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Hay una lógica que el sociólogo Loïc Wacquant lleva décadas documentando en las sociedades occidentales: cuando el Estado reduce su capacidad de protección social, tiende a compensarlo con una mayor presencia policial y punitiva. No es una conspiración, sino una inercia de penalización de la pobreza. Ante el desorden visible que ésta produce, la respuesta más rápida y fácil de comunicar es siempre la del orden. La respuesta más lenta, más cara y difícil de articular es la que ataca las causas y no solo los síntomas.
Son las 12.30 de un domingo y los pasillos de la academia de flamenco Amor de Dios, en pleno centro de Madrid, se parecen bastante a esas hileras nerviosas donde las hormigas se cruzan a lo loco sin chocarse nunca. Siempre hay gente en Amor de Dios, pero hoy huele a muchedumbre y un poco también a fervor. Imparte clase Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito para los amigos… del duende. O lo que es igual, el bailaor que muchos de los que saben de esto sitúan en la estirpe de los dioses del zapato veloz: Faíco, Farruco, Gades y él. Y eso, a pesar de que el interesado se encarga de rebajar la épica en torno a su nombre: “Yo nunca he sentido o he creído que haya estado dotado para bailar. Dudé muchísimas veces en el camino de si lo hacía bien o no, y sigo dudando. Cada día me levanto como si fuera un principiante, y creo que es algo sano, porque he conocido a otros compañeros a los que les ha jugado malas pasadas el hecho de pensar que ya habían llegado a la cima. Creo que me aburriría y me hartaría de llorar si un día sintiera que ya ha llegado. Ese día me quitaría de bailar por respeto a mí mismo y al público, sobre todo”.
Galicia tiene un legado textil preindustrial en torno al lino que no todo el mundo conoce, ni siquiera gallegos que generacionalmente están bastante cerca. A su prestigio actual en el ámbito de la moda, le precede un pasado en el que durante siglos, y hasta algo más de la mitad del XX, existió una producción doméstica para autoconsumo llevada a cabo por mujeres en el medio rural, en la que unas se encargaban de sembrar el lino, procesarlo e hilarlo para que otras pudieran tejer ropa de vestir o de hogar, algunas de ellas piezas con un alto valor artístico y creativo.
Si usas tu móvil desde hace unos años, probablemente te haya pasado en más de una ocasión: aparece un aviso diciendo que el almacenamiento está lleno. Fotos, vídeos, copias de seguridad de WhatsApp o archivos del trabajo terminan saturando rápidamente el espacio gratuito de servicios como Google Drive o iCloud. En ese momento llega la pregunta inevitable: ¿merece la pena pagar por almacenamiento en la nube?
Durante dos largos minutos de su inicio, ¿A qué estás esperando? (la serie que Antena 3 estrenó este jueves en abierto) muestra múltiples escenas de sexo, cuerpos desnudos, sudor, felaciones, posturas… Todo parecía que iba a ser muy tórrido, aunque si el espectador se hubiera enganchado a este primer episodio en cualquier otro momento pensaría que estaba ante una comedia romántica clásica (con niños graciosos incluidos) que habría encajado bien en la televisión más costumbrista de hace décadas o como una santurrona serie turca o coreana. Como si mezclaras Médico de familia con 50 sombras de Grey.

“¡Que se joda el patriarcado!”, gritan al unísono cientos de personas, a las que Mona Eltahawy ha puesto en pie y arengado en la iglesia de San Francesco al Prato de la ciudad italiana de Perugia. La escritora y periodista feminista de origen egipcio, asentada en Nueva York está enfadada. Clama en el desierto desde hace años sobre el daño que el autoritarismo de Donald Trump infligiría a las mujeres y sus advertencias se han cumplido. “Cuando Trump le dice a una periodista “cállate, cerdita”, da luz verde a los misóginos de todo el mundo para que silencien a las periodistas“, sostiene.
En muchos países, una de las decisiones que deben tomar las personas que acaban de convertirse en madres o padres es la de qué apellido o apellidos tendrá la criatura. En España, hasta 1999 solo había un orden posible cuando había padre conocido: el primer apellido era el del padre y el segundo el de la madre. El primer cambio fue permitir un orden diferente, aunque la opción por defecto sería la tradicional. Desde 2017, ya no hay un orden por defecto, hay que elegir. Aun así, en 2025 tan solo el 6 % de los recién nacidos llevaron el apellido de la madre primero, según datos proporcionados por el Ministerio de Justicia. “Yo sospecho que muchísima gente no es consciente de que esto se puede hacer”, señala Livia García Faroldi, profesora titular de Sociología en la Universidad de Málaga, como principal razón detrás de ese porcentaje tan bajo casi diez años después de la entrada en vigor de la norma (y más de cuarto siglo después de la introducción de la posibilidad de elección).

¿Hay un límite a las recetas de alcachofas? Esperamos que no. La alcachofa lo tiene todo: es de temporada, tiene un sabor muy especial, dulce y amarga a la vez, y se presta a casi todo. Hervida, asada, frita, entera o triturada, nos gusta en todas sus formas. En esta casa amamos a la alcachofa, y aquí queremos hacer justicia a una de las preparaciones más clásicas, las alcachofas a la montillana.