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Un dato inesperado de la filósofa Seyla Benhabib (Estambul, 1950), galardonada en diciembre con el prestigioso premio alemán Hannah Arendt de pensamiento político: forma parte de la diáspora zamorana. Como explica en el libro Dignity in Adversity (dignidad en la adversidad, sin publicar al español), su “ancestro más antiguo conocido” se llamaba Jacob Ibn Habib, rabino de Zamora durante la segunda mitad del siglo XV. Ibn Habib nació y vivió en esta ciudad castellana hasta que el edicto de expulsión de los judíos de 1492 lo obligó a exiliarse, primero a Portugal y después a Salónica, donde pudo establecerse y llevar a cabo su reconocida obra de recopilación talmúdica Ein Yaakov. Siglos más tarde, los descendientes de Ibn Habib se vieron obligados a exiliarse nuevamente. Esta vez, cuenta Benhabib, encontraron refugio, “como miles en aquel periodo,” en el Imperio Otomano.
En el restaurante de la Hospedería Real (Carretera Factoría, Las Mestas) es un día de semana tranquilo. Es temporada baja y apenas hay turistas. Anastasio Marcos, El Tío Picho para los vecinos, es uno de los grandes productores de miel de la zona y todo un personaje local. Ataviado con un jersey de lana de pico y su mítico sombrero de ala, comenta con otros dos oriundos un atropello en Sevilla; sin saber cómo, la conversación deriva hacia la eutanasia y, a partir de ahí, enlazan un sinfín de temas rocambolescos.
Sarah Nyirongo estaba sola de guardia a las dos de la madrugada en una clínica de Lusaka cuando una mujer llegó con contracciones, a punto de dar a luz. El bebé venía atravesado en el útero. “Llamé a una ambulancia porque necesitaba ir a un hospital para que le practicaran una cesárea, pero no aparecía por ninguna parte, así que tuve que hacer una versión cefálica externa para intentar girarlo… y lo saqué”, relata Nyirongo, presidenta de la Asociación de Matronas de Zambia, en una entrevista por videollamada con este diario.

En enero de 2026 todo el que cree ser alguien en Madrid está en una lista de espera para ser admitido en un club privado. El proceso de ser examinado para superar (o no) una criba más o menos clasista ha ganado atractivo en una ciudad que se ha llenado de expatriados y exiliados de alta gama a quienes les sobra el dinero pero les faltan contactos locales.
El autorretrato constituye, en la historia de la pintura, una práctica fascinante: el pintor se utiliza a sí mismo como modelo y se observa atentamente. ¿Con qué objeto? Imposible dar una respuesta sencilla a este recurso que puede cumplir funciones de lo más variadas. Desde el deseo de fijar un hic et nunc, un aquí y ahora del artista en plena potencia de sus facultades (un bellísimo Durero en torno a los 28 años) hasta la obsesión de Rembrandt por reparar en su rostro las sacudidas del tiempo a lo largo de su vida. O bien pensemos en Frida Kahlo presentando las heridas del cuerpo como baluarte de un sufrimiento escondido que se desea hacer público. O bien mostrar el propio rostro como un muñón del ser irreconocible, como hizo Francis Bacon. Sin olvidarnos del autorretrato como entrenamiento, como ejercicio de taller que permite el libre aprendizaje del cuerpo humano

Siempre ha funcionado el síndrome del espejo. La búsqueda de modelos en los que inspirarse es una constante en el catalanismo. Es larga la lista de modelos, mimetizados con resultados desiguales. Al final, todos se remiten a uno solo, de improbable encaje en nuestro caso, como es la implosión de un imperio, normalmente como resultado de una guerra, caliente como las dos grandes guerras europeas, o fría, como la que terminó con la desaparición de la Unión Soviética.
Durante las últimas navidades, los ojos ajenos captaron en la Real Sociedad Club de Campo de El Palmar una escena que, por más que fuera ya conocida, ofrecía pistas. En las imágenes, Samuel López, el nuevo técnico de Carlos Alcaraz, suspendía una canasta a unos tres metros de altura para que el jugador —clasificado para los cuartos de final del Open de Australia, después de batir a Tommy Paul por 7-6(6), 6-4 y 7-5, en 2h 45— ensayase la postura del lanzamiento de la pelota. Es decir, el técnico y el número uno estaban urdiendo algo, y ese algo se ha materializado estos días en Melbourne, campo de experimentación.
Cabe recordar que Djokovic decidió buscar un nuevo patrón en el servicio a raíz de la lesión en el codo que le obligó a pasar por el quirófano en enero de 2018. A partir de ahí, el serbio apostó por una ejecución lo más relajada posible.
En la recta final de su carrera, Rafael Nadal (1,85) también innovó en busca de mejores resultados y de preservar lo máximo posible su físico. Concretamente, el mallorquín redujo el salto y fabricó un golpeo más directo, menos liftado.
Ahora se renueva el joven Alcaraz (1,83), quien intenta aprovechar todos los recursos disponibles en busca exprimir todo su potencial. Sin ir más lejos, este domingo saltó a la pista con un brazalete que mide rendimientos, pero la jueza se lo prohibió, siguiendo las reglas, según adelantó el diario AS.
El reglamento especifica que en el transcurso de la competición no pueden utilizarse dispositivos tecnológicos y personales que transmitan información a los componentes de su banquillo.
“Son reglas del torneo, de la ATP, la ITF… No se puede jugar con ella. Son cosas que te ayudan a cuidarte más, a controlar mejor el descanso, los entrenamientos, la carga física… Pero bueno, no he podido jugar con ella, pero no pasa nada. Se quita y a funcionar”, quiso rebajar.
Por otra parte, el estadounidense Learner Tien volvió a eliminar (6-4, 6- y 6-3) al ruso Daniil Medvedev, como hace un año, y en el cuadro femenino, Elina Svitolina apartó del camino a la rusa Mirra Andreeva (6-2 y 6-4).
Hay una frase que el imaginario colectivo ha adjudicado a una de las figuras más importantes de la historia de Francia, Napoléon Bonaparte, que ha servido de premonición del mundo del automóvil actual: “China es un gigante dormido. Dejadlo dormir, porque cuando despierte, el mundo se sacudirá”. Hace décadas, cuando dormía, China brindó a las marcas de coches europeas, sobre todo alemanas, un territorio virgen en el que expandirse con rapidez ante la falta de competencia. Ganaron dinero a espuertas, pero el Estado chino puso una condición que con el paso del tiempo fue la semilla de la que germinó el cambio de tornas actual: todo aquel que quisiera vender coches en China, tenía que fabricarlos allí de la mano de un socio local.

La cocina vegetariana no tiene nada de nuevo: aunque la industria alimentaria ofrezca actualmente cientos de soluciones para veganizar nuestras comidas –desde quesos a calamares, pasando por bacon– llevamos prescindiendo de la carne y el pescado desde hace cientos de años. De hecho, lo de comer proteína animal en casi todas las comidas es algo muy nuevo.


