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La cazadora de cuero de Santiago Abascal está descascarillada a la altura de las cervicales, donde le palmean miles de seguidores por los pueblos de Castilla y León en la campaña electoral autonómica. Acabado el mitin, el presidente de Vox salta del pequeño escenario y centenares de personas en las plazas se arremolinan para saludarlo, hacerse fotos y pedirle autógrafos. Uno a uno, con paciencia tenaz, el líder de la ultraderecha española complace a todos con su mejor sonrisa, abrazos, besos y carantoñas a los bebés. Entre el gentío, alcanza finalmente su furgoneta, se alza sobre el estribo del vehículo y se despide: un último gesto que enloquece a la multitud como ya quisieran muchos cantantes. “¡Lo he visto, lo he visto! ¡Me ha tocado!”, se obnubilan chicos y grandes. La emoción que se respira en algunos pueblos tiene su reflejo en las encuestas, que auguran para ellos el mejor resultado de las convocatorias recientes, con una estimación de voto del 20,8%, 3,2 puntos más que en 2022, según la empresa de sondeos 40dB. Abascal ha acompañado por más de 60 pueblos al candidato regional, Carlos Pollán, ganándose las simpatías de los chavales de secundaria, los agricultores y ganaderos, pequeños comerciantes, camioneros o autónomos, a quienes cita constantemente. A unas pocas horas de que se abran las urnas, ya tiene la voz afectada. Y la cazadora de cuero, para tirarla.






Badia y Fatima charlan en la escalera del teatro de Béziers (34.500 habitantes) mientras la hija de una de ellas trastea con el móvil. Una marroquí, la otra argelina. Solo una lleva el velo. Es ramadán. Y también la semana blanca escolar. Ayuno y vacaciones intermedias. Dos acontecimientos que entrelazan el Islam y el sistema educativo laico y republicano francés, que en los últimos años ha dado muestras de fricción en esa convivencia democrática. Fatima lleva cuatro años en Béziers, la ciudad más antigua de Francia, una de las más pobres y, también, más inclinadas a la derecha. “¿El alcalde? Es un tío genial. Me encanta lo que ha hecho en la ciudad. Y además es de Orán, como yo". ¿Y qué me dices su posición sobre la inmigración? “Uy, no me hagas hablar de política”.




Estimado señor Feijóo, nos dirigimos a usted públicamente como supervivientes de abusos sexuales en la Iglesia católica. Aunque nuestros agresores fueron depredadores sexuales que abusaron de multitud de menores durante décadas, no se les pudo juzgar porque, cuando tuvimos la fortaleza de denunciar los hechos, estos habían prescrito.
El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla.

El Museo Egipcio de Barcelona es un verdadero hogar para los que sueñan con el viejo país del Nilo. Exhibe una bonita colección de antigüedades faraónicas, ofrece exposiciones y cursos y organiza actividades tan simpáticas como Momificación en familia, siempre en sábado. Dirige el centro, dependiente de la Fundación Arqueológica Clos, la egiptóloga Maixaixa Taulé (Barcelona, 57 años), que es también miembro de la misión que excava el yacimiento de Sharuna (el-Kom el-Ahmar Sawaris), antigua Hut-nesut, en el Egipto Medio, en la orilla oriental del Nilo. Taulé, que recibe en su despacho ante una imagen de un beduino besando a un camello, cree que ella es poco fotogénica pero su rostro no desentonaría entre los retratos de El Fayum.


“Te seguiría como un perro hasta el fin del mundo” es una de las frases que ha puesto el nombre de Heathcliff en boca de adolescentes y jóvenes de todo el mundo cuando, realmente, la primera vez que se mencionó a este personaje fue en 1847. De hecho, en la novela en la que concibe originariamente a este personaje, esta frase no tiene lugar, del mismo modo que Drácula nunca dijo en la obra de Bram Stoker “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte”. Quizás, parte de las personas que acuden ansiosas al cine para ver a dos de los actores del momento —Jacob Elordi y Margot Robbie—, viviendo “la mayor historia de amor jamás contada”, no habían leído el libro de Emily Brönte. Sin embargo, a juzgar por las múltiples teorías y análisis sobre el tráiler de la película que inundaron las redes sociales antes de que se estrenase, parece que muchos jóvenes no solamente son perfectamente conscientes de la existencia de la obra original, sino que además la han leído e incluso la admiran profundamente.
La violencia machista sigue acabando con la vida de las mujeres a pesar de décadas de leyes, políticas y compromisos institucionales. Este martes fueron asesinadas tres en Miranda de Ebro (Burgos) y resultaron heridos dos niños por un incendio provocado supuestamente por la expareja de una de ellas, un hombre con graves antecedentes de violencia de género.
Mientras pitaba la cafetera, aludieron en la radio a alguien que había enfermado gravemente al sumergirse en las aguas del Támesis, contaminadas por los orines altamente tóxicos de las ratas británicas. Si las ratas existen, pensé, tienen que mear en algún sitio, pobres (procuro hacerme cargo de las necesidades de todos los seres vivos), pero habrían podido elegir otro. Nada más antiliterario para comenzar el día que hacerse cargo de las miserias fisiológicas de ese mamífero, que, por otra parte, no son muy diferentes de las nuestras. Bajé el volumen por si se les ocurría decir algo parecido del Danubio o del Sena o del Rin, ríos a los que uno se ha asomado con una sumisión romántica que quizá no se merecían. Ríos, incluso, en los que uno se ha suicidado imaginariamente. Virginia Woolf, que se suicidó de verdad, eligió sin embargo el Ouse, un río doméstico y apacible, lejos de la monumentalidad de los ya mencionados. Esa modestia paisajística y rural contrasta con el peso simbólico que terminó adquiriendo su muerte en la historia de la literatura. No sabe uno cómo acertar.

El Estado de bienestar en España hoy son los padres. Los bajos salarios y el precio desbocado de la vivienda hacen que los jóvenes actuales sean extremadamente dependientes de la familia para alcanzar unos mínimos de dignidad cotidiana. Y sin embargo, hay interés en acallar a quienes denuncian esta situación, acusándoles de querer incentivar una supuesta guerra generacional. La realidad es que asistimos a una tragedia silenciosa que nos estallará políticamente más pronto que tarde, por más que se pretenda ignorarla.