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Cinto Gubern este verano decidió poner en práctica algo inédito hasta entonces para su tienda de zapatos del centro de Badalona: cerrar los mediodías. El calor extremo, que sobrepasaba con creces los 30 grados, había vaciado por completo las calles. “Hasta las siete no había nadie. Optamos por partir la jornada y ya de paso no gastábamos luz”, lamenta. En la misma situación se vieron el resto de los comercios que están agrupados en la entidad Badacentre que él preside. La situación, cuenta, no mejoró en septiembre. “Fue peor que febrero, que es el peor mes porque es frío, llega después de rebajas y tiene una menor facturación al tener 28 días”. Las cajas registradoras del barrio estima que facturaron un 25% menos que en el mismo mes del año anterior. Pero en octubre la cosa cambió. “Se notaba que la gente tenía ganas”. Hasta que empezaron los temporales virulentos y la Generalitat se vio obligada a enviar los avisos Es Alert a los móviles. “Ya se sabe: carrers mullats, calaixos eixuts”, remacha.
Al ordenar todas las secciones censales en una escala de renta de 10 escalones (deciles, cada uno de los 10 tramos iguales en que se divide la lista), un barrio o un municipio entero puede aparecer muy abajo o muy arriba según la métrica que se use. La renta media por persona de Parla (137.000 habitantes, al sur de Madrid) es más baja que la de ocho de cada 10 secciones censales de España. Pero con la renta por hogar sube hasta el sexto escalón. En el distrito de Villaverde, en Madrid, pasa algo parecido: según la renta por hogar está en la mitad más rica del país, y según la renta por persona, entre las más pobres.
David Bowie nos dejó en 2016. Por sorpresa: pudoroso, había ocultado el diagnóstico de su cáncer. También han pasado 10 años de la publicación de su último álbum, Blackstar (sí, luego saldría Toy, pero aquel era un disco sacado del frigorífico, inicialmente rechazado por una discográfica bastante obtusa). En verdad, se le echa en falta: como artista, Bowie tenía una pasmosa capacidad para sintetizar muchas tendencias musicales del momento; aparte, era un agudo observador del mundo que le rodeaba. Tenía incluso una privilegiada capacidad para intuir detalles del futuro. En 1999, en conversación con Jeremy Paxman, periodista de la BBC que le miraba escéptico, afirmaba que nuestra vida iba a cambiar radicalmente con la creciente presencia de Internet.

Existe, en la mitología nórdica y la literatura de horror cósmico de H. P. Lovecraft, un monstruo marino conocido como kraken. ¿Y saben qué aspecto tiene? El de un calamar gigante, extremadamente inteligente, un habitante de una profundidad tan abismal que su existencia tiene más de mito que de realidad, aunque nunca se ha descartado que no esté ahí abajo. De hecho, el naturalista Carl von Linné —Carlos Linneo—, el creador de la clasificación de los seres vivos, lo incluyó como cefalópodo con el nombre científico de Microcosmus en la primera edición de su Systema naturæ (1735), pero lo eliminó en las posteriores. Bien, Bajo la superficie (Netflix), de Jesse McKeown (The Umbrella Academy, The Sinner), recupera tan fantástica criatura —en más de un sentido— y la sitúa en un presente de recursos menguantes y comunidades desplazadas de lo más interesante.


