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“Ahí están, más delgadas que la semana pasada, más delgadas que el mes pasado, más y más y más como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, escribía esta semana la directora Chloé Wallace en su cuenta de Instagram sobre el resurgir de la delgadez extrema como ideal dominante en las alfombras rojas. Las actrices son referentes estéticos y culturales, capaces de crear moda (norma) y marcar tendencia. ¿A qué cultura representa este canon que impera en la industria? En el caso de los Oscar (EE UU), sabemos que el contexto político dominante es ultraconservador y como tal produce políticas identitarias cada vez más duras y cuerpos cada vez más normativos. Y en el caso de Europa, vamos por el mismo camino estético, que es también político.

Dos fiscalías federales de Estados Unidos investigan al presidente de Colombia, Gustavo Petro, por presuntos vínculos con el narcotráfico. La revelación, publicada este viernes por The New York Times, llega en el peor momento. Si es que hay alguno bueno. En plena campaña para intentar dejar la presidencia a su heredero político, estas dos investigaciones dan alas a una oposición que ha alimentado, sin pruebas, la tesis de que Petro tiene nexos con el mundo criminal.
Walt Disney tenía una obsesión: rediseñar el mundo. Empezó primero por la gran pantalla y produjo Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje de animación sonoro y en color. Después pasó a la televisión. Pero no era suficiente, quería dar el paso a rediseñar la propia realidad. Con esa idea concibió en los años cincuenta el primer parque de Disneyland. Ahora el documental Cómo se hizo Disneyland, estrenado en Disney+ y YouTube, utiliza entrevistas y vídeos de la época para revelar muchos de los secretos del proyecto faraónico que estuvo a punto de arruinarle a él y a todo el estudio en menos de un año.
Durante décadas se nos ha repetido que tenemos que “perseguir nuestros sueños”. Especialmente a los más jóvenes. Sin embargo, cada vez surgen más voces clamando que las cosas no funcionan de esa manera. Una voz inesperada se alzó hace unas semanas sobre este debate: a través de Instagram, la actriz Reese Witherspoon contó que acababa de hablar con una mujer que no estaba contenta en su trabajo y quería cambiar su trayectoria profesional. “Bien, ¿cuáles son tus talentos especiales?”, le había preguntado la protagonista de Una rubia muy legal. La otra mujer no había sabido contestarle. “Todos tenemos sueños. Pero eso no significa que vayan a hacerse realidad. Se supone que debes hacer lo que se te da bien. Tu trabajo en la vida es descubrir cuáles son tus talentos especiales y trabajar en algo relacionado con ellos. No persigas tus sueños, persigue tus talentos”, explicaba a sus 30,5 millones de seguidores la actriz ganadora de un Oscar por su papel en En la cuerda floja. ¿Hasta qué punto es válida la propuesta de Witherspoon?
Tictac. Quedan solo cuatro años para 2030, la fecha límite para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, y todavía en el mundo hay más de 2.000 millones de personas sin acceso a agua potable ni saneamiento de calidad. Si bien el ODS 6 se mantiene estancado en un color naranja a escala global –que indica un progreso moderado–, los últimos informes publicados que analizan su evolución advierten de que aún quedan importantes desafíos por resolver.

Parques inundables. En Alicante, País Vasco y en otras ciudades europeas se están impulsando estos proyectos que buscan recuperar zonas inundables ocupadas por carreteras, urbanizaciones o polígonos industriales, a raíz de la directiva de 2007 en esta materia que busca recobrar su funcionamiento, cuenta Paloma Alcorlo Pagés, profesora de Ecología de la UAM. “No solo por ocio, sino para que el río funcione, restaurar la biodiversidad y la fauna cuática”, dice.
Drenajes sostenibles. En vez de colocar un pavimento de hormigón, consiste en utilizar ladrillos sin cementación sobre un lecho de arena que va al adoquín, lo que permite la infiltración del agua cuando se produzcan precipitaciones, explica Alcorlo Pagés. “Minimiza el impacto de las inundaciones y ayuda a recargar los acuíferos”, subraya. Las urbes también están recurriendo a los tanques de tormentas o aliviaderos. “Son unos depósitos subterráneos gigantescos que capturan y almacenan el agua de lluvia, ralentizan su flujo y evita que el sistema se desborde”, detalla. Murcia, Valencia o Madrid cuentan con este tipo de infraestructuras, ilustra.
La gestión sostenible del agua empieza a consolidarse como una prioridad en las estrategias ambientales de las empresas. De hecho, más del 60% de las compañías españolas cuenta con este tipo de políticas y el 99% tiene en marcha mecanismos para reparar los impactos adversos producidos, según el último informe del Pacto Mundial de la ONU España Comunicando el progreso 2025.
Sin embargo, el principal reto es calcular su consumo en los procesos industriales, como ya se hace con las emisiones de dióxido de carbono (CO2) o la demanda de energía. “Si queremos cumplir el ODS 6, el primer gran desafío es medir el agua que utilizamos en el tejido empresarial”, avisa Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial ONU España.
