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Silencio. Una cámara enfoca el escritorio de una habitación que bien podría ser la de un adolescente. Sobre el suelo, un gran póster de la serie Dragon Ball Z. En la estantería, la autobiografía de la banda de rock duro Mötley Crüe. Suena una voz de fondo:

El Ayuntamiento de Madrid aprobó este verano la recalificación de los terrenos de la ciudad deportiva del Real Madrid, una parcela de 1,2 millones de metros cuadrados en el barrio de Valdebebas, al norte de la ciudad, que el club blanco explotará: oficinas, un hospital y un centro educativo privados, residencias de estudiantes, auditorio, hoteles y comercios. Para dar luz verde al proyecto, el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida (PP) encargó a una consultora un estudio económico, un trámite clave para determinar si la operación es viable y, además, que no será una carga para el Consistorio madrileño. El documento se publicó y la recalificación pasó el primer corte, pero el informe contiene un error de cálculo que infla el ingreso público de 1,46 millones de euros al año a 98,6 millones. Esto altera sustancialmente una de las conclusiones del estudio: que la transformación de los suelos del club dejará un amplio beneficio a las arcas municipales.


A principios de octubre empezó la campaña de vacunación de la gripe en la Comunidad de Madrid. Alejandra García, de 40 años, lleva desde entonces queriendo vacunar a su hijo, Martín, de 16 meses. Pero no ha podido. Lleva malo desde entonces. “Mira, el año pasado cogió una gripe al mes y este, pues desde septiembre con mocos, llevamos el mismo camino. No puedo más”. Martín no es un niño especialmente enfermizo. La situación que comenta su madre es tan desesperante como común. Entrar en la escuela infantil supone subirse a un carrusel vírico imparable. “Es normal que durante los dos primeros años de vida un niño pueda presentar hasta seis u ocho episodios de infección respiratoria viral leve al año”, explica Carmen Muñoz-Almagro, médica especialista en microbiología del Hospital Sant Joan de Déu. “Los niños pequeños tienen un sistema inmunitario todavía en desarrollo y están entrando en contacto por primera vez con muchos virus”, argumenta. Y esto se junta con un contacto estrecho y prolongado con otros niños, con hábitos propios de la infancia como el juego intenso y la necesidad de morder y tocar todo. Y se lía.

Los buques de la Marina Real de Marruecos que irrumpieron en aguas de Ceuta coincidiendo con los primeros días de la crisis provocada por la entrada de más de 70.000 personas en la ciudad autónoma, los pasados 30 y 31 de julio, apagaron el AIS (Sistema de Identificación Automática), que transmite automáticamente los datos de identificación de un barco, así como su posición, su rumbo y velocidad, para dificultar que fueran localizados. El AIS no es obligatorio en buques de guerra, pero se considera una medida de seguridad para evitar colisiones, especialmente en zonas de intenso tráfico marítimo como es el estrecho de Gibraltar.

A la una y media de la madrugada, un hombre llamado Rubén circula por la carretera en dirección a su vivienda en Arroyomolinos (Madrid). Es 22 de febrero de 2023, apenas hay tráfico, pero una patrulla de la policía le da el alto. Él para el vehículo pensando que es un control rutinario, cuando, de repente, se ve envuelto en una maraña de golpes e insultos y esos supuestos agentes lo meten a trompicones en su coche. Al mismo tiempo, en su casa, cuatro encapuchados, también vestidos como policías, sacan a su mujer y sus hijos de la cama y los meten en otro coche. Es el inicio de una noche de terror y brutalidad a manos de una banda a la que no le temblaba el pulso para conseguir todo el dinero y las joyas que pudiera. ¿Su límite? Una anotación en un papel en la mesilla de noche de uno de los criminales da una idea de sus expectativas: “Riqueza Éxito - un millón de euros”.

