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El Barça goleó el miércoles al Feyenoord en su debut en la Champions League (5-1) y, de paso, cerró un arranque de temporada que no se veía en el club desde hace más de setenta años. Con ese resultado, el equipo azulgrana suma 22 goles en sus cinco primeros partidos oficiales, una cifra que solo había alcanzado o superado en las campañas 1949-50 y 1950-51, cuando llegó a marcar 21 en sus cuatro primeros duelos de Liga (17 este curso), su mejor registro histórico.
Junto al Danubio que se evapora, el estadio nacional de atletismo de Budapest será una discoteca este fin de semana. Mondo Duplantis pondrá la música, Noah Lyles el vestuario psicodélico y Usain Bolt el baile. Habrá alfombra roja y desfile de modelos, y, en el centro, iluminados como especímenes de un museo arqueológico revividos con técnicas digitales y bases de datos computacionales los mejores atletas del mundo lucirán su talento y su competitividad, su dominio del gesto técnico y la elegancia de movimientos, su sed y su ambición alimentadas durante años y años de intenso entrenamiento. Son una cultura en extinción, especie amenazada en el programa olímpico y en las mínimas ventanas que ofrecen las programaciones televisivas, que busca sobrevivir abrazando la tecnología y las bombillas LED en un mundo al que la IA y la automatización de todos los procesos, y hay carreras de robots más rápidos que Usain Bolt, le roban toda brizna de imprevisibilidad y gracia, tan humanas.
La magia se produce al caer la noche. El agua del mar, embalsada durante días y calentada por el sol, disminuye entonces su temperatura con rapidez. Sobre su superficie, cuando todos duermen, nace una fina lámina salada que se cosecha con delicadeza al amanecer. Nace así la flor de sal, una exquisitez por su valor gastronómico y organoléptico. La llamativa transformación ocurre en paisajes sorprendentes como las salinas de Cabo de Gata, una extensión de 400 hectáreas de terrenos inundables junto al desierto de Almería que, desde la primavera de 2025, se puede visitar. Además de conocer la extracción de este mineral e incluso recogerlo, la ruta permite disfrutar de la elegancia de los flamencos y adentrarse, acompañados de la singular salicornia, en la historia de uno de los parques naturales más asombrosos de la geografía ibérica. “Es un lugar increíble”, confirma Arantxa Roldán, guía en este territorio marciano.

Uno de los aspectos más característicos de las salinas almerienses es que sus aguas son permanentes a pesar de ubicarse en la zona más árida de la península Ibérica. Su localización las convierte, además, en punto clave para la emigración de aves entre África y Europa. “Es como un área de descanso para muchas”, cuenta Emilio González, presidente de la Sociedad para el Estudio y Recuperación de la Biodiversidad Almeriense (Serbal). El especialista explica que algunas especies paran aquí camino de Tarifa para cruzar el Estrecho y otras, que tienen como referencia la isla de Alborán, viajan directamente al sur tras parar en este humedal. Algnas nidifican, como los flamencos, avocetas y cigüeñuelas. En su entorno, gracias a la reserva ornitológica de Las Amoladeras, los amantes de la ornitología están de suerte: pueden ver la ganga ortega o el camachuelo trompetero, de llamativo pico rojizo. Incluso a la alondra ricotí. “Apenas hay un millar de individuos en España y de los diez de Andalucía, todos están en Cabo de Gata”, añade González. Más allá, el camaleón, la víbora hocicuda o la tarántula europea. “El entorno de las salinas es una isla de biodiversidad impresionante”, sentencia el responsable de Serbal.
Esta es la idea, es tan simple que vale millones. Nos encontramos en un concierto pop de manual, seis chicas en el escenario, una banda a sus espaldas, vestidos ceñidos, luces estroboscópicas, sonidos de girl band, un poco Spice Girls, un poco dosmildieceros. “Hola, Madrid, hagamos un poco de ruido”; gritos del público; letras con doble (y triple) sentido, sarcasmo, empoderamiento; coreografías hipnóticas. Entonces, el giro. Las seis divas resultan ser Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr, las seis esposas de Enrique VIII, posiblemente el rey más cruel con sus cónyuges de los libros de historia inglesa. Puede que sean las últimas mujeres que uno imaginaría ver reencarnadas en reinas del pop, con estribillos pegadizos sobre entornos tóxicos o la tiranía de un ex literalmente soberano. Pero, por otro lado, quién mejor que ellas para aprovechar el lenguaje feminista del pop actual, para cuestionar cómo la historia enmarca el sufrimiento femenino, para investigar si la lógica patriarcal ha cambiado algo desde los terribles tiempos del absolutismo. La idea vale millones porque, durante casi hora y media, la idea es inagotable.
El término refugio climático se ha instalado definitivamente en el debate público. Cada vez que una ola de calor asfixia nuestras ciudades, la mirada se dirige hacia ellos: espacios colectivos —en su mayoría públicos diseñados para ofrecer cobijo frente a las altas temperaturas o fenómenos meteorológicos extremos—. Bibliotecas, polideportivos, centros culturales, centros de mayores, escuelas infantiles o patios escolares renaturalizados se convierten en lugares donde sencillamente estar, jugar, descansar y encontrarse a gusto.
Jacob Coxon, el ingeniero que lleva años investigando preentrenamiento, tanto en Anthropic y OpenAI, ha dimitido esta semana para poder denunciar públicamente que las dos rivales compiten en una carrera irresponsable hacia la autonomía recursiva que pone nuestras vidas en riesgo. Dos acontecimientos recientes han propiciado su dimisión. El primero ocurrió hace dos meses, cuando un enjambre de agentes de OpenAI hackearon infraestructuras de terceros, “una campaña de hackeo concentrada que llevaron a cabo por voluntad propia” y sin que la empresa responsable se diera cuenta, antes de que fuera denunciado al FBI. El segundo ha sido el anuncio de que el modelo de OpenAI ha resuelto el problema de Navier-Stokes. Coxon cree que, de la misma forma, podrían estar usando estas soluciones matemáticas para mejorar su condición.