Sánchez aporta algunas cifras. El 64% de las compañías dice conocer su consumo, pero apenas el 20% dispone de datos sobre su extracción, cuando el promedio global se sitúa en el 41%. Una brecha que se explica por la prevalencia de pymes y su menor capacidad para calcular la huella –solo el 12% lo hace–, dice. “La colaboración y el diálogo son claves”, sostiene.
Alberto Garrido, director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, agrega que el 93% de los hoteles ya mide su consumo y el 77% aplica medidas de ahorro, pero solo el 46% cumple sus objetivos de reducción. Además, destaca que empresas como Nestlé, Matarromera, Mahou-San Miguel, Danone y Pascual trabajan en la optimización de procesos de limpieza para recortar el gasto, la captación de agua de lluvia y uso de la regenerada, control de fugas, mantenimiento predictivo y tratamiento avanzado de efluentes para la reutilización interna. En el sector financiero, BBVA redujo un 27% su consumo entre 2019 y 2025 en edificios, oficinas y centros de datos y un 36% la huella por empleado.
Raquel Paiz, socia de Women Action Sustainability (WAS), resalta que se comienza a entender que no solo es un recurso natural, sino estratégico para la actividad empresarial y la de los territorios en los que operan. “Si no se gestiona adecuadamente, puede condicionar procesos productivos, cadenas de suministros o limitar el progreso, la calidad de vida y el desarrollo económico”, arguye.
Paiz observa que la reutilización, la regeneración y la desalación cobran protagonismo, así como la cooperación entre actores mediante plataformas multisectoriales para compartir conocimiento, impulsar soluciones y avanzar de forma coordinada en la gestión, como la alianza StepbyWater. “El debate climático se ha centrado en el CO2 y hablar de calentamiento es también hablar de agua”, mantiene. Los expertos también echan de menos una mayor transparencia y concienciación social. “Solo lograremos las metas si damos un salto en ambición y gestión”, opina Sánchez.
El mejor fromelier de España, antes que experto en queso, se reconoce como “camarero, porque es una profesión superdigna y supercurrada”. Lo dice Álvaro Ocaña (Brenes, Sevilla, 29 años), que en 2024 se alzó con el primer premio de esta categoría otorgado en Fromago, la feria internacional del queso más importante de España que se celebra en Zamora.
Este ha sido un invierno inusualmente lluvioso. Los valles de la comarca turolense del Matarraña reverdecen con fuerza mostrando los primeros frutos de una agricultura basada en los cultivos de secano. Los almendros de flores blancas y rosas se extienden hasta la puerta misma de cada casa, plazoleta o iglesia parroquial de estos pueblos arcillosos que recuerdan a cada paso el poder que tuvo la Corona de Aragón. Olivos, viñas y pasto acompañan al viajero hasta toparse con el macizo montañoso de Ports de Beseit (Puertos de Beceite), a cuyos pies se sitúa un pueblo en silencio atravesado por un río, un puente de piedra de un solo ojo, viejas fábricas de papel reconvertidas en hospedajes junto al caudal que las impulsó y senderos sinuosos entre barrancos. El rincón preferido de una pequeña judía cuya siembra empezará entre mayo y junio, y su cosecha, a principios de octubre. Una legumbre que, como todas, fue esencial para la economía y la alimentación popular —además de la proteína vegetal que contienen, son fijadoras del nitrógeno en el suelo— de la comarca, que la fue abandonando a medida que se introducían otras variedades más productivas y las huertas de autoconsumo que rodeaban a las masías fueron desapareciendo.
Bogotá, la capital de Colombia que goza de un clima privilegiado gracias a su altitud (a 2.625 metros sobre el nivel del mar) y que en los últimos años ha mejorado de un modo admirable su grado de seguridad para el visitante, tiene mucho que ofrecer para una jornada exhaustiva o para varias más si se quiere profundizar en la ciudad fundada por el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada en 1538 junto a la capital de los indígenas Muisca, Bacatá.
Bares y restaurantes sin clientes. Locales enormes que han sido vaciados hasta quedar solo sus paredes blancas en pleno centro de Moscú, algo inimaginable donde hasta hace algo más de un año los empresarios se pegaban por abrir una cafetería. La crisis económica golpea la capital rusa, donde el desgaste provocado por la guerra se nota en una ciudad cuyo himno era, hace mucho tiempo, “Moscú nunca duerme”.
El oro siempre ha ido por delante del petróleo. Durante la mayor parte de la historia de la civilización, el metal amarillo ha ostentado la máxima distinción de valor al servir como moneda corriente, gracias a su durabilidad y escasez, un atractivo incluso en tiempos de incertidumbre. El combustible, en cambio, solo empezó a ganar protagonismo a mediados del siglo XIX, cuando en Estados Unidos pasaron a extraerlo en grandes cantidades y utilizarlo como fuente de energía. No es casual que entonces se le empezara a llamar oro negro. Sin embargo, todo ha cambiado en tan solo tres semanas de guerra en Irán, y esa expresión centenaria nunca había tenido menos sentido.