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Existe un dicho que asegura que el mejor alpinista es aquel que llega a viejo. Los hermanos Iker (49 años) y Eneko Pou no son viejos, exactamente, pero apuran sus últimos años en la élite conscientes de un doble éxito: han sabido sobrevivir a su actividad y son los únicos alpinistas españoles capaces de vivir de sus patrocinadores. Recientemente anunciaron un sorprendente cambio. Tras 20 años mostrando el logo de The North Face, en el equipo de Alex Honnold o Benjamin Védrines, la pareja de Vitoria cambia de escuadra y abraza La Sportiva. Tuvieron que jurar en sus redes que no se retiraban, que aún tenían medios para seguir rindiendo aunque el ritmo sea otro. Solo el fenómeno Kilian Jornet, gracias al trail running, puede rivalizar con los Pou en el ranking del patrocinio para alpinistas de este país.
La afición del Sevilla, realmente lo único que le queda a una entidad envuelta en una crisis eterna, ha reaccionado de manera ejemplar para arropar a su equipo en el partido ante la Real Sociedad que este lunes cierra la jornada 34 de Liga (21.00, Teledeporte). Acompañó a su equipo en el último entrenamiento previo al choque, empapeló de mensajes motivadores y banderas la ciudad deportiva y miles de rollos de papel higiénico, como el pasado miércoles en el Metropolitano, darán un colorido espectacular al Sánchez Pizjuán. Todo, para que su equipo gane un partido clave en la pelea por la permanencia, que el Sevilla (34) afronta a dos puntos de la salvación, que marca el Alavés con 36. No hay vuelta atrás. Si gana, el equipo hispalense saldrá de los puestos de descenso. Habrá lleno ante la Real. Esta semana, el club ha recurrido a emblemas como Pablo Alfaro o Joaquín Caparrós para animar a un grupo alicaído. “Nos hierve la sangre roja”, declararon ambos. “Es una auténtica final”, proclama Luis García Plaza, el segundo técnico del curso.
El ambiente en la redacción del diario libanés Al Akhbar refleja el sentir general entre la comunidad periodística local, donde los misiles israelíes que matan a informadores causan resignación, pero no sorpresa. Los periodistas de este periódico, fundado el día que comenzó la tregua entre Hezbolá e Israel tras el conflicto de 2006, mantienen la cobertura de un país en guerra rodeados de fotografías recientemente impresas de Amal Khalil, su corresponsal en el sur de Líbano hasta que el pasado 22 de abril falleció en un bombardeo israelí.
El futuro de la mayor colonia africana de España, abandonada hace medio siglo, se decide a puerta cerrada. El Consejo de Seguridad de la ONU ha revisado en la última semana de abril las funciones de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) 35 años después de su despliegue. Marruecos, que controla el 80% del desértico territorio, y el Frente Polisario, exiliado en Argelia, están llamados a reanudar este mes en Washington la negociación sobre el futuro del territorio lanzada en febrero en Madrid por Estados Unidos. La diplomacia norteamericana ha activado al mismo tiempo la mediación directa entre Rabat y Argel mientras impone una estricta ley del silencio en el diálogo sobre el futuro del Sáhara Occidental
Hace no tanto tiempo, en las últimas décadas del pasado siglo, la ONU era el árbitro de la legalidad internacional, y su secretario general, un pacificador casi a tiempo completo. Hoy las negociaciones para resolver guerras y conflictos recaen en empresarios amigos del presidente Donald Trump o en terceros países, a menudo potencias emergentes (Qatar como mediador en Gaza o Pakistán en la guerra contra Irán), que han cooptado la histórica labor de interlocución de la organización. En vísperas de elegir a su próximo secretario general, la dimensión pacificadora de la ONU cobra especial relieve por la parálisis acumulada ante los más recientes conflictos: Ucrania, Sudán, Gaza, Irán, Líbano...
