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El destino de unos cuantos fridas, riveras y orozcos tiene en vilo a México, hasta el punto de convertirse casi en una cuestión de Estado. Desde el anuncio a principio de año de la cesión de la colección Gelman al Banco Santander, se ha despertado una formidable polvareda que ha forzado la intervención de la presidenta, Claudia Sheinbaum, para intentar aclarar el embrollo. Parte del sector del arte mexicano acusa al Gobierno de trato de favor, opacidad y desprotección de una colección cuyo corazón está blindado por una estricta ley de patrimonio, que limita las salidas del país de las obras emblema, en un delicado equilibrio con los negocios privados. EL PAÍS ha seguido los pasos de los últimos movimientos del conjunto, valorado en 356 millones de dólares. Esta es la historia de cómo un movimiento millonario y habitual en el mercado del arte ha acabado convirtiéndose en un fenomenal enredo con tres protagonistas: el propietario mexicano, el banco español y el Gobierno, encargado de supervisar las obras protegidas. Incluido un préstamo por 150 millones de dólares concedido por el Santander al coleccionista mexicano, por el cual el acervo (156 obras) aparece como garantía del crédito.
Las consecuencias de la ofensiva insurgente que este sábado sacudió Malí siguen conociéndose con cuentagotas, pero de manera constante. Este domingo se ha confirmado la muerte del ministro de Defensa, Sadio Camara, en el ataque a su residencia de Kati, cerca de la capital, Bamako. La información, adelantada por medios internacionales, también ha sido contrastada por este periódico y figura en un comunicado emitido, presuntamente, por el Gobierno del general Assimi Goïta, en el poder desde que dio un golpe de Estado en 2021.
Billy Pilgrim sabe que Paul Lazzaro le matará. Así ha sido y así es. Pilgrim ha viajado al planeta Tralfamadore y ha aprendido a ver el tiempo como un todo en lugar de como una línea recta sin marcha atrás. Lazzaro no se mancha las manos; no es él quien empuña el arma, y la muerte de Pilgrim tampoco reparará su presunta falta. Weary (de cuya muerte Lazzaro culpa a Pilgrim) no volverá a la vida con el asesinato. La inevitabilidad del atentado es el centro de la novela Matadero cinco.

La conflictividad ha aumentado en los centros educativos, al menos en parte de ellos, tanto en Cataluña, donde la Generalitat ha puesto en marcha un polémico plan piloto para desplegar de forma permanente agentes de los Mossos d’Esquadra en 13 institutos de secundaria especialmente conflictivos, como en el conjunto de España. “Los problemas han aumentado, no tiene sentido engañarse. ¿Por qué? Porque cada vez hay más pobreza. Tenemos alumnado que arrastra situaciones muy complicadas y que a veces explota en los centros. Los institutos son un reflejo de lo que es la sociedad, y hay barrios con mucha presión social”, afirma el exdirector de un centro de alta complejidad catalán, que pide que no se publique su nombre por el puesto que ocupa ahora.
A Sabastian Sawe, ya ungido en leyenda, no le quedó energía para hacer una celebración acorde a su proeza. El keniano acababa de convertirse este domingo en Londres en el primer ser humano en correr un maratón en menos de dos horas (1h 59m 30s) y su rostro no expresaba nada. Como si Neil Armstrong se hubiera quedado mudo cuando pisó la Luna aquel verano del 69. El nuevo plusmarquista, de 31 años, solo doblaba su cuerpo para intentar aliviar el dolor. Once segundos después cruzó la meta Yomif Kejelcha, que lograba el sueño de todo maratoniano, romper esa barrera mítica, y lo hacía el día de su debut. El etíope, en su derrota más triunfal, se tambaleaba como un juguete roto. La historia había saltado por los aires después de una carrera memorable, una de las mejores de todos los tiempos, en la que incluso el tercer clasificado, Jacob Kiplimo (2h 28s), terminó por debajo del anterior récord del mundo de maratón, que estaba en poder del difunto Kelvin Kiptum, desde 2023 en Chicago, con un tiempo de dos horas y 35 segundos.