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El tema de las pensiones o, para ser más precisos si tenemos en cuenta lo que dicen algunos economistas, “el problema de las pensiones”, viene de lejos por más que ahora parezca actual por obra y gracia de la campaña electoral en España, esa campaña en la que los hechos demuestran lo que ya se sabía: que la pretendida derecha civilizada se ha echado al monte con los que añoran el franquismo.

Chrystia Freeland (Peace River, Alberta, 58 años) ha vivido muchas vidas en una. Trabajó como periodista en el Financial Times, donde fue corresponsal jefa en Moscú, en Europa del Este, en el Reino Unido y en Estados Unidos. Dio el salto a la política canadiense en 2013, primero como diputada del Partido Liberal (centroizquierda) y más tarde como ministra de Comercio Internacional, de Finanzas, de Exteriores y, por último, como vice primera ministra de Justin Trudeau. Compitió con Mark Carney la candidatura para las elecciones del año pasado y, tras caer en las primarias frente al hoy jefe del Ejecutivo, dio el salto a la academia: en Harvard y, ahora, en Oxford. Hija de madre ucrania —habla a la perfección ese idioma y sus tres hijos tienen nombres de ese origen— también es una de las principales asesoras económicas de Volodímir Zelenski.

Ramón Espinar (Madrid, 40 años) se sienta en las escaleras del Planetario de Madrid, posa para las fotos y comienza a hacer bromas con una locuacidad casi supersónica. Dice que empezó en política muy joven y que joven era cuando salió ella, aunque en la conversación todo girará en torno a ella. A veces da la sensación de que es de los que lleva la procesión por dentro y saca el humor como legítima arma de defensa. Habrá hueco para hablar de orfandad y enfermedad, pero enseguida se abrazará a la risa.


La Bolsa brasileña perdió el lunes más de 180.000 millones de euros de valor tras la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente del país sudamericano. El índice bursátil de referencia, el Bovespa, cayó un 13,4%. También se desplomó la divisa local, el real brasileño, y la valoración de su deuda pública. Los mercados habían descontado el triunfo de su rival, el senador ultra Flávio Bolsonaro, considerado más próximo a las empresas. Pero, tras el castigo inicial, los inversores parecen haber dado una tregua a Lula, mientras escudriñan con lupa los primeros pasos en política fiscal, especialmente los nombramientos del área económica del Gobierno. Ayer martes, el real y la Bolsa brasileña cotizaron con tímidas subidas.
Me ronda últimamente la idea de esos nombres que cambian el aire de un aula antes de que su profesor entre. Quienes damos clase a adolescentes lo sabemos: basta mencionar a un docente para que aparezcan la estima, la confianza, el respeto. O justo lo contrario. No se trata de miedo ni de pompa; me refiero más bien a esa autoridad que no necesita anunciarse.
Ya lo hacía antes, pero en la campaña para las elecciones del próximo martes se ha desatado. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cada vez con menos filtros cuando habla en público, parece obsesionado con los brazos, los hombros, las manos y la cara de sus aliados. A la hora de ensalzar a los candidatos republicanos, Trump, en lugar de destacar su inteligencia o visión política, saca a relucir sus virtudes físicas.
Se estima que cada gramo de alcohol consumido aporta alrededor de siete kilocalorías ―una cifra muy cercana a la de las grasas― sin ofrecer a cambio al organismo ningún nutriente esencial como vitaminas, minerales, proteínas o fibra. De ahí el concepto de calorías vacías asociado a las bebidas alcohólicas. A esas calorías, además, habría que añadir, en el caso de los cócteles y combinados, las que aportan los refrescos azucarados. Por eso, el consumo de alcohol siempre se ha asociado con la ganancia de peso.

El otoño tiene muchas cosas buenas: vuelve el edredón –por fin–, llegan la calabaza, las setas, la col, la granada o los caquis y consigue que miremos de nuevo con ojitos brillantes la olla, la cazuela y el horno. Empieza la temporada de cremas que arreglan una cena rápida sin mucho lío, los guisos que mejoran de un día para otro y se llevan la mar de bien con el congelador o las ensaladas que demuestran que la lechuga no tiene el monopolio de las verduras de hoja.






Levantarse ha sido difícil en estos últimos días para Damián Bernabéu (Jaén, 63 años). Este profesor de Formación Profesional (FP), que llevaba 36 años ejerciendo hasta que se quedó en paro este verano, decidió unirse el 19 de octubre a las protestas de los docentes madrileños que están en huelga indefinida por la educación pública. La policía cargó contra Bernabéu y otros participantes frente al Palacio de Santoña, en el centro de la ciudad, a las puertas de un acto de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, mientras los profesores pedían mejorar las condiciones de un trabajo que él espera recuperar algún día. Un agente le empujó con un escudo policial, se cayó al suelo y se dio contra una pared. El impacto le dejó un gran moratón e hinchazón en la espalda que le provoca dolor cada vez que intenta levantarse de una silla o de la cama. Ahora ha presentado una denuncia en un juzgado de guardia por lo que considera una “fuerza bruta contra una gente totalmente pacífica”.
Un popular refrán sueco dice que “no hay que cruzar un río para buscar agua”, lo que viene a decir que a veces la solución de un problema está al alcance de la mano. Quizá fue lo que pensó Gustaf de Laval, nacido en 1845 en la provincia de Dalarna, en el centro del país, cuando a los 33 años ideó una centrifugadora que poco después permitiría desnatar la leche. El científico y emprendedor, que a lo largo de su vida patentaría 92 productos, fundó junto a su socio Oskar Lamm la empresa Alfa Laval, una de las joyas del país que hoy es un grupo cotizado que capitaliza 20.200 millones de euros al cambio. “Lógicamente, en estos 140 años la empresa ha evolucionado muchísimo”, desarrolla Javier Ortiz, director general en España y Portugal. Acumula ya más de 4.200 patentes y su mayor accionista, con el 29,5% del capital, es Winder Holding AG, vinculado a la familia de origen sueco Rausing, que construyó un imperio alrededor de los envases de Tetra Pak.
En las últimas semanas se han multiplicado las dudas de los inversores acerca del riesgo de una burbuja alrededor de los modelos de financiación de los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial (IA). Alfa Laval ve en ellos uno de los vectores de crecimiento, como señala su responsable en Iberia. El nerviosismo ya se percibió en la conferencia con analistas que siguió a la presentación de resultados semestrales del grupo. El presidente, Tom Erixon, tuvo que contestar a muchas dudas sobre el aumento de pedidos en esta área. “Tenemos plena confianza en que nuestra cuota de mercado aumentará este año. Y no se trata solo de tecnología. Creo que el sector tiene dificultades en muchos aspectos, incluyendo la gestión térmica, para satisfacer el crecimiento de la demanda. Por lo tanto, es una situación complicada para las grandes empresas hiperescaladoras y para quienes trabajan en la instalación de sistemas en este ámbito”, explicó, en declaraciones recogidas por el portal Seeking Alpha. La empresa asegura que tiene la capacidad de invertir recursos para respaldar los planes de inversión en estos proyectos. “Es justo decir que somos el socio de referencia y el socio principal para la mayoría de los planes de expansión de centros de datos. Y esto puede parecer algo fantástico, y por supuesto que lo es. Pero también implica una enorme responsabilidad: asegurarnos de no ser el cuello de botella del mayor programa de inversión industrial de la historia”, añadió Erixon.