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Si entre los lectores de esta crítica cinematográfica hay alguna aspirante a profesora de Educación Primaria, que se controle la tentación de acudir a una sala a ver la película porque con toda probabilidad abandonará la carrera al día siguiente. Bad Apples es dinamita pura para las vocaciones. Una película ácida, transgresora, creativa, valiente, incómoda y crítica. Y duele. Entre sus risas, que las tiene, pues se trata de una comedia negra, el primer trabajo de producción y ambientación británicos del sueco Jonathan Etzler es un golpe en la nuez a un sistema que parece derrumbarse de arriba abajo por cualquiera de sus vertientes. Así que hay palos para todos: profesores, padres, directivos, pedagogos, inspectores, gobernantes y hasta para los críos. Las manzanas podridas del título somos todos, aunque quizá unas más que otras.
Dirección: Jonathan Etzler.
Intérpretes: Saoirse Ronan, Eddie Waller, Nia Brown, Jacob Anderson.
Género: comedia. Reino Unido, 2025.
Duración: 99 minutos.
Estreno: 11 de septiembre.
En la actualidad festivalera de segunda fila hay un modelo de cine tan trabajado en el despojamiento que no pocas de las películas de la sistemática se quedan en poco, o muy por debajo de lo que podrían haber alcanzado, por culpa, digámoslo ya, del tedio. El aburrimiento no llega por cualquier cosa. Te azota porque el fondo carece de interés o porque la forma aplicada a un fondo con, al menos, cierta intención no es la adecuada para agarrar al espectador. Incluso desde la lentitud, hermosa y serena cuando hay talento detrás, se pueden hacer películas formidables.
Dirección: Lucía Aleñar Iglesias.
Intérpretes: Zoe Stein, Lluís Homar, Nuria Prims, Martina García.
Género: drama. España, 2025.
Duración: 97 minutos.
Estreno: 11 de septiembre.
La última visita de la F1 a Madrid en junio de 1981 tuvo de todo, y transcurrió en un ambiente de alta tensión política, comercial y deportiva, a raíz del conflicto entre FISA (Federación Internacional) y FOCA (constructores). Por otro lado, la carrera se celebró a pesar de las amenazas de la banda terrorista ETA, que obligaron la Guardia Civil a redoblar su despliegue, y que tuvieron una importante influencia en la venta de entradas: en el Jarama solo se registraron 25.000 espectadores.
Hay algo muy contemporáneo en la actitud de Taylor Fritz (California, 28 años). Es uno de los 10 mejores tenistas del mundo, —actualmente el nueve en el ranking de la ATP—, pero parece haber llegado hasta ahí sin necesidad de construir un relato heroico sobre sí mismo. En una época en la que los deportistas se presentan como productos narrativos de alta gama, Fritz responde a la videollamada tumbado en la cama de su hotel como quien hace un crucigrama. ¿Cuándo se enamoró del tenis? “No lo sé muy bien”. ¿Qué jugador le hizo soñar? “No sé si hubo algún jugador que me hiciera amar el tenis”. ¿Qué quería ser de niño? “Deportista profesional”.
Tony Irvine.
El Barça goleó el miércoles al Feyenoord en su debut en la Champions League (5-1) y, de paso, cerró un arranque de temporada que no se veía en el club desde hace más de setenta años. Con ese resultado, el equipo azulgrana suma 22 goles en sus cinco primeros partidos oficiales, una cifra que solo había alcanzado o superado en las campañas 1949-50 y 1950-51, cuando llegó a marcar 21 en sus cuatro primeros duelos de Liga (17 este curso), su mejor registro histórico.
Junto al Danubio que se evapora, el estadio nacional de atletismo de Budapest será una discoteca este fin de semana. Mondo Duplantis pondrá la música, Noah Lyles el vestuario psicodélico y Usain Bolt el baile. Habrá alfombra roja y desfile de modelos, y, en el centro, iluminados como especímenes de un museo arqueológico revividos con técnicas digitales y bases de datos computacionales los mejores atletas del mundo lucirán su talento y su competitividad, su dominio del gesto técnico y la elegancia de movimientos, su sed y su ambición alimentadas durante años y años de intenso entrenamiento. Son una cultura en extinción, especie amenazada en el programa olímpico y en las mínimas ventanas que ofrecen las programaciones televisivas, que busca sobrevivir abrazando la tecnología y las bombillas LED en un mundo al que la IA y la automatización de todos los procesos, y hay carreras de robots más rápidos que Usain Bolt, le roban toda brizna de imprevisibilidad y gracia, tan humanas.
