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El barcelonismo se prepara para una jornada única en el Camp Nou. Las elecciones a la presidencia del club, convocadas para este domingo (de 9.00 a 21.00), coinciden con la disputa del partido de Liga que enfrenta al equipo azulgrana con el Sevilla (16.15, Dazn). La confluencia abonará seguramente la participación del socio en las urnas y también su presencia en las gradas de un estadio que estrenará la zona del gol norte con unos 14.000 asientos reservados a los abonados y una grada de animación en el gol sud, denominada Gol 1957 —año de construcción del estadio—, para unos 800 seguidores del Barcelona. Hay ganas de revancha porque el Barça perdió en Nervión por 4-1.
¿Por qué hacerlo con sencillez, cuando una es la número uno del mundo? Porque sencillamente, ella es así: única y genuina, a la vez poderosa y necesaria. Ningún aterrizaje retumbó más en Indian Wells que el de Aryna Sabalenka, quien hace dos semanas irrumpió en las instalaciones luciendo orgullosa y feliz el dedo anular. Antes, la bielorrusa —citada este domingo (19.00, Tennis Channel) con la kazaja Elena Rybakina en la final del torneo— había publicado un vídeo en sus redes sociales en el que su novio, Georgios Frangulis, le proponía arrodillado matrimonio. Una escena cubierta de pétalos de rosa blanca y envuelta en flores. En el fondo, muy acorde a Sabalenka, a la que nunca le gusta pasar de puntillas por ningún lado, sea donde sea.
El nombre de Sabalenka figura entre los de las candidatas a ganar el premio Laureus a Mejor Deportista femenina del Año, que se concederá el 20 de abril en la gala que tendrá lugar en el Palacio de Cibeles (Madrid). Otra muestra del relieve que ha ido adquiriendo la tenista, cada vez más reconocida.
Cerró el curso pasado en lo más alto del ranking, por segunda vez en su carrera, aunque tiene una cuenta pendiente con las grandes finales: ha perdido la mitad (cuatro de ocho) de las que ha disputado hasta ahora. También cedió en los desenlaces maestros de 2022 y 2025.
En todo caso, en su currículo constan 22 títulos individuales; entre ellos, dos del Open de Australia y otros dos del US Open. Engarzó por primera vez el número uno en septiembre de 2023 y, después de dos meses defendiéndolo, lo perdió en favor de Swiatek y lo recuperaría en octubre de 2024.
En total son 80 semanas al mando del circuito de la WTA, lo que la sitúa en el undécimo peldaño histórico. Tiene contratos con firmas como Nike, Emirates o Gucci, y en 2025 le arrebató a Serena el récord de ganancias en un año: 13 millones de euros, por los 11,3 de la leyenda estadounidense.

Ellas, plata olímpica. Ellos, oro mundial. Dos pelotazos recientes de la selección española han fortalecido el auge de un deporte con raíces tiernas pero que no para de crecer. El baloncesto 3x3 se multiplica alimentado por esas dos medallas inesperadas, el segundo puesto en el podio de los Juegos de París 2024 de Sandra Ygueravide, Vega Gimeno, Juana Camilión y Gracia Alonso, y el primero en el campeonato del mundo de 2025 de Carlos Martínez, Diego de Blas, Guim Expósito e Iván Aurrecoechea. Los dos cuartetos han disputado este fin de semana en Bangkok la Champions Cup, una especie de Mundialito que reúne a los campeones mundiales y de cada continente y a las mejores selecciones del ranking de la FIBA (los hombres han sido subcampeones tras perder la final contra Estados Unidos).
Nadie recuerda unas elecciones municipales en Francia tan significativas. O, al menos, simbólicas por el contexto político y lo que pueden explicar sobre el futuro. Las últimas se celebraron en plena pandemia, dos vueltas interrumpidas durante tres meses por el confinamiento, en un periodo donde el macronismo seguía relativamente en forma. Esta vez, los comicios en casi todos los municipios de Francia se celebran en plena descomposición del mandato del presidente de la República y en un clima donde distintos fenómenos políticos, ideológicos y de posibles alianzas se pondrán a prueba en muchos de los 36.000 municipios que votarán este domingo y el próximo 22 de marzo.
Andaba yo preparando un libro que me exigía reunirme con periodistas talluditos para que me contasen historias, y amenacé con llamarle “un día de estos” para sonsacárselas. “Llámame cuando quieras —me dijo—, pero como tardes mucho, igual me llamas después de muerto”. Era paradójico que alguien tan supersticioso, tan coqueto y que se enfadaba tanto si le llamaban viejo bromease con ese desparpajo sobre la muerte.

Los socialistas forman el segundo grupo en importancia del Parlamento Europeo, con un total de 136 eurodiputados, frente a los 188 del Grupo Popular. De esos 136 diputados, 20 son socialistas españoles (Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas —S&D—), miembros todos ellos del PSOE. ¿Hasta qué punto esos 20 eurodiputados socialistas españoles son capaces de influir en su grupo y de marcar, de alguna forma, la política de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen? Hasta ahora se han negado siempre a apoyar mociones de censura contra Von der Leyen y a apoyar a los populares alemanes disidentes, dispuestos en dos ocasiones a derribar a la presidenta y sustituirla por Manfred Weber. Saber hasta qué punto Ursula von der Leyen está agradecida a los socialistas españoles es importante para entender sus relaciones con Pedro Sánchez, a pesar de la decidida apuesta del presidente del Gobierno español contra la guerra en Irán.

La belleza resalta a las personas, pero también puede opacarlas. Para Olatz Schnabel, su arrebatadora belleza nunca fue un problema. “Al revés, lucir bien me ha abierto muchas puertas”, reconoce en conversación con EL PAÍS. “Conozco a mujeres increíblemente guapas que son muy inseguras. De alguna manera, no son capaces de verse bellas. A mí me pasó. De muy joven, no me acababa de ver guapa. Ahora, cuando veo una foto mía de esa época, pienso: ‘Pero si era la bomba. ¿Cómo no me daba cuenta?”, explica sentada en el salón de su casa, un gran ático con vistas al Palacio Real en Madrid. Mientras habla, su perro, Tuno, le lame vorazmente sus zapatos aterciopelados de Manolo Blahnik.
El muy olvidado anterior canciller de Alemania, Olaf Scholz, sentenció: “Ucrania no debe perder, Rusia no debe ganar”. Pero eso era ayer: la correlación de fuerzas, la desigualdad de los contendientes, la imprevisibilidad de las ayudas, hace cada vez más factible que Rusia alcance sus últimos objetivos. La guerra de Ucrania sigue existiendo aunque ahora nuestros ojos y nuestros oídos estén más pendientes de Oriente Próximo.
Cada año por estas fechas escuchamos que los Oscars han perdido relevancia, que no importan a nadie, que son un espectáculo fatuo de una industria decadente mirándose al ombligo. Frases hechas que se ven desmontadas cuando cualquier comentario de un nominado se convierte en titular que da la vuelta al mundo. ¿Por qué estamos debatiendo ahora mismo la relevancia del ballet y la ópera? Durante una charla para universitarios organizada por la CNN y Variety el pasado 21 de febrero, en la que compartía micro con el actor Matthew McConaughey, Thimotée Chalamet —en plena promoción de Marty Supreme, por la que está nominado a mejor actor— afirmó que no le gustaría trabajar en el ballet y la ópera porque son artes que hay que mantener con vida “aunque ya no le importen a nadie”.