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Si dos tercios de los ciudadanos consideran que en España existe lawfare o guerra judicial de intención política, por algo será. Y además opinan que el poder judicial vigila y sanciona poco a los jueces que hacen mal su trabajo.
Un soldado no muy mayor, pero ya veterano y que acumula miles de hora de vuelo, camina por una base dedicada a la defensa aérea. Tiene poco más de 50 años. Gafas de estudiante y traje profesional con la cremallera subida, aunque se ve la camiseta interior verde bélico. Ahora vive en Alemania, en Ramstein —la mayor base que Estados Unidos tiene fuera de su país—, y su misión fundamental es garantizar la seguridad en el aire de una Europa que, en su flanco este, aunque nos parezca remoto, no es que se sienta amenazada, sino que está realmente atacada por Rusia: sufre desde una guerra convencional hasta una guerra híbrida. Él se llama Jason T. Hinds y pilotó diversos modelos de caza (incluido el F-15 y el F-22). De una academia en Oklahoma, ascenso tras ascenso, ahora está inspeccionando una de las bases europeas que opera bajo su control. Se para para hacerse una foto de grupo con otros altos mandos de diversos países. A su lado, Juan Pablo Sánchez de Lara, teniente general que ejerce de anfitrión de esta reunión semestral de trabajo de la OTAN porque dirige el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Torrejón de Ardoz. Al fondo de la imagen, en la fachada de un edificio feo y funcional de pared azul, el escudo que identifica este Centro de Operaciones: un castillo medieval sobre unas olas, porque el Mediterráneo no queda tan lejos, y tres flechas que salen de una de las torres y que simbolizan tres estilizados aviones. Aunque no es una academia y Pete Mitchell Maverick no está ni se le espera, la escena podría pertenecer a una secuela de Top Gun porque entendemos este mundo a través de la imagen que Hollywood nos ha enseñado. Pero es real, está aquí y es la OTAN.

Una de las dimensiones del fútbol es que permite sublimar los enfrentamientos políticos. Eso lo sabemos bien en España, porque los partidos Madrid-Barça incorporan de modo más o menos explícito ese componente de lucha política soterrada. O por esa predilección que solían tener los equipos vascos de incorporar solo jugadores de su tierra, un medio eficaz de afirmar su identidad específica frente al resto. Parafraseando a Clausewitz, Orwell decía que “el deporte es la guerra sin los disparos”; o sea, hacer política por otros medios, pacíficos en este caso. (Por cierto, el autor inglés hablaba de deporte, pero lo refirió en un texto donde solo hablaba de fútbol).

Una tarde, intentando combatir el sopor de la sobremesa conduciendo sola, sintonicé de casualidad Como el perro y el gato, en Onda Cero y, sin ser amante de las mascotas, no solo me espabilé, sino que me reí yo sola con el ingenio, el ritmo y, a la vez, el rigor del programa. Se lo cuento a su director, Carlos Rodríguez, y me cita, encantado, en su clínica, Mascoteros, en un polígono de Rivas Vaciamadrid, a las afueras de la capital. Una nave a la que acude gente de toda España en busca de remedio para los males de sus animales domésticos. Hablamos en una salita, con la mesa de exploraciones de por medio, mientras en el box de al lado una señora muy mayor espera angustiadísima a su perro, que se ha clavado espigas en la oreja. A diario, hay casos mucho más graves. Y no pocos que entran por su pie para ya no salir vivos. El día a día de una clínica veterinaria.