La magia se produce al caer la noche. El agua del mar, embalsada durante días y calentada por el sol, disminuye entonces su temperatura con rapidez. Sobre su superficie, cuando todos duermen, nace una fina lámina salada que se cosecha con delicadeza al amanecer. Nace así la flor de sal, una exquisitez por su valor gastronómico y organoléptico. La llamativa transformación ocurre en paisajes sorprendentes como las salinas de Cabo de Gata, una extensión de 400 hectáreas de terrenos inundables junto al desierto de Almería que, desde la primavera de 2025, se puede visitar. Además de conocer la extracción de este mineral e incluso recogerlo, la ruta permite disfrutar de la elegancia de los flamencos y adentrarse, acompañados de la singular salicornia, en la historia de uno de los parques naturales más asombrosos de la geografía ibérica. “Es un lugar increíble”, confirma Arantxa Roldán, guía en este territorio marciano.

Uno de los aspectos más característicos de las salinas almerienses es que sus aguas son permanentes a pesar de ubicarse en la zona más árida de la península Ibérica. Su localización las convierte, además, en punto clave para la emigración de aves entre África y Europa. “Es como un área de descanso para muchas”, cuenta Emilio González, presidente de la Sociedad para el Estudio y Recuperación de la Biodiversidad Almeriense (Serbal). El especialista explica que algunas especies paran aquí camino de Tarifa para cruzar el Estrecho y otras, que tienen como referencia la isla de Alborán, viajan directamente al sur tras parar en este humedal. Algnas nidifican, como los flamencos, avocetas y cigüeñuelas. En su entorno, gracias a la reserva ornitológica de Las Amoladeras, los amantes de la ornitología están de suerte: pueden ver la ganga ortega o el camachuelo trompetero, de llamativo pico rojizo. Incluso a la alondra ricotí. “Apenas hay un millar de individuos en España y de los diez de Andalucía, todos están en Cabo de Gata”, añade González. Más allá, el camaleón, la víbora hocicuda o la tarántula europea. “El entorno de las salinas es una isla de biodiversidad impresionante”, sentencia el responsable de Serbal.
Esta es la idea, es tan simple que vale millones. Nos encontramos en un concierto pop de manual, seis chicas en el escenario, una banda a sus espaldas, vestidos ceñidos, luces estroboscópicas, sonidos de girl band, un poco Spice Girls, un poco dosmildieceros. “Hola, Madrid, hagamos un poco de ruido”; gritos del público; letras con doble (y triple) sentido, sarcasmo, empoderamiento; coreografías hipnóticas. Entonces, el giro. Las seis divas resultan ser Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr, las seis esposas de Enrique VIII, posiblemente el rey más cruel con sus cónyuges de los libros de historia inglesa. Puede que sean las últimas mujeres que uno imaginaría ver reencarnadas en reinas del pop, con estribillos pegadizos sobre entornos tóxicos o la tiranía de un ex literalmente soberano. Pero, por otro lado, quién mejor que ellas para aprovechar el lenguaje feminista del pop actual, para cuestionar cómo la historia enmarca el sufrimiento femenino, para investigar si la lógica patriarcal ha cambiado algo desde los terribles tiempos del absolutismo. La idea vale millones porque, durante casi hora y media, la idea es inagotable.
El término refugio climático se ha instalado definitivamente en el debate público. Cada vez que una ola de calor asfixia nuestras ciudades, la mirada se dirige hacia ellos: espacios colectivos —en su mayoría públicos diseñados para ofrecer cobijo frente a las altas temperaturas o fenómenos meteorológicos extremos—. Bibliotecas, polideportivos, centros culturales, centros de mayores, escuelas infantiles o patios escolares renaturalizados se convierten en lugares donde sencillamente estar, jugar, descansar y encontrarse a gusto.
Jacob Coxon, el ingeniero que lleva años investigando preentrenamiento, tanto en Anthropic y OpenAI, ha dimitido esta semana para poder denunciar públicamente que las dos rivales compiten en una carrera irresponsable hacia la autonomía recursiva que pone nuestras vidas en riesgo. Dos acontecimientos recientes han propiciado su dimisión. El primero ocurrió hace dos meses, cuando un enjambre de agentes de OpenAI hackearon infraestructuras de terceros, “una campaña de hackeo concentrada que llevaron a cabo por voluntad propia” y sin que la empresa responsable se diera cuenta, antes de que fuera denunciado al FBI. El segundo ha sido el anuncio de que el modelo de OpenAI ha resuelto el problema de Navier-Stokes. Coxon cree que, de la misma forma, podrían estar usando estas soluciones matemáticas para mejorar su condición.