Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
La línea 11 de Metro nació hace más de tres décadas con una misión: convertirse en una gran línea semicircular capaz de conectar, por un lado, los barrios del norte de Madrid entre sí, y por otro, crear un corredor norte-sur sin obligar a pasar por el centro. Ahora, ese plan ha quedado definitivamente atrás. La Comunidad de Madrid presentó la semana pasada el trazado definitivo del tramo norte de la ampliación, una actuación dotada con 880,6 millones de euros que llevará la infraestructura hasta Valdebebas, el Hospital Isabel Zendal, la futura Ciudad de la Justicia, Ifema y el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. El Gobierno regional defiende que la nueva línea será “uno de los principales ejes vertebradores” de la red del suburbano. Expertos en movilidad y asociaciones vecinales, sin embargo, consideran que el cambio altera la lógica con la que fue concebido el proyecto y deja sin resolver algunas de las principales carencias de transporte público del norte de la capital.

Decir “lo siento” no es suficiente. Al menos no para todas las personas. Mantener un vínculo afectivo se complica cuando hay malentendidos. A veces las conexiones no se rompen por falta de amor o empatía, sino por falta de herramientas para solucionar los conflictos. Y es que todos tenemos necesidades diferentes; para algunos basta con recibir un “perdón” y otros prefieren las acciones antes que las palabras. Un gesto como el de John Cusack en la película Digan lo que digan (Say Anything, en versión original), cuando sostiene un radiocasete frente a la ventana de su amada para reproducir una canción y, sin decir nada, recuperar la conexión entre los dos. Para identificarlas, el pastor y consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman propuso los cinco lenguajes del perdón: expresar arrepentimiento (“lo siento”), aceptar la responsabilidad, restituir, cambiar de comportamiento y pedir perdón (“¿me perdonas?”). Un modelo que “la gente toma como horóscopos. Como: ‘esa es mi personalidad, eso es lo que yo soy y es lo que hay’, cuando son una herramienta para conocer qué me sirve y qué no me sirve”, aconseja el psicoterapeuta especialista en relaciones éticas y creador de la red de apoyo Gotitas de Poliamor Jaime Gama.
Según Didier Deschamps, Kylian Mbappé está ante una “misión especial” en este Mundial. Sin celebrar un título desde que hace dos temporadas abandonó el PSG para jugar en el Real Madrid, esta Copa del Mundo se ha convertido en el gran escaparate de Mbappé para reivindicarse como el mejor jugador del mundo y acabar con su sequía de triunfos colectivos. El Mbappé más explosivo y más solidario en labores de zapa que se ha visto lidera a Francia en su carrera por alcanzar su tercer título de campeona del mundo.
Peter Shilton, el portero que recibió el gol de la Mano de Dios de Maradona, también hubiera anulado el otro tanto, “la jugada de todos los tiempos” en la que el Pelusa dejó “en el camino a tanto inglés”, como cantó Víctor Hugo Morales en la narración más famosa de la historia. “En el 2-0”, puntualizaba el meta hace una semana en The Telegraph, “[mi compañero] Glenn Hoddle sufrió una falta justo delante del árbitro antes de que el balón le llegue a Maradona. Habría sido tiro libre y no habría valido ningún gol de los argentinos”, advertía.
Algunos tópicos tardan en morir, pero por fortuna el que sostenía que los Pirineos separaban sin remedio a España de Francia hace décadas que dejó de tener validez. La presencia este martes de Pedro Sánchez en París para el 14 de julio, la fiesta nacional que conmemora la toma de la Bastilla, junto al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y otros líderes europeos, no es solo una cita protocolaria. El desfile por los Campos Elíseos, presidido por Emmanuel Macron, contará con la participación de militares españoles, ucranios y de otros países. Con la coreografía entre cívica y marcial que tan bien sabe ejecutar la República, se escenificará el compromiso de todos con Ucrania. Y será al mismo tiempo una demostración de la vitalidad de una amistad franco-española, a prueba de la recientes polémicas y salidas de tono de quienes han logrado que se escuche hasta en París el volumen desquiciado de algunos debates españoles. Lo que une a ambos países, rivales el mismo día en la semifinal del Mundial, es mucho más que esto. Son los estrechos lazos culturales, humanos y económicos. Y son unos mismos intereses en un continente sometido a tensiones extremas en el interior y amenazas en el exterior.

