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El invierno se acerca. El ciudadano de a pie rara vez recuerda el célebre aviso de Juego de tronos cuando la primavera está recién llegada, pero el sector del gas no puede permitirse ese lujo. Las empresas energéticas europeas han comenzado a almacenar el gas natural que llega a los puertos durante la primavera para tenerlo disponible en la temporada fría. Esta vez, Europa corre para llenar sus reservas en medio de una tormenta perfecta que se gesta a miles de kilómetros, con la guerra en Irán y el cierre del paso del golfo Pérsico, desde donde procede casi el 5% de todo el gas consumido por el continente.
La tragedia de los desaparecidos en México ha dejado hace mucho de ser una emergencia coyuntural para convertirse en una herida estructural del país. Más de 132.000 personas siguen sin ser localizadas, según el último informe presentado por el Gobierno federal, una cifra que por sí sola retrata el fracaso acumulado de décadas de violencia, impunidad, corrupción y abandono de las víctimas.
Los titulares del domingo tras las elecciones andaluzas se centrarán en las tres incógnitas de las encuestas: si Juanma Moreno mantiene su mayoría absoluta, si el PSOE acaba en la UCI o con traumatismos leves y si Vox toca techo (de momento). Pero hay una letra pequeña que nunca había sido tan pequeña e ilegible: ¿qué pasa con Antonio Maíllo y la unidad de la izquierda?
El reciente nombramiento de Marie-Louise Eta al frente del Union Berlín, de la primera división alemana, no es una simple noticia deportiva: nos recuerda que el talento femenino sigue necesitando romper barreras. Campeona de Europa como jugadora con su club y su selección, Eta llega a dirigir en una liga europea tras una trayectoria impecable. Pero su caso evidencia la ausencia de mujeres entrenadoras, incluso en el fútbol femenino, donde ellas siguen siendo minoría. Deberíamos preguntarnos: ¿por qué siguen siendo una excepción? Y exigir al mundo del fútbol, tan dado a hablar de meritocracia, que empiece, de una vez, a aplicar su propio discurso.
La locución “buen provecho” atrae ciertas connotaciones sonoras. El Diccionario del Español Actual (1999), que dirigió el académico Manuel Seco, le otorga al mencionado sustantivo entre sus significados la equivalencia de “eructo”, como uso coloquial y “normalmente referido a niños”, con la variante “provechito”. En el María Moliner no figura nada sobre este particular asunto gástrico. O gásico. Y, por su parte, el Diccionario de las academias define “provecho” en la cuarta acepción como “eructo de un lactante”, pero lo circunscribe al español de Argentina y Uruguay. Sin embargo, desde mi infancia burgalesa yo también asocio el término con el regoldar de los infantes, y hasta el de los adultos que lo lanzan sin voluntad, para su propia sorpresa.
La victoria de la ultraderecha de Giorgia Meloni en Italia en 2022 significó la llegada al poder de un grupo político que siempre había estado alejado de él, incluso marginado en la vida pública. Por eso lo vivieron con euforia como la hora de una revancha histórica con un objetivo ambicioso: derribar la teórica hegemonía cultural de la izquierda e instaurar y reivindicar una propia. Comenzó entonces una guerra cultural en toda regla, en busca del patriotismo, la tradición y los valores conservadores, basada en la colonización de las instituciones con personas afines ideológicamente. Casi cuatro años después se puede constatar su fracaso, señalado incluso por autores respetados del mundo conservador. “Solo vagos anuncios, mucho humo, un poco de retórica de mitin y alguna hipocresía”, denunció el pasado mes de diciembre en un sonado artículo el filósofo conservador Marcello Veneziani, referencia cultural de la derecha.
Esteban Fernández encarnà un personatge a la recerca de guionista. Argentí d’origen, representava la Mercedes Benz a Catalunya als anys trenta. I de seguida s’incardinà en la clientela, la burgesia catalana, sobretot barcelonina. Intrèpid, capriciós i exquisit, tenia la fal·lera de pilotar. El 1933 es va fer construïr a la Garriga una elegant casa d’estiueig racionalista: amb hangar per a la seva avioneta, encara existent. I va fer condicionar un aeròdrom familiar, a la finca de Can Rosanes. Amb la guerra va ser clau per a l’aviació republicana, així que els bombarders italians s’hi van dedicar a tort i a dret.
En el tercer episodio de Yo siempre a veces, la serie creada por Marta Bassols y Marta Loza, Laura, la protagonista, les pide a sus amigas que, aunque hayan organizado una fiesta, no consuman drogas ni se emborrachen en la casa donde conviven con su bebé. Cuando algunas incumplen, Laura se enfada y siente que ella misma ya nunca más será capaz de disfrutar así de esos excesos. En este caso, las circunstancias y la mirada de Laura han cambiado debido a su reciente maternidad. Pero a veces la situación personal varía por el efecto negativo de algunos consumos: los problemas familiares, sentimentales o laborales o las alteraciones de salud, además de unas resacas cada vez más largas, son las consecuencias de una vida nocturna demasiado intensa, y quien las padece siempre se plantea bajar el ritmo.
La estadounidense Caro Claire Burke ha debutado a lo grande con su novela Yesteryear (AdN), protagonizada por una tradwife famosa en internet. Como todas las influencers ultraconservadoras, vende una imagen idílica de un pasado que no existió, algo que descubre cuando un día se despierta en 1885. El libro es mordaz y adictivo y con él la autora ha logrado ganar tanto o más dinero que aquellas a las que retrata a través de Natalie, su antiheroína. La venta de los derechos de publicación alcanzó siete cifras en la puja entre editoriales y ya está en proceso de adaptación al cine con Anne Hathaway como Natalie, el personaje principal. Más allá de cualquier crítica literaria, ya es uno de los títulos del año.