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Las primarias del Partido Popular de Castilla y León en 2017 cambiaron la vida de Alfonso Fernández Mañueco, pero podrían haber cambiado también la historia del PP. El presidente de la Junta, que entonces era alcalde de Salamanca, la ciudad en la que nació hace 60 años, ganó aquella elección interna contra el criterio de su predecesor, Juan Vicente Herrera. Pese a que Mañueco era su secretario general, Herrera aupó a otro candidato, el alcalde de León, Antonio Silván. Mañueco consiguió imponerse a su rival en las primarias, pero estuvo a punto de haber tenido enfrente a un contrincante de Palencia mucho más peligroso: Pablo Casado.

Joan Laporta continuará como presidente del FC Barcelona después de imponerse con autoridad en las elecciones de este domingo a Víctor Font con el 68,18% (32.934) de los votos, después de haberse escrutado el 100% de las papeletas. Ejercieron su derecho a voto 48.480 socios, el 42,34% del censo. En términos relativos fue la participación más baja desde el 1997 (34,38%); en absolutos, en cambio, la menor desde el 2015 (47.270). “Ha habido una candidatura, la que ha perdido, que presentó una propuesta de división y confrontación. La mayoría de los socios, una mayoría muy amplia, ha votado la nuestra: la de defender al Barça contra todos y contra todo. Es un apoyo a la obra que hemos hecho; nos han dado fuerza para que continuemos la obra iniciada. Este resultado nos da fuerza, nos hará imparables”, destacó Laporta, que pidió un aplauso para Hansi Flick, Deco, Bojan y los técnicos de la cantera.
El PSOE ha cogido oxígeno en Castilla y León. No ha logrado el objetivo de desbancar al PP, que gobierna de forma ininterrumpida desde 1987, pero ha roto la inercia negativa de Extremadura y Aragón con un leve repunte en votos (menos de un punto) y dos escaños más. Carlos Martínez, alcalde de Soria que se ha presentado por primera vez a las elecciones autonómicas, saca a los socialistas del desánimo tras los malos resultados anteriores, en plena estrategia de Pedro Sánchez para reactivar al electorado de izquierdas con su posicionamiento en contra de Donald Trump, que ha marcado la recta final de la campaña del PSOE.


EL ascenso meteórico de Vox pierde gas. El partido ultra, que consiguió duplicar sus escaños en las elecciones de Extremadura y Aragón, solo tendrá un procurador más en las nuevas Cortes castellano y leonesas, pasando de 13 a 14. Se queda así lejos de los 17 escaños que le atribuían las encuestas y no consigue superar el listón del 20% de los sufragios, quedándose en un 18,9%, poco más de un punto por encima del porcentaje que obtuvo hace cuatro años. A pesar de todo, su techo histórico.
Nadie lo habría dicho en el PP. Que Alfonso Fernández Mañueco, el candidato con más años de Gobierno a sus espaldas ―y, por tanto, con mayor desgaste― sería el que mejor rendimiento iba a lograr en el PP en las tres últimas elecciones autonómicas. La victoria del candidato popular vuelve a ser incompleta, porque con 33 procuradores necesitará a los 14 de Vox para gobernar (la mayoría absoluta está en 42), pero en Castilla y León el PP logra salir del ciclo de victorias agridulces y se refuerza. Con cuatro puntos más de voto y dos nuevos procuradores, Mañueco crece más en diputados que los dos barones que le precedieron ―María Guardiola y Jorge Azcón (la extremeña ganó un escaño, y el aragonés perdió dos)― y, sobre todo, logra frenar a Vox, el gran rival del PP. Los ultras ralentizan su crecimiento y se quedan por debajo de la barrera simbólica del 20% de los votos, en el 19%, su mejor resultado en las urnas. En Castilla y León, Vox partía de una posición mucho más alta que en los otros dos territorios, por lo que el margen de crecimiento era menor. Eso sí, que la extrema derecha crezca solo un escaño es otra victoria para el PP, después de sus resultados en Extremadura y Aragón, donde duplicaron sus asientos. La fotografía no es perfecta para el PP, porque no hay batacazo del PSOE, que se recupera y también crece, pero Mañueco sorprende y mejora expectativas.
El Partido Popular comenzó a gobernar en Castilla y León allá por el siglo XX, cuando el muro de Berlín seguía en pie, el último grito en comunicaciones era el fax y casi ningún español había probado el sushi. Han pasado casi 40 años desde aquel 1987, y con ellos han pasado el dominio de la vieja Convergència en Cataluña, el monocultivo nacionalista en el País Vasco o la identificación automática entre PSOE y Junta de Andalucía. Han pasado casi 40 años, y el PP sigue ganando y tiene todas las posibilidades de seguir gobernando en Castilla y León. Con algún mérito extra: hacerlo con un político, Alfonso Fernández Mañueco, que nunca ha debido un voto al entusiasmo. Con la memoria cercana de unos fuegos en los que la Junta distó de tener su mejor hora. Frente a un candidato socialista, Carlos Martínez, con fama de serio y de gestor. Y con un Vox que creía jugar en campo propio y que, según las encuestas, iba a arrancar la rama dorada del 20% de los votos.