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Corría el año 1485 cuando, en el campo de batalla de Bosworth, en Inglaterra, los ejércitos de Enrique Tudor, conde de Richmond, intentaron derrocar al rey Ricardo III. Este último —un hombre capaz de desatar tormentas de sangre y que Shakespeare convertiría en el gran arquetipo de la villanía— convocó a sus tropas y pidió su mejor caballo. Según la tradición popular, su herrero se quedó sin materia prima y no pudo fabricar suficientes clavos para asegurar todas las piezas del atalaje. El forjador hizo lo que pudo: fijó el cuarto herraje con la mayor firmeza posible, con la esperanza de que resistiera. Así, el rey Ricardo III se lanzó a la guerra. En medio de la batalla, el monarca vio un punto débil en la línea enemiga y rápidamente giró al animal. Durante el movimiento, la herradura se soltó, el caballo tropezó, Ricardo cayó al suelo, perdió el casco y murió abatido. Tiempo después circuló un proverbio que resumía la escena: “Por un clavo se perdió una herradura; por una herradura, un caballo; por un caballo, un caballero; por un caballero, un campo; por un campo, todo un reino”.
La seguridad de los minerales críticos ha sido el gran talón de Aquiles de Occidente. Gracelin Baskaran, directora del Programa de Seguridad de Minerales Críticos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), indica que, a principios del siglo XX, el poder militar e industrial de las grandes potencias dejó de depender de la producción nacional para sostenerse sobre una red global de dependencia y colonialismo. El Reino Unido, Francia y Alemania comprendieron que el rearme no era posible sin los recursos de ultramar. Mientras Londres succionaba manganeso de la India y cromo de Rodesia, Berlín compensaba su escasez geológica mediante la compra agresiva de minas extranjeras y de deuda de países ricos en recursos. Esta competencia feroz se extendió incluso a sectores entonces exóticos como el de las tierras raras, donde el control austro-alemán de la monacita en Brasil y la India logró expulsar a EE UU del mercado durante medio siglo.
La víspera de la Primera Guerra Mundial intensificó esta presión hasta niveles críticos, explica la experta en un informe. El estallido del conflicto en 1914 desnudó la fragilidad de las cadenas de suministro, especialmente para EE UU. A pesar de su inmensa riqueza natural en carbón y hierro, el país descubrió que carecía de reservas estratégicas y de una coordinación efectiva para la movilización bélica.
Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, EE UU desplegó una diplomacia minera agresiva para blindar su suministro. En el suelo latinoamericano, inspeccionaron 440 depósitos y detectaron nuevos recursos de tungsteno, tantalita y otros elementos en México, Brasil y Perú. Simultáneamente, en África, Washington financió al Congo Belga para industrializar y forzar la extracción de cobre y cobalto, mientras que en 1943 los norteamericanos levantaron una planta moderna de níquel en Cuba. El ocaso del conflicto trajo el desplome de los imperios europeos; las jóvenes naciones de África y Asia usaron su riqueza mineral como motor económico, justo cuando la Guerra Fría convertía esos yacimientos en enclaves críticos de combate geopolítico. Los minerales ahora funcionan como activos de diplomacia y coacción, superando su papel de simples mercancías.

