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El viejo dicho cobra hoy más relevancia que nunca en el contexto del proceso de selección de quién sucederá a António Guterres al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Parecía imposible, pero sucedió. El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva lanza un mensaje de alivio y optimismo a quienes desean que la democracia supere el envite de esta ola de ultraderecha y populismo. Una ola disfrazada de contrarianismo y protesta, pero que huele demasiado a vieja reacción. Con los resultados de la primera vuelta todo estaba hecho, y así lo celebraron quienes ven su oportunidad en el caos y la desigualdad. También quienes viven distraídos leyendo el mundo en clave de “otra derrota para el sanchismo”. Era imposible que Lula ganase, pero ganó. Así lo han decidido los votantes brasileños. Un buen recordatorio de que votar sigue siendo la mejor manera de romper las profecías autocumplidas.
Dice Alberto Núñez Feijóo que “la vida digna está por encima de la muerte digna”. Parece no saber que si una persona solicita la eutanasia es porque no tiene una vida digna, porque ya no la puede tener. Esto lo corroboran comités ajenos a quien la pide. A quien solicita la eutanasia solo le resta disponer de una muerte digna. Y Feijóo al parecer se la quiere negar, para que siga sufriendo una vida indigna.
Cuando ETA anunció, el 20 de octubre de 2011, el “cese definitivo” de la violencia terrorista, 703 de sus miembros estaban encarcelados. Tres lustros después, ese número se ha reducido a 110 presos etarras ―un 85% menos― tras la salida de la cárcel el pasado 13 de octubre de Roberto Lebrero Panizo, el último hasta ahora en quedar en libertad. Un acusado descenso del número de reclusos que, sin embargo, refleja solo una parte de la profunda transformación que ha vivido este colectivo desde que la organización terrorista anunció que abandonaba las armas.

El mundo literario en español vive estos días una crisis nueva, que otros oficios llevan años afrontando: la llegada masiva de la IA y cómo convivir con ella. EL PAÍS reveló este viernes que Pangram, uno de los detectores mejor valorados, había detectado que el 99% de la novela Donde el agua trabaja, de David Silva Rojas, era texto generado con IA.
Cuando en octubre de 2026 un apolíneo joven enmascarado, sin camiseta y enfundado en un pantalón de chándal gris ondeó una bandera pro-Lula y otra de Palestina subido a una estructura de la estación de metro Trianon-Masp en la Avenida Paulista, en São Paulo, durante una marcha prodemocracia, la imagen corrió como la pólvora. La fotografía del joven en la concentración se convirtió en un símbolo de la campaña electoral brasileña al suponer una receta perfecta cuyos ingredientes son la belleza física, cierto fetiche, la convicción política y un misterio instantáneo, pues los internautas, expertos en identificar a quienes son tocados por la varita de la viralidad, no tardaron demasiado en identificar al joven. Se trata de Israel Augusto, al que se bautizó como “o gostoso da Paulista” (el pibón de la Paulista) y que acumula casi 400.000 seguidores en Instagram.
La huelga de educación de la Comunidad de Madrid llega a su tercera semana sin que ni siquiera haya empezado una negociación entre los profesores de las enseñanzas no universitarias y la Consejería de Educación. Miles de profesores —en Madrid hay unos 65.000, según datos de 2024 del Ministerio de Educación— han secundado la huelga indefinida desde que comenzó el 14 de octubre. En las escuelas se mantienen los servicios mínimos, y las clases pueden sufrir alteraciones dependiendo de cada centro. Estos son los seis puntos principales que los profesores reclaman:

Los precios desbocados están poniendo en riesgo la llegada y permanencia de investigadores a las grandes ciudades como Madrid. Una de las principales causas es la crisis habitacional, como reconoce el Plan Regional de Investigación 2026-2029, que dedica una frase al alojamiento de enorme calado: “El elevado coste de la vida, especialmente de la vivienda, puede dificultar la atracción de personal investigador si no hay apoyos económicos suficientes”. Estas palabras se convierten en historias en las tiendas de la Puerta del Sol, donde en las últimas semanas han dormido algunos científicos en protesta por la precariedad que les dificulta pagar un techo, y que se han encontrado con la indiferencia de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, que llegó a decir que los acampados estaban ligados al terrorismo.



Los antiguos ocupantes del instituto B9 de Badalona avanzan, aunque con enormes dificultades, en el proceso para acogerse a la regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Un total de 97 migrantes han presentado la solicitud y, según datos a los que ha accedido EL PAÍS, 18 de ellos ya han obtenido la resolución que les concede los papeles y, con ellos, la oportunidad de una vida nueva tras un desalojo que, hace diez meses, les dejó en la calle y derivó en una crisis social y política. Otras 43 peticiones han sido admitidas a trámite y 36 más están pendientes de admisión, revelan esos datos.

La ratificación parlamentaria en Libia de un acuerdo firmado con Turquía para delimitar sus Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y su plataforma continental ha resucitado el conflicto por el control del Mediterráneo oriental, que hace un lustro provocó graves encontronazos entre los países implicados y sus aliados. Grecia, Chipre y Egipto han rechazado este acuerdo, que reduce significativamente sus pretensiones sobre estas aguas. Y la Unión Europea ha condenado su ratificación.