La vida es un empleo temporal, un periodo de cotización más o menos largo y penoso en el que nos reconforta pensar en la felicidad mientras producimos alguna milonga. Tornillos, horas de estrés, artículos, libros, pechugas de pollo, películas. Da igual el brillo que le ponga el ego. Es tiempo robado a la vida, porque cuando te echan del curro o uno deja de farmear ese aura laboral, por lo que sea, especialmente en ese momento en que está clarísimo que se ha tocado techo y nada mejor ocurrirá, la sensación de derrota en el cementerio de LinkedIn o Infojobs será la misma para todos.
Hace más de diez años Curtis Yarvin escribía bajo seudónimo en un blog que casi nadie leía. El día de la investidura de Trump, sus ideas se sentaban en primera fila, con traje y sin seudónimo, bajo los nombres de los hombres más ricos del mundo. Algo que durante años vivió en los márgenes de internet ha llegado al centro del poder, y con un plan. Ese viaje del foro anónimo a la Casa Blanca es el que reconstruye Arnaud Miranda en La Ilustración oscura, un intento riguroso y necesario de tomarse la neorreacción como lo que es: no una anécdota digital, sino un cuerpo de ideas con genealogía.


La protagonista de Broma era joven cuando su padre murió. De aquel día Julia recuerda el olor y el ruido que hacían los pulmones como otros recordamos una vibración ligera del labio inferior. Pesa mucho, el instante en que por fin se acaba el cuerpo de un padre enfermo, aunque Lucía Marín (Granada, 1985) sabrá mostrarlo rápido y casi aleatorio cuando por fin nos lleve de la mano a aquella habitación de hospital: “Y entonces mi padre aprovechó para morirse”. Es perfecto, porque en realidad solo es otro instante rápido y aleatorio más. Suficiente para partir en dos los recuerdos de una vida. Por eso, la novela alterna capítulos en primera persona que evocan la relación entre padre e hija (antes de la muerte, am) con otros que narran en tercera la historia de la familia que ella intenta construir junto a su pareja (después, dm).

Cuando Letizia Ortiz decidió dejar de cubrir sus canas, mientras que algunos medios alababan su decisión, la prensa británica prefirió volver a convertir el cabello de las mujeres en motivo de debate al criticar a la reina. La melena de la mayoría de las primeras damas de la historia moderna de Estados Unidos también ha terminado por ser motivo de análisis. Nancy Reagan se arreglaba el pelo al menos una vez a la semana, Jacqueline Kennedy se cepillaba el pelo 75 veces cada noche y Michelle Obama, consciente de que su pelo iba a ser motivo de politización, decidió llevar la melena lisa durante el mandato de su marido. Porque es indiscutible que el pelo no es un tema banal, sino un asunto político.