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Las hazañas del espionaje de Ucrania, si son tales, llegan tarde o temprano al gran público. Allá por la segunda quincena del mes de diciembre de 2024, su servicio de inteligencia informó de que un barco ruso estaba varado en el Mediterráneo. Había sufrido, según decía, un problema en el motor. El GUR, agencia de espionaje del Ministerio de Defensa, identificó el buque como el Sparta. Según la versión entonces de Kiev, viajaba hacia Siria para transportar material militar. En ningún caso, Ucrania se atribuyó sabotaje alguno que hubiera dañado la nave del enemigo. El 23 de diciembre de 2024, el carguero, rebautizado Ursa Major —llevó en el casco el nombre de Sparta, larga familia de barcos rusos, hasta el año 2021—, se hundió a 2.500 metros de profundidad frente a las costas de Argelia y España.
La gazatí Shuruq no alberga estos días uno de esos miedos abstractos tras comprobar durante años en su propia carne que todo puede ir siempre a peor. Su temor es concreto, porque —tras siete meses de alto el fuego y con las negociaciones sobre su aplicación en peligroso punto muerto— el runrún sobre la cercanía de una nueva ofensiva terrestre de Israel resulta cada vez más sonoro.
El 31 de mayo de 2011, un año antes de que Corinna Larsen, los elefantes de Botsuana y el balbuceante “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir” marcaran el principio del fin de su reinado, Juan Carlos I, el pez más gordo de la pecera patria, empezó a morir por su propia boca. Ese martes, el aún incuestionable e incuestionado rey de España se encaró con los estupefactos periodistas que cubrían una audiencia rutinaria en La Zarzuela y les espetó a cámara: “A vosotros lo que os gusta es matarme y ponerme un pino en la tripa todos los días”. Andaba el hombre maltrecho ante su sexta operación de chasis y las especulaciones sobre su salud le sacaron de sus reales casillas hasta el punto de desenfundar la escopeta, sin calcular que la vieja táctica de matar al mensajero le saldría por la culata. El resto es Historia de España.
Una poderosa voz, la de Pete Parkkonen, y una violinista igualmente intensa, Linda Lampenius, forman el dúo que se ha colocado favorito en las apuestas para ganar Eurovisión 2026. Representan a Finlandia con el tema Liekinheitin, que significa “lanzallamas” en español. De alcanzar la victoria, no solo evitaría una vez más la de Israel, temida por parte de los eurofans. Su triunfo también abriría la puerta a un escenario hasta ahora por completo improbable: que Israel decida por voluntad propia no participar en la próxima edición del certamen.

Los argumentos para optar por Keir Starmer nunca fueron idealistas. Eran pragmáticos.
Hay algo aún mejor que una buena pelea en internet: una buena pelea filosófica. Los dilemas ficticios nos permiten usar toda nuestra artillería discursiva sin que nadie salga herido, aunque cuando discutimos sobre una cosa solemos estar discutiendo sobre todas las demás. En las últimas semanas hemos asistido al nacimiento de un nuevo problema que ha interesado a cientos de miles, si no millones, de personas. La cuestión llevaba unos años circulando por los foros, y recuerda al dilema del prisionero o el del tranvía con reminiscencias de esa escena de Matrix donde Neo debe elegir una pastilla. Funciona como un experimento en sí misma, porque al plantearse la pregunta en forma de votación, los usuarios la resuelven.
“Más de 600 embarcaciones tipo go-fast [lanchas rápidas], sospechosas de llevar a cabo operaciones de narcotráfico" en las costas españolas, principalmente en el Estrecho de Gibraltar, han sido identificadas por el COVAM, el principal centro de vigilancia marítima de España, dependiente de la Armada, con base en Cartagena (Región de Murcia). Así lo recoge el último Informe Anual de Seguridad Nacional, remitido al Congreso. El documento, elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional de Presidencia del Gobierno, con aportaciones de 17 ministerios y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), no menciona la muerte de dos guardias civiles el pasado viernes, cuando perseguían a una narcolancha frente a las costas de Huelva, ya que se aprobó el 21 de abril. Sin embargo, sí advierte de que la presión policial en el Campo de Gibraltar, donde el Ministerio del Interior tiene desplegado un plan específico desde 2018, “ha modificado sustancialmente la operativa de los grupos criminales dedicados al narcotráfico”, que se han desplazado a zonas limítrofes, como la costa onubense o el Algarve portugués.

Parte con todas las encuestas en contra, pero no se permite ni un segundo de desánimo. La exvicepresidenta del Gobierno y candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero (Sevilla, 60 años), apura una campaña en la que se han volcado Pedro Sánchez e históricos del PSOE como Manuel Chaves y Carmen Romero para reivindicar las siglas y llamar a ese electorado que se moviliza en las elecciones generales y no en las autonómicas. Por encima de todos los mensajes, Montero subraya uno: el próximo domingo “los ciudadanos se están jugando los servicios públicos”. Las políticas del PP y Vox, dice, “son indistinguibles”.


Kevin Warsh ha pasado la última década anhelando la presidencia de la Reserva Federal. Una meta que acaba de conseguir tras la confirmación del Senado, gracias a la mayoría de los republicanos. Releva a Jerome Powell, objetivo recurrente de ataques (legales y verbales) de Trump y cuyo mandato termina oficialmente este viernes. Warsh, millonario y con la vida resuelta, se dispone a cumplir su sueño en un momento decisivo para el Banco Central de Estados Unidos.

La salicornia es la versión botánica de La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, según el título original de la comedia de William Shakespeare). Esta planta halófila (que vive en terrenos con sales abundantes) conquistó las marismas de Isla Cristina (Huelva), un espacio natural protegido que se inunda por las aguas del mar durante la marea alta y donde es ardua la vida vegetal. Allí también nació y creció Manuel Díaz Cárdenas, técnico forestal de 57 años que compagina su devoción por la naturaleza con su amor por la vida humana como experto en salvamento marítimo y voluntario. Allí se enamoró de esta planta salvaje, denostada históricamente en la zona, pero con propiedades culinarias y saludables demostradas. Díaz Cárdenas se empeñó en domar esta especie, milagrosa por los terrenos imposibles donde crece y por sus propiedades. Lo ha conseguido y su trabajo ha llamado la atención de The Smithsonian Institution, responsable del mayor complejo educativo, museístico y de investigación del mundo.

