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“Entonces, ¿por dónde íbamos?”, dijo la estrella televisiva italiana Enzo Tortora cuando regresó de forma puntual a las pantallas en 1987, tras haber cumplido varios años de condena por un delito que no había cometido. Un trasunto de la frase atribuida a fray Luis de León, víctima de la Inquisición española, y a Miguel de Unamuno, exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, definió el calvario y la personalidad de un hombre que protagoniza Portobello, la miniserie de Marco Bellocchio que acaba de estrenar HBO Max.
Los tiempos —ya lejanos— del documental egotista me pillaron en la carrera. Gustaban mucho y ganaban muchos premios aquellos productos de Michael Moore en los que no importaba el tema a tratar, el protagonista era Michael Moore. Salió en 2004 el documental Super Size Me, donde el difunto Morgan Spurlock hacía el experimento de hacer tres comidas al día en el McDonald’s durante 30 días para demostrar que la comida rápida engorda. Por increíble que pueda parecer, un documental con semejante tesis ganó premios importantes y fue nominado a otros tantos, por no mencionar las ganancias de una película que había costado 65.000 dólares.
Hoy toca hablar de uno de esos juegos pequeños que no pueden más que alegrar al espíritu que se topa con ellos. Se trata de Cairn, un videojuego de escalada desarrollado por el estudio francés The Game Bakers que hace realidad el sueño que Kojima tenía en el primer Death Stranding de hacer de construir un juego en torno a la mecánica del movimiento: si en el del japonés era caminar cargando paquetes, en Cairn se trata de escalar una montaña inmensa (el monte Kami) con cuidado y muy poquito a poco.

En octubre de 2023, Ana Morales (Madrid, 43 años) publicó en Vogue una historia en primera persona que se titulaba “Llevo tres años vistiendo (casi) igual y así se ha aligerado mi carga mental”. En el reportaje, la directora de belleza de la edición española de la conocida revista femenina contaba y analizaba con la ayuda de varios psicólogos cómo su decisión de simplificar su forma de vestir le había reportado mucho bienestar. Morales afirmaba que, con la simple decisión de llenar su armario de vestidos negros y básicos a juego, había conseguido reducir su ansiedad y la sensación de cansancio. La pieza fue muy leída en internet y muy comentada en redes. También fue la génesis de Estado civil: cansada (Roca), una guía práctica para luchar contra el agotamiento. “El libro surgió en un momento en el que yo estaba muy agotada. Quería indagar en el cansancio femenino, en los motivos que hay detrás y en los posibles remedios”, explica la periodista.


Fran Marchena (Elche, 44 años) ha convertido una marca nacida en Elche en un fenómeno global. Fundador de Hoff en 2016 e hijo de zapatero, sus deportivas han calzado a personajes como Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, un momento que califica como “uno de los que más ilusión me ha hecho desde que tengo la marca”. El empresario encuentra en el golf y en los viajes su vía de desconexión, sueña con un año sabático sin destino y no esconde la admiración que siente por Amancio Ortega.
Hasta hace poco, cuando un guion indicaba “tienen sexo”, se lanzaba a los cuerpos a la improvisación. Los actores interpretaban lo que entendían que significaban esas palabras, o lo que marcaba el director. Sin preguntas, porque el cuerpo debía acatar “como un muñeco” los caprichos de la historia, cuentan Lucía Delgado y Tábata Cerezo (ambas madrileñas de 33 años). Conocen bien ese escenario por el que se deslizaba la posibilidad de una imprudencia y que, a menudo, despojaba a la historia de minutos de originalidad, dejando en su lugar la repetición de un fotograma que el público había visto mil veces. Lucía y Tábata son, además de coordinadoras de intimidad, actrices, y ellas mismas han interpretado escenas de desnudo.
“Eres el último chico que elegiría para convertirlo en una estrella de cine”. Se lo dijo a Steve Guttenberg (Brooklyn, 1958) un agente cuando tenía 17 años y acababa de llegar a Hollywood. “Olvídate de ser actor. No tienes la apariencia, no tienes el talento y tu nombre es ridículo”, le espetó. Lo cuenta en su autobiografía La biblia de Guttenberg (no podía titularse de otra manera). El agente no demostró tener mucho instinto. Una década después era una de las estrellas más taquilleras de Hollywood, encadenaba éxitos y era un rostro popular para todas las edades. Pero a principios de los noventa se tomó un descanso que coincidió con un cambio de dirección de Hollywood y se quedó fuera de juego. Nunca volvió a reencontrarse con el éxito.
Kochi, conocida hasta años recientes por el legendario nombre de Cochín y más que probable emplazamiento de Muziris —el floreciente puerto de la costa malabar en los primeros siglos de nuestra era—, es hoy la ciudad más fascinante del Estado indio de Kerala y una de las más atractivas para el viajero.
Enfrentarse a la conspiritualidad requiere admitir que esta construye un relato mucho más seductor que el que la mayoría de los expertos en salud pública logra articular. En una época dominada por las plataformas de streaming, los memes virales y los tuits incendiarios, la conspiritualidad funciona como una religión digital que entreteje misterios en el contexto de una narrativa cautivadora. Invita a sus seguidores a un viaje de búsqueda de sentido, marcado por rituales de despertar y un flujo constante de revelaciones. Ese recorrido comienza en un pasado idealizado, donde la existencia humana se vivía en armonía con la tierra y los ritmos naturales y donde la enfermedad se interpretaba como una prueba espiritual de purificación, ajena a la intervención de médicos, tecnócratas o banqueros.

Es habitual que los padres tengan la sensación de que sus hijos se portan peor con ellos que en el colegio o cuando están con otros familiares, o incluso con padres de amigos. Algo que parece confirmarse cuando se les recoge de un cumpleaños o de pasar un fin de semana fuera y los adultos responsables informan de lo bien que se han portado, han comido o su buena disposición para recoger la mesa o la cocina; algo que en casa equivale a un buen rato de lucha. Una situación que se contempla y corrobora hasta en el refranero popular (a menudo pasado de moda) con este dicho: “A la madre, lo peor; al extraño, lo mejor”.