Después de algunos años de cierta tranquilidad, los escándalos de corrupción vuelven a invadir el debate público. La política queda secuestrada por los informes policiales, las causas judiciales y la cobertura mediática de todo ello. No es la primera vez, como todos ustedes saben. Ha ocurrido con gobiernos del PSOE y del PP en el pasado. En cada ronda de corrupción, parece que el sistema se viene abajo, pero luego llegan las elecciones, hay alternancia y se recupera una cierta esperanza en dejar atrás estos problemas, si bien los cimientos del sistema se resienten y resultan cada vez más endebles. La corrupción destruye la confianza en las instituciones y en la política más en general. La desesperanza que produce la corrupción abre las puertas a líderes “salvadores” que prometen cortar por lo sano.
Hace 50 años desapareció Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur). Medio siglo después, sigo pensando que fue una de las pocas personas dentro de ETA que entendió antes que nadie que la violencia nos llevaba a un abismo moral y humano del que tarde o temprano tendríamos que salir.
En el baloncesto, antes de sofisticarse, había una jugada que consistía en barrer la zona de ataque para que el más dotado se lanzara en solitario a la canasta. Era algo así como el servicio colectivo para la jugada individual. Pues en la política también se practica algo similar. Los que rodean a Alberto Núñez Feijóo han decidido que ha llegado la hora de que se juegue a solas la canasta definitiva. Esta impaciencia por hacerse con el Gobierno de la nación, cuando se disfruta de la gran mayoría de gobiernos autonómicos, provoca una perversa sensación de debilidad en el líder de la oposición. Lo chocante ha sido que en un momento en que la crisis por el precio de la vivienda se ha alzado como el gran problema de los españoles, especialmente los jóvenes, la dialéctica le haya empujado hacia postular los derechos registrales del concebido no nacido. Y por si faltaba ironía al asunto, resulta que coincide con la crítica algo errática contra la regularización de inmigrantes, una medida demandada por los empresarios, que son quienes piden cubrir sus necesidades de mano de obra.
Era un sábado de julio caluroso. 39º en Córdoba, 10º en León. Vientos moderados y mar en calma. Para la mayoría, el 18 de julio de 1936 empezó como un sábado cualquiera de verano: un día laborable, de limpieza general, de mercado, de cine, de juegos, de verbenas, de citas y bailes arrebatados. Mi abuela Pilar, maestra en la parroquia viguesa de Alcabre, había quedado con sus amigas para ir a las fiestas de Bouzas. Mi abuelo Arturo, maestro en un pueblo de Lugo, había salido de excursión por el monte. A ella los guardias la mandaron de vuelta a casa, sin fiesta ni baile, “por lo que estaba pasando”. Él bajó del monte, supo que lo buscaban y tuvo que huir sin despedidas. Mi abuela Maruja era muy niña, pero tenía una escena grabada. Su padre la llevaba de la mano mientras le pedía que no contase a nadie lo de aquel hombre asustado que huía ni que sabían dónde se escondía. Con seis años supo guardar el secreto tan bien como luego contar historias. Las suyas y las del abuelo Roberto.
Las calles adoquinadas del barrio viejo de Girona no están hechas para tacones. Su uso requiere el equilibrio de un funambulista, a riesgo de acabar de bruces, y con las rodillas peladas como un niño. Son zapatos capaces de elevar a quien los lleva y castigarla al mismo tiempo. Una forma de empoderamiento sufrido, que, como tantas otras cosas divertidas, funciona mejor como fantasía que como realidad.