La Audiencia Nacional investiga en secreto si hay guardias civiles implicados en el segundo narcotúnel que fue hallado en Ceuta a principios del mes de abril, según han confirmado a EL PAÍS fuentes de la investigación. La causa mantiene en prisión provisional a Ángel Albarracín un guardia civil jubilado que, como detalla el sumario de la operación, tenía dos caras. Él mismo llega a decir en las grabaciones “yo no soy corrupto, soy traficante”, “me dejan cerca de un charco y meto lo que pueda”, pero ante el juez defendió que si se relacionaba con Mustapha Brouzi (principal implicado en este caso de narcotráfico) fue porque la Guardia Civil se lo pidió en febrero de 2025, justo cuando se descubrió el primer narcotúnel en la ciudad.

Alcossebre es una pedanía costera que se asoma al Mediterráneo en el norte de Castellón, entre calas, pinares y urbanizaciones de baja altura. Pertenece al municipio de Alcalà de Xivert, y aunque cuenta con alrededor de 7.500 habitantes censados, en los meses de julio y agosto la población se multiplica. Es un destino clásico del veraneo valenciano, donde la vivienda turística marca el pulso del mercado inmobiliario. Tener casa aquí es, para muchos, una forma de asegurarse un refugio junto al mar. Un enclave de atractivo incuestionable, especialmente para jubilados que buscan comodidad y buen clima.



Los ingresos que entran cada año en los hogares españoles suelen venir de fuentes tradicionales como los salarios, las pensiones y las actividades profesionales. Sin embargo, existe una vía que a menudo pasa desapercibida para el gran público, pero que ha cobrado un protagonismo inédito en el último ejercicio. Son las rentas del capital. Este concepto, que engloba beneficios económicos, intereses, dividendos y ganancias obtenidas por la tenencia o venta de activos, ha alcanzado máximos. La estadística publicada recientemente por la Agencia Tributaria, correspondiente a 2025 y todavía provisional, refleja que los contribuyentes ganaron el ejercicio pasado más dinero que nunca a través de esta vía, registrando un alza anual del 14% y superando con holgura la barrera de los 100.000 millones de euros. El tirón de la Bolsa y el calentamiento del mercado inmobiliario, tanto de la compra como del alquiler, explican la mayor parte del alud de dinero.
En las cafeterías que rodean el lago de la Casa de Campo en Madrid, las mañanas de domingo reúnen a corredores y ciclistas que llenan las terrazas para reponer energía tras recorrer los caminos. Al llegar la hora de pagar, en las mesas la expresión se repite: “Pago yo y me hacéis un Bizum”. En los últimos años, se ha convertido en el lenguaje habitual para saldar deudas de bajo importe entre amigos y familiares, desplazando al efectivo en la vida cotidiana de millones de españoles. A partir de la tercera semana de mayo, hacer un Bizum dejará de ser solo la forma de pagar una cena a medias para convertirse también en un gesto en el supermercado, la farmacia o la tienda de ropa. Se trata del movimiento estratégico más ambicioso desde la creación de la propia plataforma en 2016 y que llevará a Bizum a convertirse en un medio de pago total para competir con los gigantes que dominan el sector: Visa, Mastercard, Apple Pay y Google Pay.
Robert Millar fue, en la España de los 80, el escocés del pendiente, una expresión homófoba que justificaba, hace 40 años, la tirria que se le tenía durante la Vuelta al ciclista de Glasgow, porque nuestro héroe, Perico Delgado, no lograba derrotarle en la Vuelta. Lo consiguió solo a costa de una gran coalición de todos los equipos españoles capitaneada desde las ondas por José María García, que renunciaron a sus objetivos particulares por un bien mayor y volvieron loco al equipo Peugeot de Millar en la travesía de la sierra de Navacerrada. Perico ganó la Vuelta y Millar encontró aún más razones para alimentar su bien ganada fama de borde y arisco.