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Empieza el buen tiempo, los días se alargan, apetece salir más y, casi sin darte cuenta, tomas una decisión: “Voy a empezar a hacer ejercicio”. Te marcas un objetivo. Quizá caminar 10.000 pasos al día, ir al gimnasio tres veces por semana o salir a correr. Los primeros días todo va bien, incluso sientes orgullo, pero pasan las semanas y algo cambia: un día fallas, luego otro, y, sin darte cuenta, abandonas. Si te identificas con esta historia, no eres la única persona. Es una historia extraordinariamente común que nos lleva inevitablemente a una pregunta incómoda: ¿Qué ha fallado?

Durante los 41 minutos que la tripulación de Artemis 2 se escondió detrás de la Luna, el mundo entero contuvo el aliento. Después del lanzamiento, se trataba del siguiente momento más delicado de toda la misión. En la cara oculta del satélite, expuestos al vacío y a la radiación solar, incomunicados y sin posibilidad de ayuda, la vida de las cuatro personas que más lejos han estado de la Tierra dependía de la precisión quirúrgica de unos cálculos que ya no podían corregirse. Durante esos minutos estaban solos en el universo. Es difícil imaginar la carga dramática, la emoción e incluso el vértigo que el equipo de la NASA sintió al oír la voz de Christina Koch en sus receptores de radio: “Es maravilloso volver a escuchar a la Tierra”. Estaban ante la hazaña más reciente de la humanidad.




Un grupo de editoras se reúne cada martes —ordenador en mano— para corregir una zona ciega del conocimiento digital: la ausencia y el sesgo con el que se cuenta la historia de las mujeres en Wikipedia, la plataforma cofundada hace 25 años por los estadounidenses Jimmy Wales y Larry Sanger, en una era de internet que hoy parece remota.
Gabriel Weston (Londres, 55 años) vive en una casa del barrio londinense de Lambeth. Idéntica a las vecinas por fuera, por dentro es una explosión de color. En la buhardilla hay una cama junto a su mesa de trabajo. “Es empezar a escribir y entrarme sueño”, explica. Advierte de que sus gemelas de 12 años llegarán en cualquier momento. Está inquieta. El colegio, público, ha alertado de una posible reyerta entre bandas. “Una es muy curiosa y querrá quedarse a mirar”, dice. Habla con entusiasmo y sin pausa. Ofrece té.
Miguel Poveda (Barcelona, 53 años) asegura que la historia de su obsesión por Federico García Lorca está llena de casualidades. Fue por azar como encontró la clave para la portada del primer disco que le dedicó –un libro se abrió exactamente por la página donde estaban los dibujos que le sirvieron de inspiración–, y también por casualidad se topó un día con la casa de Granada donde había transcurrido la primera adolescencia del poeta, que hoy se ha transformado en la Casa Cultural Federico en Granada.
El agua cae a plomo, con rabia. Parece que disfruta con el vuelo hasta su aterrizaje en el llamado Charco de la Virgen, una poza cristalina y singular, tímida, escondida entre sombras y colinas. La cascada que llena esta piscina natural tiene casi 20 metros de altura y, es, sin embargo, la hermana pequeña de otra situada a pocos minutos sendero arriba. Se llama La Rejía y está formada por tres saltos que suman algo más de 100 metros de caída. Rodeada de un manto verde, con la humedad flotando en el ambiente entre helechos y orquídeas, es toda una proeza que parece sacada de un país tropical. Pero esto no es Costa Rica, es un enclave mediterráneo al que se accede con una sencilla caminata desde Tolox.

“Yo haciendo series para que vos te enganches con las frutas infieles”, publica Netflix Argentina en sus redes sociales. Si pillo el chiste desde España es porque las frutinovelas son un fenómeno global que ha conquistado internet en apenas unos meses. Se trata de breves vídeos de una ficción viral producida con inteligencia artificial, de bajísima calidad y un éxito sin precedentes. Es imposible enfrentarse a la primera dosis de frutas infieles sin sonreír. Lo difícil es saber, dentro del chiste, si los humanos nos reímos de este producto de la IA o si es la IA quien se ha empezado a reír de nosotros.

Del I+D se encargó el departamento de ‘dulces bastos’ de Extremadura, esos clásicos elaborados a partir de manteca de cerdo durante siglos. La abuela Dolores ejerció como embajadora de marca de manera vitalicia, reuniendo a amigos y familia alrededor de mesas en las que servía ésta y otras viandas tradicionales. Ahora, Abel Castaño la ha versionado hasta convertirla en una delicatessen que se ha llevado el Premio Dulcypas a la Mejor Pasta de Té Artesana de España 2026. Es así como la perrunilla extremeña ha pasado de princesa del pueblo, a reina de la repostería en España.