Carlos Rodríguez (Madrid, pero "con alma gallega", 62 años) se declara fan total del papel del actor Luis Zahera en la serie Animal, que recrea las peripecias de un veterinario rural en la Galicia actual, enfrentado a la visión consumista y mercantilista de las mascotas. "Me lo comía entero", dice este veterinario también de origen gallego que, durante muchos años, trabajó para "los paisanos" campesinos y ganaderos de su tierra, sin horario, sin tarifas y, muchas veces, cobrando en especie. Muchos años después, Rodríguez, que ha ejercido en muchas de las áreas de su profesión, es el director y presentador del programa Como el perro y el gato, en Onda Cero, colabora con la televisión pública de Castilla-La Mancha, y dirige una clínica de mascotas en Rivas Vaciamadrid. Su pasión defendiendo a su profesión y a sus clientes irracionales, y su forma de hablar sin pelos en la lengua, le granjea las simpatías y, también, algún desencuentro con sus colegas: "Un 80% me quiere, porque digo las verdades, y otro 20% me querría meter una pica por el culo por bocazas", dice. En esta entrevista tiene para todos.
Durante el atardecer del próximo 12 de agosto, casi todos los ciudadanos que se encuentren en España mirarán hacia arriba. En la franja que cruzará el país de A Coruña a Palma, la Luna morderá el Sol hasta taparlo por completo y devolverá, durante poco más de minuto y medio, una noche impostada al final de la tarde. Será el primer eclipse total visible en España en más de un siglo. Un puñado de científicos, sin embargo, no estará pendiente del cielo, sino del suelo, donde colocarán sus grabadoras para escuchar el eclipse: quieren saber qué hacen los animales, en concreto aves y murciélagos, cuando anochece una hora antes de lo previsto.
Cuando está a punto de cumplirse medio año del grave siniestro ferroviario de Adamuz (Córdoba), que el 18 de enero dejó 46 víctimas mortales en la línea Madrid-Sevilla, la alta velocidad arrastra aún el peso de la que ha sido su mayor crisis desde 1992. El primer trimestre concluyó con un descenso sin precedentes en el volumen de viajeros, del 21%, tal y como constata la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) en un reciente informe. Posteriormente, la operadora dominante, Renfe, no ha comenzado a acercarse hasta bien entrado mayo a las cifras de pasajeros del año pasado, estando aún un 3,7% por debajo ese mes y hasta un 7% en junio. Eso sí, llegó a sufrir un derrumbe de casi el 27% en febrero. La inercia de un crecimiento que se aceleraba año a año también se rompió para sus competidores, Iryo y Ouigo, presentes en los tres corredores de mayor demanda: Madrid-Barcelona, Madrid-Sur y Madrid-Levante.
“Era una muchacha hermosísima, esbelta y de veloces movimientos, de ojos tan negros como el azabache y masas de rizados cabellos negros. Apenas pronunciaba una palabra, y tenía una sonrisa misteriosa que casi me enloqueció de amor”. Así describe a Valeria Mesalina su futuro esposo y luego emperador de Roma Claudio en la famosa novela Yo, Claudio (1934), de Robert Graves, que dio pie a la famosa serie televisiva de la BBC de 1976. Sorprendentemente, la más reciente biógrafa de la emperatriz y que la reivindica frente a su inveterada mala fama de femme fatale, Honor Cargill-Martin (Mesalina, Edhasa, 2025, traducción de Julieta Leonetti), encaja bastante en la descripción, si se exceptúan el cabello liso y unos raros ojos verdes ribeteados de azul. Joven, atractiva y mundana (es habitual en las redes y la revista digital Air Mail la retrató con un sucinto vestido de Valentino en su lista de 25 talentos londinenses emergentes), no son pocas las personas que se vuelven para mirarla al verla pasar este caluroso mediodía en el inmenso vestíbulo del British Museum de Londres, convertido en un horno.




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Dora Piñol le pidió a su nieto que no se quitara el rubio platino. No era una cuestión estética, sino su manera de reconocerlo mejor en la televisión. Él le hizo caso. Se llama Dani Olmo y lleva el 10 de España en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.
Al término de los partidos de Francia, su guardameta, Mike Maignan, atraviesa las zonas mixtas sin la multitud de reclamos que tuvo que atender en la última Eurocopa. Entonces fue fundamental para que la selección dirigida por Didier Deschamps alcanzara las semifinales en las que cayó eliminada porque su defensa no fue capaz de frenar una de las mejores versiones de Lamine Yamal que se recuerdan con la camiseta de España.