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Hay festivales que nunca se olvidan por un concierto, por una canción, por los acompañantes, por el ambiente... Al Festival Internacional de Benicàssim (FIB), que se celebró entre los días 16 y 18 del pasado julio, muchos festivaleros lo recordarán para siempre por las nuevas amistades que fraguaron. Durante los tres días de celebración, los asistentes descubrieron la Heineken® House, la casa más famosa –con permiso del puertorriqueño Bad Bunny– del panorama musical español este verano. Bajo el lema Donde hay fans, hay más amigos, cualquiera pudo disfrutar de una serie de actividades diseñadas a medidas para los amantes de la música y la cerveza.
Con el pañuelo palestino en los hombros, Miguel Ríos respondió a los gritos de un asistente que lo criticaba durante su concierto en Marbella por hacer “politiqueo”: “¿Cómo voy a callarme? ¿Cómo no voy a hablar de política?”. Sus palabras fueron aplaudidas por el resto del público en el festival Starlite Occident con una ovación. De esta manera, el cantante granadino de 82 años reapareció sobre los escenarios la noche del sábado apenas unas semanas después del accidente que le obligó a cancelar varios conciertos de su gira El último vals.
El pasado 22 de junio saltaba la noticia de que Olivia Rodrigo había organizado el Daisy Chain Fields, un festival con un cartel exclusivamente femenino que incluye a nombres actuales como Chappell Roan y Mitski y a figuras de generaciones anteriores tan históricamente influyentes como Bikini Kill, The Breeders o Stevie Nicks. Aunque, probablemente, la figura simbólicamente más relevante en la programación sea la cantautora de folk Sarah McLachlan. Puede que su nombre no sea muy popular, aunque ella sí lo es en su país, Canadá. Ha vendido 40 millones de discos y tiene tres premios Grammy pero, sobre todo, su figura es más notoria por haber sido la creadora del festival Lilith Fair en 1996, y la inspiración principal para que Rodrigo idease el Daisy Chain, según ella ha afirmado en varias entrevistas. “La primera persona a la que llamé cuando decidí que quería hacer esto fue Sarah McLachlan. Es una auténtica pionera, una artista increíble y una amiga, y de hecho va a cantar conmigo en el festival, lo cual es muy emocionante y un gran honor para mí”, declaró en una entrevista televisiva en la cadena ABC.
Fue en “un periodo de lesiones”, de noches con insomnio y días sin pisar el campo, cuando Ansu Fati comenzó a escribir. La música se convirtió en “una vía de escape” para que el joven futbolista, que actualmente milita en el AS Mónaco tras ser traspasado desde el FC Barcelona, “pudiera expresar, de alguna manera, la frustración que sentía en ese momento”. Pero guardó la letra en un cajón porque “primero va el fútbol, después todo lo demás”. No podía ser de otra manera para quien irrumpió como adolescente en el Barcelona batiendo récords y que luego, tras la salida de Messi en 2019, recibió el dorsal 10 en un club que por entonces buscaba un nuevo ídolo. Casi un año después de escribirla, Fati (Guinea-Bisáu, 23 años), este pasado junio ha lanzado aquella canción: Sea como sea, un tema que ha acumulado más de un millón de reproducciones en su primer mes en plataformas digitales.
El grito de Aisha El Bannoudi suena desesperado. Sufre un dolor inhumano. “Alguien ha echado fuego encima de mí”, chilla a la operadora. La acaban de rociar con un líquido inflamable y la mitad de su cuerpo ha ardido. La mujer de 30 años ha perdido el conocimiento pero, no se sabe muy bien cómo, lo recobra y logra llamar a emergencias y a su suegro. Habla de dos sombras negras que estaban en su casa y que la han atacado mientras su bebé de siete meses duerme en la cuna. Ocurrió en Sevilla la Nueva (Madrid) el 2 de febrero. En los cinco meses sucesivos la someterán a medio centenar de intervenciones.


“Mira, esos dos edificios eran de negreros”, indica a vuelapluma el historiador Martín Rodrigo Alharilla (57 años, Sabadell) mientras pasea por la zona del puerto de Barcelona. Prosigue la ruta por la Rambla y señala un bajorrelieve en el que se aprecian cadenas, sogas, cañas de azúcar y una chimenea. El edificio que lo luce en el frontispicio es la sede del Departamento de Cultura de la Generalitat. “Se construyó a finales del siglo XVIII y después lo compró Tomás Ribalta i Serra, un indiano (español emigrado a América) con negocios en Cuba y que probablemente tenía una factoría negrera en la actual Nigeria. Un hombre tremendamente rico que aquí se dedicó a vivir de rentas”, ilustra el profesor, que documentó la exposición La infamia, la participación catalana en la esclavitud colonial, que se pudo visitar en el Museo Marítimo de la ciudad y que ahora está alojada en internet para su consulta.
Vuelven los aranceles, vuelve a calentarse la guerra de Irán, aumenta el riesgo de inflación y persiste una intensa incertidumbre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha subido a la economía global a una montaña rusa de giros violentos y, en poco más de tres semanas, el mundo ha pasado de pensar en una normalización del mercado del crudo a temer los cuellos de botella. El ataque por parte de los hutíes (aliados de Teherán) a los petroleros saudíes en el Mar Rojo significa poner en jaque la vía de exportación alternativa a Ormuz y el precio por barril de brent superó los 100 dólares, lo que implica un encarecimiento acumulado del 40%. La guerra comercial, contenida en buena parte por los tribunales estadounidenses, estrena capítulo con otro decreto de Washington y el Banco Central Europeo ya ha advertido de que el escenario optimista planteado en junio, con descensos del coste de la energía, se antoja “bastante improbable”.
El presidente de los rectores, Julián Garde, ha alertado recientemente de que las universidades españolas se enfrentan a una “mezcla explosiva”. Un mercado del alquiler enloquecido, becas de estudio que no llegan a todos los que las necesitan, un número creciente de alumnos nacionales y extranjeros... Una combinación de factores que impide a muchas familias costear los estudios de sus hijos o las obliga a endeudarse. El Gobierno presentará en el Consejo de Ministros, previsiblemente este martes, una medida para abordar el problema y que va a impulsar que entre seis y 10 universidades públicas construyan, con la cofinanciación del Estado, alojamientos para estudiantes e investigadores de paso. No son residencias, sino habitaciones con zonas comunes y con precios asequibles. El proyecto, fraguado entre tres ministerios desde 2024, se articula a través de un decreto de ayudas directas dotado con 45 millones de euros.

Teresa Ribera (Madrid, 57 años) se pasa buena parte de la entrevista abanicándose ante una nueva jornada del verano en el que Europa toma conciencia de la crisis climática a golpetazos de calor y llamas. El que blande la vicepresidenta europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva no es un abanico cualquiera. Viene de sus tiempos de ministra de Pedro Sánchez. Y tiene impreso el célebre código de barras que ideó Ed Hawkins para mostrar la evolución anual del calentamiento. Nosotros, la humanidad, estamos ahora en los tonos rojos, es decir, en temperaturas récord. Esto significa combustible para las olas de calor, muertes prematuras, fuegos incontrolables... La entrevista fue hecha a principios de la pasada semana en San Sebastián, donde Ribera participó en un curso de verano de la Universidad del País Vasco, y se ha actualizado telefónicamente este domingo ante la magnitud de los incendios en España y Francia.
