella, segoviana de 50 años y madre de familia numerosa, fue azafata de congresos antes que profesora de Educación Física, se metió a política con Ciudadanos (Cs) pero acabó con el PP, que la impuso en 2022 como concejal en la localidad pucelana de Arroyo de la Encomienda (23.000 habitantes), donde mantiene hoy su cargo. Él, padre de la misma familia numerosa de 54 años, ingresó en la Policía Nacional en 1998 y, tras desarrollar parte de su carrera en las Islas Canarias, acabó en 2015 de Jefe del Grupo III de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Valladolid, persiguiendo el tráfico de drogas. La prometedora pareja tenía su residencia habitual en la capital pucelana, y vacacional en Las Palmas de Gran Canaria y en Cuellar (Segovia). La vida parecía sonreír a toda la familia hasta que el pasado 4 de diciembre detuvieron a Luisfer como le conocían en su entorno, junto a un grupo de seis narcotraficantes de poca monta y de prostitutas. Le acusaban de ser el cabecilla de una red de narcotráfico y trata de mujeres asentada en Valladolid.










Noelia Castillo Ramos recibió la eutanasia el jueves en la habitación del que ha sido su hogar en los últimos tiempos: Sant Camil, una residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes, 40 kilómetros al sur de Barcelona. Ese santo, Camilo, es el patrón de los enfermos, pero también de los médicos, que han estado en la diana de grupos ultras poco menos que como responsables de la muerte de la joven parapléjica a los 25 años. El señalamiento de los profesionales vinculados al caso es solo una de las consecuencias que deja la traumática eutanasia de Noelia, que ha tenido que batallar contra su padre y superar hasta cinco filtros judiciales antes de ver cumplido, casi dos años después, su derecho.
Si todo va bien, en apenas cuatro días se encenderán los motores del cohete espacial más potente de la historia. En la parte superior de la lanzadera —más alta que una torre de 30 pisos— dentro de la nave Orion, estarán sentadas las cuatro primeras personas que viajarán a la Luna en más de 50 años. Entre ellos, la especialista de misión Christina Koch y el piloto Victor Glover, que serán la primera mujer y el primer negro que viajen hasta el satélite. Y también el comandante Reid Wiseman y el especialista canadiense Jeremy Hansen, primera persona no estadounidense en realizar este periplo espacial.

Ni por inseguridad, por suerte, ni por modernuquis, gracias a Dios, y sin monumentos para turistas en busca de un escenario para posar como mediterráneos soft. En nuestro barrio de moderadita clase media no acostumbramos a salir en portada en The New York Times. Pero hace un año, la imagen de un edificio a dos minutos del nuestro —modernismo de segunda división— abrió la edición internacional. Hacía cierto tiempo que un inversor había comprado Casa Orsola para un negocio con rentabilidad asegurada en la Barcelona de hoy y de mañana: sacar la vivienda del mercado tradicional de alquiler y destinarlo al de los extranjeros de paso.
Nadie puede saber quién va a ganar esta guerra, ni siquiera si finalmente habrá ganadores. Son mayoría los expertos que dan a China por vencedora estratégica de un conflicto que fácilmente puede dañar a quien lo ha desencadenado: a Trump inmediatamente en las elecciones de mitad de mandato, en beneficio de sus rivales los demócratas; a largo plazo, a Estados Unidos, que está desplazando los recursos militares asignados a Asia-Pacífico para competir y contener a China en Oriente Próximo, donde necesita derrotar a Irán. En el plazo más corto de los beneficios inmediatos, no hay muchas dudas de que es Putin quien está recogiendo las nueces, para disgusto y alarma de Ucrania y de sus aliados europeos.



Después de Noelia, algunos dilemas difíciles quedan iluminados. También el ejercicio de la condición de padres. Sabíamos que perder a una hija, a un hijo, es lo peor que le puede suceder a una persona. Adivinábamos que iba contra la ley de la vida, esa pretendida secuencia natural de las cosas: que los progenitores se van primero. Cuando en realidad no existe tal ley, sino probabilidad estadística.

En medio de este mundo hecho pedazos por la codicia, la estupidez, la obcecación y la maldad de unos cuantos, en medio del sufrimiento sin cuento al que asistimos todos los días, que una editorial norteamericana tenga que retirar una novela del mercado y suspender su promoción es sin duda una noticia menor: un escándalo de andar por casa. Pero lo que ha sucedido en días pasados no es importante por lo que sucedió, sino por lo que augura, y yo tengo para mí que es la primera de muchas noticias similares que estarán en nuestras conversaciones en los años que vienen.

El autobús llevaba casi cinco horas avanzando de bache en bache por una carretera destrozada. Dentro, el calor se acumulaba y el polvo se pegaba a la piel. De repente, el vehículo se detuvo en seco a las puertas de Tibú, la capital del Catatumbo, en el norte de Colombia. En cualquier otro lugar habría sido solo eso: una parada. En el Catatumbo, no.





La Guardia Civil detuvo con casi dos toneladas de hachís en un camión a una banda de narcotraficantes que se dedicaba a introducir droga desde Marruecos a España en enero de 2025. Unos días después, el caso dio un vuelco. Uno de los enviados a prisión provisional confesó a los agentes que el costo no sólo se introducía por la frontera, sino que existía un narcotúnel. La causa permaneció bajo secreto y unas semanas más tarde los investigadores explotaron otra fase de la operación y encontraron por primera vez el conducto que funcionaba desde hacía años para pasar fardos entre Ceuta y Marruecos. El caso se bautizó como Hades (dios griego del inframundo). “Si no hubiéramos mantenido en secreto la causa no hubiéramos descubierto el túnel jamás”, asegura una fuente de la investigación.