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Una de las escenas que aparecen en los eventos deportivos que se producen en los meses de verano es la de jugadores hidratándose y tratando de bajar su temperatura corporal. En Roland Garros o Wimbledon, se repite la escena de jugadores que se sientan en el cambio de campo y se ponen toallas heladas sobre el cuello o bolsas de hielo tratando de enfriarse y recuperarse antes de volver a la pista. Otra imagen llamativa es la de los ciclistas en el Tour de Francia que, en días donde se alcanzan 35 o 40 grados, sumergen los brazos en hielo, se ponen hielo bajo el maillot o medias de compresión heladas antes de la salida, para tratar de enfriar el cuerpo y evitar golpes de calor. Todos estos ejemplos no son modas o tendencias que aparecen en el deporte, reflejan la aplicación de la ciencia para mantener el control de la temperatura corporal en situaciones de calor excesivo, donde se comprometen el rendimiento y la salud del deportista. Esta situación no es ajena a la realidad de las personas que se ejercitan en los meses de verano, jugando al pádel, corriendo por la playa o montando en bicicleta en horas en que el calor aprieta.
El parque natural de la Sierra Norte (Guadalajara) ya ha visto arder más de 32.000 de sus hectáreas en el incendio más grande registrado en Castilla-La Mancha. Desde que el fuego se iniciase el pasado jueves en el municipio de La Mierla, no ha dejado de avanzar y aún no está controlado. Las llamas están afectando a un paisaje montañoso particular del norte de esta región con unas condiciones geológicas y botánicas únicas.
El objetivo en las escuelas infantiles públicas de Madrid no puede ser otro que el de resistir de la mejor manera posible hasta el 31 de julio. La etapa de 0 a 3 años es la única que registra actividad a estas alturas del año, precisamente la que acoge a la población infantil más vulnerable. Las altas temperaturas pasan factura a educadoras y bebés durante la tercera ola de calor de este año. Los problemas de climatización son un desafío estructural en muchas escuelas de gestión directa, donde la Comunidad de Madrid asume la gerencia. Hay trabajadoras sobreviviendo con ventiladores y otros aparatos, pero el miedo a que se produzca un golpe de calor es constante, mientras los termómetros superan los 30° en el aula día tras día. Hay clases clausuradas porque son hornos. Los mareos y las jaquecas son frecuentes entre las educadoras, que observan cómo entre los más pequeños se multiplican las alteraciones del sueño, la pérdida de apetito, los sarpullidos y las gastroenteritis. “Los niños se tiran de la colchoneta al suelo en busca de fresco para dormir”, cuenta Esther Sánchez, de 53 años. Trabaja en La Almudena, ubicada en Hortaleza.
William Omar Landrón Rivera, alias Don Omar, ha vivido de todo. De niño a adolescente. De adolescente a la calle, al narcotráfico y las pandillas. Después, a pastor de iglesia, predicador de jóvenes. De ahí a máximo exponente de un género, el reguetón, donde debutó con Dile en 2003. Dos denuncias por violencia de género —en 2012 y 2014— y un largo proceso judicial tras ser acusado de tenencia ilegal de armas en 2004. Un cáncer de riñón en 2024, del que ya está recuperado. Y ahora, a sus 48 años y sin intenciones de dejar los escenarios, el puertorriqueño prepara la gira The Last King por Estados Unidos y Europa, que empezará del próximo septiembre, y un nuevo álbum con canciones inéditas.
“En el siglo XII, este edificio era un lugar increíble en el Camino de Santiago: aquí se armaron caballeros, se realizaron juramentos, se pactaron bodas…”. El profesor José Luis Senra enumera, entre la objetividad y la fascinación, algunos de los hitos que marcaron la historia del monasterio de San Zoilo (Carrión de los Condes, Palencia), epicentro de poder de Cluny en la península Ibérica en la Edad Media. El declive de la orden que revolucionó la vida cultural europea y las reformas que se llevaron a cabo en el siglo XVI borraron la huella de aquel esplendor. “¿Ahora qué es San Zoilo? Ahora no es nada”, lamenta el catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Aquel silencio —“una siesta continua”, como lo define Senra— comenzó a romperse en los años noventa con los primeros estudios y hallazgos arqueológicos. Ahora, la localización y restauración de varios capiteles del desaparecido claustro del edificio románico —que se exponen actualmente en el monasterio, hasta noviembre— permiten dar un paso más en el conocimiento de uno de los sitios más deslumbrantes (y olvidados) de la España medieval.
Desde finales del siglo XIX, y con especial intensidad desde mediados del siglo XX, un gran repertorio de imágenes, documentos y testimonios ha contribuido a construir un imaginario visual que pretende dar prueba de la existencia de visitantes extraterrestres. Así, mucho antes de la aparición de lo que hoy llamamos fake news o de las imágenes generadas por inteligencia artificial, este tipo de representaciones ya evidenciaban la fragilidad de la imagen como prueba, fomentando una actitud de duda frente a aquello que se presenta como verdad. Son imágenes que invitan a desplazar constantemente las fronteras de lo real, de ahí su fuerza.

Valentín Roma (Ripollet, 56 años) sigue construyendo una obra literaria fascinante con la publicación de Los trillizos (Periférica, 2026), que sigue a novelas en la misma editorial como El enfermero de Lenin (2017), Retrato del futbolista adolescente (2019) y El capitalista simbólico (2022). Un cuadro sobre las contradicciones, el desclasamiento, el resentimiento y ciertas enfermedades sociales modernas que Roma somete, con un finísimo y atravesado humor. El punto de partida de Los trillizos es un hombre que pasa la tarde con los hijos de su nueva pareja, trillizos. Sentado en un parque sin querer interactuar con el resto de padres, apunta: “La familia es una cédula opresiva”.

Hace dos años el diseñador francés Simon Porte Jacquemus bosquejó un vestido blanco con Zendaya en mente. “Hoy, verla con esa prenda me parece surrealista”, escribe, “feliz”, en su perfil de Instagram junto a una fotografía de la actriz durante la première londinense de La Odisea. Dos años pueden parecer una eternidad para hacer realidad un vestido. Pero el plazo (y el entusiasmo del diseñador) quedan inmediatamente pulverizados cuando los pendientes con los que decides estrenarlo tienen más de 3.000 años.
Durante décadas, Detroit fue el símbolo de la decadencia urbana estadounidense. Hoy, la ciudad de los Grandes Lagos que inventó la producción en cadena vuelve a atraer a arquitectos, artistas, chefs, diseñadores y viajeros curiosos. Entre rascacielos art déco, antiguas fábricas reconvertidas y algunos de los mejores murales del país, demuestra que las ciudades también pueden reinventarse.