Andreu Buenafuente está de vuelta. Tras tres meses de baja médica, el cómico y presentador ha vuelto al trabajo este sábado en su programa de improvisación junto a Berto Romero de la Cadena Ser, Nadie sabe nada: “Esto ha sido como morirte en vida, es como asistir a tu funeral estando vivo, por las gracias y por el cariño. Cada muestra la he recibido como agua de mayo. Y sería un cretino —que no lo descarto—, pero lo sería si no dijera ahora que muchísimas gracias a todo el mundo", dijo antes de responder de manera escueta que estaba “mejor”.
España cierra su participación en los Juegos de invierno de Milán-Cortina con tres medallas, todas de la mano del esquí de montaña, la mejor cosecha en las nueve décadas de historia olímpica. Con todo, el bronce logrado este sábado en el relevo mixto por Ana Alonso y Oriol Cardona, ambos de 31 años, casi supo a poco. La pareja, subcampeona del mundo, soñó con el oro y acabó pidiendo la hora asustada por la sanción de tres segundos impuesta a Ana Alonso por rebasar el límite fijado balizado para realizar su última transición. Se llegó a temer incluso la eliminación del combinado español mientras las cámaras recogían el tremendo disgusto de la granadina y el llanto de Cardona. No fue así. El skimo es una disciplina tan joven que sus normas y sus sanciones en carrera, en su estreno olímpico, no están claras ni siquiera para los competidores.
Hay situaciones en la vida que te dejan hecha polvo. Condenas que aparecen de la nada y que cambian el horizonte de muchas vidas para siempre, añadiendo una sombra a cada futuro que podamos imaginar. La instalación de Greenfiber (Altri y Smarttia) en el corazón de Galicia, en nuestra tierra, era una de esas condenas. Cadena perpetua. Muerte lenta por cámara de gas a una forma de vivir preciosa que dábamos por sentado.
El pasado domingo, en Ibiza, un hombre de 34 años con una orden de alejamiento y una pulsera antimaltratadores entró en la casa de su expareja y comenzó a golpearla una y otra vez. Los primeros en llegar a esa vivienda en Sant Antoni fueron la madre, la hermana y el padre de ella, a los que el agresor también golpeó. Él fue detenido poco después por agentes de la Guardia Civil, los familiares fueron atendidos por contusiones, y ella, de 31 años, entró en la UCI, primero a la del Hospital Can Misses, en estado crítico, con diversos traumatismos y heridas, y después a la de la Policlínica Nuestra Señora del Rosario, donde lleva toda la semana bajo estricta vigilancia médica, aún en esa unidad de cuidados intensivos. La investigación determinará qué sucedió con el dispositivo de alejamiento: si falló o no. Igualdad, por el momento, afirma que funcionó correctamente. Pero señala un problema de base, la distancia impuesta en esa orden de alejamiento, que es la que marca la distancia a la que salta la pulsera: 100 metros.

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de casi 50 años de cárcel a un joven que retuvo durante 35 días a su pareja, que entonces tenía 16, y la sometió a toda clase de agresiones sexuales, físicas y psíquicas. El acusado, de 19 años entonces, alegó drogodependencia y abuso del alcohol para recurrir la pena, pero el alto tribunal descarta ambas circunstancias y confirma la condena por siete delitos: asesinato en grado de tentativa, detención ilegal, agresión sexual continuada, malos tratos físicos y psíquicos habituales, delito contra la integridad moral, lesiones en el ámbito de la violencia de género con instrumento peligroso y amenazas continuadas.

La exalcaldesa de Madrid Ana Botella (PP) inauguró por todo lo alto en noviembre de 2014 el polideportivo público de Vallehermoso, el primero del distrito de Chamberí, la zona de Madrid con menos instalaciones públicas. “Vallehermoso, un centro de deporte para todos”, tituló el Ayuntamiento una de las notas de prensa para promocionarlo. Es de titularidad municipal, pero lo lleva desde hace 12 años la empresa Go Fit, un modelo público-privado que ha ido ganando terreno en la capital y con el que, en teoría, deben mantenerse las mismas condiciones ―precio, acceso, descuentos― que en los de gestión pública. Por ejemplo, los mayores de 65 años pagan 14,25 euros al mes, en vez de los casi 50 de la tarifa normal. El problema en Vallehermoso es que cuando los vecinos cumplen los 65 y piden la reducción en el abono, les dicen que deben entrar en una lista de espera y que ya les avisarán. Hasta entonces, si quieren conservar su plaza, tienen que pagar el precio estándar. En la puerta del polideportivo hay un cartel con la fecha en la que se apuntaron las personas a las que están llamando ahora para concederles una plaza. Para un abono estándar, están contactando con quienes se inscribieron en verano de 2025. Para el de mayores, han empezado a llamar a los que se apuntaron hace 12 años, antes incluso de que abriera el centro.