Los sindicatos médicos mantienen huelgas en cinco comunidades autónomas, tras desconvocar el paro general en toda España que tenía previsto su inicio este viernes. El detonante de este movimiento fue la convocatoria electoral, que hizo decaer la tramitación del Estatuto Marco de los trabajadores sanitarios, contra el que llevaban meses batallando. Canalizan ahora sus protestas a las consejerías de sanidad, de las que dependen la mayoría de sus reivindicaciones.
La primera vez que Mónica Marchante (Roma, 58 años) entró en un estadio fue para asistir a una final del Mundial, la de 1982. Vio a aficionados brasileños revendiendo sus entradas y corrió a aquella casa en la que no se hablaba de fútbol a romper la hucha y convencer a sus padres para que la dejaran ir. Unos cuantos años después ya no hubo forma de convencerla para que estudiara derecho en lugar de periodismo y hace no tanto tiempo (2016) , el personal de seguridad de aquel mismo estadio, el Santiago Bernabéu, estuvo a punto de echarla porque al ver a una mujer con un micrófono en la grada —solía cubrir los partidos desde el palco, pero salía para escuchar a quién se pitaba—entendió que lo había robado. Además de entrevistas a presidentes, futbolistas y entrenadores, ha realizado para la plataforma Movistar Plus documentales sobre figuras del deporte como Unzué, Javier Clemente, Luis Aragonés o Perico Delgado.
Las escenas de violencia en las calles de París y otras ciudades causaron conmoción en Francia y el resto del mundo. Tampoco dejaron indiferentes a los mercados financieros. El jueves los inversores llegaron a exigir al Tesoro francés una compensación del 5% para prestarles dinero, el nivel más alto desde 2002. No es un hecho aislado: la presión sobre la deuda francesa forma parte del encarecimiento de la deuda de los países que comenzó tras la pandemia y a la que en los últimos meses se ha añadido una creciente inquietud por la sostenibilidad fiscal de varias economías desarrolladas.

Nuestro país no es más raro que los otros, pero tiene sus propias rarezas. Con la memoria aún disputada de una trágica Guerra Civil, si hay algo que debería congregar al pueblo español bajo la bandera de la unidad sería el rechazo a que nadie tuviera que volver a proferir frases como “vivir para ver esto”, ese doloroso último verso con el que Luis Cernuda cerró su poema Ser de Sansueña, compuesto desde el destierro en 1948. Ahora bien, demasiadas evidencias de la actualidad política y social muestran ya desguazado o, al menos, descosido el frágil entramado de esos acuerdos recientes que han hecho posible la convivencia entre españoles en las últimas cinco décadas. En un clima de desinhibición a veces esperpéntico, que alienta desde arriba un peligroso “paso al acto”, la pregunta central sería: ¿acaso nos lo podemos permitir? Nadie que piense en los que nacerán mañana —nadie que decline en futuro su pasado— podría responder afirmativamente. De la misma forma, convengamos también en que no podemos permitirnos el aplanamiento ideológico de nuestras dificultades reales: nunca ha sido posible construir una sociedad ni una patria a fuerza de disolver o encubrir sus múltiples diferencias, mediante la imposición de una “amalgama” que, como denunció el historiador Pere Bosch i Gimpera, jamás logrará resolver las tensiones subyacentes a la compleja diversidad cultural y territorial española. Toda dictadura es siempre “idealista”, como ya denunciara una joven Zambrano en Horizonte del liberalismo: el ideal de un solo sol, un solo dios, una sola lengua, dos únicos sexos, en los que habría que aherrojar una realidad tozudamente inadaptada.
En la típica operación de falsa bandera, un grupo de “agentes provocadores” se infiltra en la protesta pacífica y provoca actos violentos para activar la reacción policial. Se llama de falsa bandera porque el objetivo es atribuir engañosamente a otros la violencia. En realidad es una campaña de desinformación, porque está diseñada para demostrar algo que sin ellos no sería cierto: que la manifestación es violenta o que la policía abusa de su poder. También es un ataque contra los derechos civiles, porque impide a la ciudadanía ejercer su derecho a reunirse y expresarse de forma pacífica sin poner en riesgo su integridad física o su libertad.