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La Tertulia abrió sus puertas en Granada el 19 de abril de 1980. Nació como un bar —de copas, no de comida; el clásico pub de hace años—, pero sobre todo, como un espacio cultural. Un proyecto que venía soñado desde Suecia, donde su propietario, Horacio Tato Rébora, vivió un tiempo. Tato había llegado a Madrid desde Argentina huyendo de la dictadura del país americano en 1976. Estuvo unos meses, viajó por España, y se fue a Suecia, de donde volvió un par de años después. El éxito cultural fue inmediato y sigue hasta hoy; el negocio, el de la cervezas y licores de más rango, aguantó unas décadas, dando al empresario lo comido por lo servido pero en los últimos años ya no alcanza ni eso. Por ello, el 30 de mayo, La Tertulia, el lugar donde ha bebido y reído toda la intelectualidad que ha pisado la ciudad, echará la persiana 46 años después de aquel 19 de abril del 80.





Convertirse en propietario de una vivienda ha pasado a ser hoy un sueño inalcanzable para una parte significativa de la sociedad. No era así hace tanto. De hecho, la todavía legítima aspiración de muchos ciudadanos de comprarse una casa emana de una tradición propietaria que ha distinguido a la sociedad española de la de otros países del entorno, más propensas al alquiler. Los datos sirven para detallar con precisión esta aspiración ahora insatisfecha: entre 2008 y 2022, 14 años, los hogares que residen en una vivienda de su propiedad han caído más de diez puntos, hasta representar el 63,9% del total; lo que ha provocado, a su vez, que aquellos atados a un alquiler se hayan elevado hasta el 19,2% en este tiempo. Sin embargo, esta deslocalización de la propiedad no ha afectado a los propietarios que poseen también viviendas que alquilan a otros: han pasado de representar el 3,4% al 9,8% del total.

Falta de personal, caídas recurrentes, temperaturas en las habitaciones de más de 34 grados durante las olas de calor, residentes abandonados en las Urgencias del hospital, fallos en la supervisión de la alimentación, pocas actividades terapéuticas para los usuarios más dependientes: las quejas en la residencia de mayores Arabarren, de Vitoria, se acumulan desde su apertura hace tres años. “No se les da una atención digna”, se lee en un documento que han elaborado 18 familias de usuarios del centro tras un encuentro para denunciar su situación.
El juicio al que había acudido, recuerdan algunos, no debió terminar bien. Se encaró con el juez. O el juez con él, quién sabe. Soy amigo de los jugadores del Barça, le soltó al magistrado. Pero nada. O más bien, peor. Su señoría decretó su ingreso involuntario en un psiquiátrico por un supuesto cuadro psicótico. “A Sant Boi”, proclamaron en la sala, refiriéndose a la legendaria institución para acoger, fundamentalmente, a la mitad de locos de Catalunya. Pero ni Cristóbal estaba loco, ni el juez se había enterado de nada.
Supongo que son los inconvenientes de haber visto demasiada televisión. No tiene demasiada lógica, pero ocurre así: cuando me encuentro en petit comité y la conversación deriva hacia la relación entre artistas y periodistas, me asalta un añejo estribillo de Torrebruno. Seguro que muchos lo recuerdan: “Tigres, leones, todos quieren ser los campeones”.
No debe ser fácil ser Britney Spears. Nunca ha debido serlo. Siempre hay una sonrisa en su cara, siempre parece tener ganas de bailar, siempre prevalece la dulzura, la impostada inocencia que la coronó en la música y en el universo pop hace más de 25 años. Pero ya no hay engaño. Se entrevé, al fondo, el dolor. Lejos de cerrarse, las grietas de la artista, de 44 años, son cada vez más visibles, por mucho que se esfuerce en sonreír y negar. Las dos últimas han sido evidentes, y con apenas unas semanas de diferencia. A principios de marzo, fue detenida por conducir con más alcohol en su organismo del permitido cerca de su casa de California. Apenas un mes después, la princesa del pop, ganadora del Grammy, con 150 millones de discos vendidos, ingresaba en una clínica de rehabilitación. Por su propio pie. Y sin decir una sola palabra. Las señales del dolor eran evidentes.
Juan Antonio Carbajo y Francis Pachá
Javier A. Fernández
Adolfo Domenech
Juan Mayordomo
Enrique Oñate, Alberto Gamero, Diego Martínez
Un día cualquiera en Londres a mediados de los noventa. George Michael (1963-2016) acude a un restaurante en compañía de la maquilladora Sali Hughes, hoy escritora y columnista de belleza en el diario The Guardian. Michael y Hughes tienen una breve conversación con la camarera que atiende su mesa, una joven que, según les explica, está haciendo horas extras para costearse los estudios de enfermería.
Para expandir su descomunal refinería cercana a Lagos (Nigeria), Aliko Dangote, el hombre más rico de África, firmó el pasado febrero un acuerdo con la empresa china XCMG. Esta enviará maquinaria pesada por valor de unos 340 millones de euros. Pronto llegará a Nigeria un ejército de grúas y excavadoras con el fin de acelerar el sueño de Dangote: que su particular joya de la corona procese en 2028 más crudo que ninguna otra refinería en el mundo. Las instalaciones, que empezaron a construirse en 2017 y a operar en enero de 2024, tomaron forma merced a un consorcio empresarial con CNCEC, también china, a la cabeza.
¿Os acordáis de ese cuento de Andersen? Un emperador pasea desnudo por las calles y todo el mundo aplaude su traje invisible porque nadie quiere ser el único que no lo ve. El miedo a parecer tonto es más fuerte que la evidencia delante de los ojos. El miedo a ser el primero, a las represalias… pero todo el mundo es consciente de que en realidad el emperador vive en la locura.