Tres roturas de cruzado cuando apenas había cumplido los 21 años han dejado en Héctor Alderete unas cicatrices que surcan sus rodillas pero también unas enseñanzas de vida. Hoy, a los 24, el alero madrileño de 2,03m disfruta de estar sano y de competir en la ACB con La Laguna Tenerife después de dejar atrás un calvario de lesiones que sin embargo le permitió crearse “una nueva vida”. Mientras juega en la élite, Alderete acaba de graduarse en Derecho por la Universidad Internacional de la Rioja, a distancia, y emprende ahora un máster en abogacía. Sus padres siempre le inculcaron el valor de formarse académicamente más allá del baloncesto y los estudios fueron “una tabla de salvación” cuando el físico le alejó del balón.
En la quietud de la medianoche le escribo: Ahora termino El cielo en casa. Es de las cosas más bellas, originales, poéticas, íntimas, humildes y a la vez memorables que recuerdo haber leído en mucho tiempo. Mando el mensaje y me voy a la cama. Ahí comienza a reverberar en mi cabeza la historia de este chico de 20 años que encuentra una vieja fotografía en un cajón.
El horror suele enviar señales antes de su llegada. Lo que pasa es que a veces, la vida, con su ajetreado día a día, las oculta. O quizás sea nuestra mente que, cansada del incremento paulatino de la tensión, el odio y la violencia, lo va escondiendo para evitar que el sufrimiento se vuelva insoportable. Ya lo dijo algún dictador del siglo pasado experto en la gestión del dolor de las masas: no se puede vivir todos los días con el apocalipsis en el horizonte.

He añadido El furor del dragón (esa película en la que Bruce Lee mata a Chuck Norris) a mi pequeña lista de filmes sobre la lucha vecinal, con Nuestros maravillosos aliados a la cabeza. Dotada de ese desopilante a la par que inextricable humor chino, la película puede leerse como una oda a las leyes antitrust entonada a tortazos por la torpe masa trabajadora (los del restaurante) y un campesino fibrado al que interpreta Bruce Lee. ¿Pasaría un filtro de censura por causas ideológicas de haberse presentado a las subvenciones para largometrajes en Castilla y León? Llevo días dándole vueltas a la cuestión. Si yo fuera el señor funcionario, sin duda le daba un “no” tan grande como las 12 catedrales de la comunidad. Te buscas las castañas, Bruce Lee. A pedirle dinero a les vecines.

Sergi Arola (Barcelona, 58 años) vuelve a tener restaurante en Madrid, una ciudad a la que viaja con frecuencia porque sus hijas residen en ella y en la que irrumpió en 1997 con un aire fresco y desafiante. Alcanzó lo más alto de la gastronomía al conseguir dos estrellas Michelin, primero en La Broche, que abrió ese mismo año, y más tarde en Sergi Arola Gastro, inaugurado en 2008. Tocó el cielo, pero también el subsuelo: en 2016 tuvo que echar el cierre. Tampoco se le cayeron los anillos y volvió a reinventarse con diferentes asesorías gastronómicas en varios países. Lleva siete años viviendo en Chile, donde es una estrella de la televisión, con una sección, El menú de Chile, en el espacio Sabingo de Chilevisión, con la que recorre diferentes regiones del país para descubrir la historia, los orígenes y los secretos de la cocina tradicional. Allí regenta el restaurante Lola Tapas Bar, ubicado en San Francisco de Mostazal. La semana pasada conversó y cocinó para EL PAÍS algunos de los platos que servirá en Austral, el restaurante que abrirá en el barrio de Salamanca de Madrid, a primeros de noviembre, de la mano del grupo chileno Los Lirios, que dirige José Luis Ansoleaga, propietario, a su vez, del asador La Cabrera, también en la capital.


Dirección: Velázquez, 61. Madrid
Horario: Pisco Bar, desde 14:00 a 2:00; gastronómico, de lunes a sábado, de 13:00 a 16:00 y de 19:00 a 22:00.
Web: www.australmadrid.com (la página estará operativa a principios de noviembre)
Mark Carney se ha convertido en una de las figuras más seguidas en el panorama internacional. El primer ministro canadiense genera admiración y reconocimiento por la forma de conducir a su país en tiempos de hostilidades comerciales con Estados Unidos; también por las alianzas que busca tejer con otras potencias medias a raíz de los cambios en el tablero geopolítico. Su antecesor en el cargo, Justin Trudeau (Ottawa, 54 años), también gozó de altas cotas de popularidad, aunque por razones distintas. De hecho, la fama ha acompañado a Trudeau desde que nació. Sus últimos años como político fueron un descenso sin freno desde la cima, pero se ha instalado con comodidad en la nueva etapa de su vida. Eso sí, sin abandonar la atención de los focos.